Fugaz, aunque estimulante, la presencia de Pablo Helguera (artista mexicano residente en Nueva York) en Bogotá, donde desarrolló dos actividades íntimamente relacionadas: participó en un seminario sobre Prácticas museográficas contemporáneas y presentó su exposición Archivo vocal de Florence Foster Jenkins. Estas dos actividades tuvieron como común denominador la actitud investigativa y verificadora que Helguera utiliza como instrumento creativo, en su carácter de museógrafo y artista. Helguera, el museógrafo, investiga la procedencia y contexto histórico y social de los objetos. Helguera, el artista, igualmente indaga hechos reales e históricos, les da forma plástica y los entreteje en narrativas intensas y sugerentes.
El aparente lenguaje museográfico utilizado por Helguera (textos y documentos históricos, imágenes y viñetas de enciclopedias, periódicos y revistas) es tan sólo su estrategia aparente. Mediante ésta, propicia a la obra una dimensión didáctica, no obstante su complejidad, lo cual obliga al espectador a ejecutar un arduo proceso de lectura y exploración de los diversos conectores que subyacen tras las estructuras narrativas de la exposición.

De hecho, el carácter narrativo del "archivo vocal" constituye el eje conceptual de la obra. Helguera pone en juego varias narrativas independientes en apariencia, pero sujetas entre sí por un sistema de asociación de ideas sutil y sugestivo que propicia lecturas múltiples.
La biografía de Florence Foster Jenkins desempeña aquí un papel protagónico. Mediante un texto hermosamente articulado, Helguera nos introduce en la vida de aquella legendaria "soprano" que se autopropone como diva, a pesar de sus claras deficiencias vocales. Helguera manifiesta aquí su interés por cuestionar el imperativo de dominio de lo formal por parte de un artista y su validez ante una audiencia determinada. Helguera cuestiona: ¿es digno de alabanza tener fe implacable, incluso en algo en que estamos equivocados? ¿Es la creatividad algo tan inextricable del ser humano como el instinto de procreación? Estos interrogantes se disuelven en la historia de este personaje de tal manera, que nos obliga a interrogarnos acerca de la existencia real o imaginaria de la diva.
El anterior componente narrativo se complementa con otros dos que, a mi manera de ver, constituyen el segundo bloque narrativo: la historia de Alejandro Moreschi, el último castrato registrado en la historia (1858-1922), y las delicadas fotoimpresiones de gran formato sobre materiales translúcidos de pájaros extintos de las Américas y Hawai. El tercer elemento narrativo en juego es la referencia histórica a las Cruzadas, "nombre dado históricamente a las luchas iniciadas por la cristianidad para recuperar la Tierra Santa", representada en la exposición por imágenes y textos tomados de fuentes impresas.
Estos tres componentes constituyen la estructura aparente del "texto visual". Esta se manifiesta por un intercambio intenso entre imagen y texto literal, cuya interrelación da lugar a la interpretación, siendo allí donde se articulan las estructuras profundas de dicha construcción. Si la biografía de la diva se manifiesta en su totalidad en forma de relato, las imágenes alusivas a la castración, a las aves en extinción, y los documentos visuales de orden histórico, actúan como agentes visuales que estimulan la narrativa implícita. De aquí surge lo que podríamos identificar como estructuras profundas que el espectador tiene que hacer emerger mediante un proceso hermenéutico exigente. Así, se podría anotar la forma como se relacionan diversos relatos: el de represión, castración, supresión, extinción. Estas ideas circulan activamente de una instancia narrativa a otra, tejiendo una red asociativa que va de la castración del cantante Moreschi a la anulación de otra cultura por parte de los cruzados, hasta la desaparición de las aves.
Estas ideas atraviesan todos los componentes narrativos y convergen en la biografía de la cantante, punto focal de la exposición. Allí se articulan las lecturas simbólicas posibles. Su vida emerge como el triunfo de la idea del artista natural, ante el carácter supresivo de la crítica y de la acción coercitiva de la sobrevaloración del dominio de los lenguajes artísticos. La historia de la diva es la contraparte de una práctica obsoleta, la del castrato. La imperfección estética está vindicada, a la vez que la perfección estética (la voz masculina contralto) tiene una connotación negativa. Triunfo, a su manera, de la naturaleza sobre el artificio, de la voluntad sobre el sometimiento.
La fortaleza de la estrategia de Helguera reside en la concepción de la obra como un "texto visual". Su estrategia propicia la acción de una hermenéutica activa, cuya significación emerge de un proceso de interpretación entre texto e imagen.
Helguera no cierra los contenidos de manera impenetrable, sino que se compromete con realidades que poseen densidad histórica específica, desde las cuales genera una nueva mirada, un nuevo sentido. Sentido que se construye libremente a través de pautas alusivas que propician la conexión necesaria entre estimulo visual y pensamiento. Helguera concibe la exposición en su totalidad con narrativas divergentes, en soluciones análogas a la narración literaria o cinematográfica.
Aquí una historia es dominante, otras subyacen pero no son menos importantes. Una dialéctica muy particular entra en juego, donde lo particular actúa de forma autónoma y contribuye a la formulación de un todo general abierto, no concluyente. Así, el texto visual está compuesto de varios entrecruzamientos que configuran un todo polivalente y polisémico.
La propuesta de Helguera demanda considerar ciertas prácticas del arte contemporáneo. No es éste el lugar para realizar una especulación teórica extensa. Es preciso, sin embargo, señalar sus afinidades conceptuales. La aparente dislocación del texto visual puede emparentarse con los procedimientos deconstructivos. Generalmente, éstos han tenido como propósito el desplazamiento o cancelación de significados, o la no justificación de una obra en un contexto determinado. Lyotard propone el juego como el puro placer de hacerlo, para desestabilizar los significados y propiciar así otras lecturas, otras miradas. Helguera parece actuar a favor del cuestionamiento de Eco, cuando se refiere a la deconstrucción como "ese mero juego que desmonta el aparato" (el texto) para no comprometerse con nada. Así, Helguera no se afilia con la pérdida de sentido del texto visual, sino con su reconstrucción activa; los significados no se cancelan, se reinvierten y se vuelven a problematizar. En medio de tanta especulación deconstructiva en la plástica de hoy (por lo menos en Colombia), donde se pretende utilizar el término para justificar obras que simplemente juegan a desmembrar el todo y exponerlo en sus partes como ejercicio meramente formal, la obra de Helguera es paradigmática.
Ante tanta especulación vacua y carente de sentido (tal como lo reclama Adorno, "como lo formalmente falso en la pérdida de sentido"), Helguera utiliza ciertos procedimientos deconstructivos, no para recrearlos en sí mismos, sino para reinventar plásticamente ese nuevo sentido. Por esto su estrategia museográfica de investigación, clasificación y contextualización del texto visual, esa especie de arqueología del motivo, de un hecho real en este caso, la pone al servicio, no de la crisis del sentido estético, sino de su reconstitución. De esta manera, su Archivo vocal de Florence Foster Jenkins es la reinversión de una historia real que se potencia y dimensiona con otras historias, lo cual otorga a la obra la verosimilitud necesaria, que va más allá de lo meramente procesal para alcanzar esas instancias creativas donde es casi imposible distinguir los límites entre realidad y ficción.
RAÚL CRISTANCHO
