Exposición Individualago 2000 - oct 2000· Por Graciela Kartofel

Monika Bravo

De Chiara / Stewart Gallery

Bajar a una galería como entrando a una gruta en el Mediterráneo o en el golfo de México, para encontrarse en medio de una paradójica instalación de video, y entrever otro espacio para caminar, en el cual la artista trabajó objetos fotográficos, ha sido uno de los puntos sólidos de la temporada. Esta fue la primera exposición individual de Monika Bravo en Nueva York, donde reside; la artista nació en 1964 en Bogotá, Colombia; ha estudiado y presentado exposiciones en Italia, Francia, Inglaterra, Bangkok, Nueva York, Colombia y Grecia. En esta península tuvo, en 1990, su primera exposición individual, y de allí proviene Símfasis, uno de los términos del título de su exposición neoyorquina. Esta es una exposición lograda en todos los sentidos: uso expansivo de la tecnología; interrelación entre lo estático y lo móvil; transporte de la realidad urbana a terrenos indefinidos; conversión del espacio de la galería en el espacio adecuado para su estética específica, en vez de adaptar los contenidos al espacio; alteración de la percepción del espacio cúbico de la arquitectura citadina, para sumergir al espectador en grutas, peceras, mares indefinidos y serenos. El carácter sensual y en momentos bucólico de la instalación sólo tiene ocasionales ráfagas de rojo que crean un pico de tensión sanguinolenta, en la sensual pecera que nos abarca con envolvente serenidad de agua verde azulina. 

Exposición Individual: Monika Bravo — imagen 1
Monika Bravo. Simfasis *apariciones simultáneas, 2000. Vista de la instalación. Dimensiones variables.

El movimiento de los peces incrementa la simultaneidad a que alude la autora porque no sabemos por dónde aparecerán, cuáles serán los movimientos y duración a nuestro alrededor, y el video tampoco controla estos dos aspectos —tiempo y movimiento— de nosotros, los espectadores. Todo ocurre simultáneamente pero con ritmos individuales. 

Al avizorar ese otro espacio a continuación de la gran pecera, uno camina sin querer separarse de la experiencia acuática, deseando saber al mismo tiempo qué hay más allá de esta actualidad. Secciones fijas de sus videos, seleccionadas y armadas con precisión, llevan el trabajo fílmico a otro sector de la expresión artística: intercambiando los propios elementos del plano de lo móvil a lo estático, interactuando con marcos de metal de diseño propio, amarrando dípticos o polípticos como si fueran los peldaños de la escalera de un barco y, a la vez, la tesis de una investigación fotográfica. La frecuente pregunta: ¿Quién compra esto?, también tiene dinámica y simultaneidad en la respuesta: uno o varios coleccionistas, un museo, una empresa relacionada con viajes, un hospital, una sala de conciertos que quiere predisponer a su público a escuchar la música, más que a comentar las novedades sociales de la comunidad, y la respuesta podría extenderse. Si de simultaneidad se trata, y de diferentes apariencias simultáneas, la interculturalidad se manifiesta de la siguiente manera, en relación con los espacios abiertos y con la naturaleza, así como con la tecnología, en apariciones ambivalentes y sutiles. Casi coincidiendo con la inauguración de la exposición de Monika Bravo, viajé a una provincia argentina a ver otra gran pecera: una obra de arquitectura generativa (está en constante construcción), diferente y única en concepción, que atiende al mejor aprovechamiento del agua y a la integración en el paisaje (autor, Alberto Rodríguez Saa). Hace una semana se inauguró la exposición de Ulla y Gustav Kraitz en East Hampton; estos ceramistas suecos realizan instalaciones en ambientes naturales, con singular intención de serenidad e integración, creando ambivalentes situaciones para el espectador que deambula por los jardines, sube a las dunas y se detiene junto a los lagos. La simultaneidad en Bravo, Rodríguez Saa y Kraitz es un factor clave; si bien cada uno la resuelve en relación con la naturaleza, cada cual desarrolla su dinámica, originalidad y lenguaje propios. La sensación de fuera de los límites que la autora desarrolló en esta instalación se podría explicar diciendo que la artista presentó pantallas no opacas que permiten ver y transparentar las imágenes, que continúan reflejándose más allá del límite de la pantalla, expandiéndose por las paredes a oscuras de la galería y creando ciertas deformaciones de la arquitectura. Las paradojas de la actualidad se manifiestan en la obra de Monika Bravo, al crear ese espacio acuático informe, rompiendo con las leyes de la ortogonalidad, y también ratificándola: altera la percepción de los muros de la galería, y a la vez ratifica el concepto caja o cubo en los monitores de televisión que se entrecruzan al enviar las señales visuales. Al cambiar de espacio la instalación, al cambiar de ámbito físico, se alterarán los parámetros de la realidad y la autora podrá alentar o reducir las experiencias de simultaneidad que involucran al espectador. ¿Cuál es la realidad, el monitor o el agua y los peces; o acaso ambos aspectos pertenecen a la video-instalación y a la edición? La fluidez que aquí se menciona, se confirma con el sonido integrado que se adivina y hasta evoca mnémicamente. Se publicó un cuidadoso catálogo no tradicional, cuyo diseño es coherente con la instalación. En resumen, actualidad, registros ecológicos, voluntad profesional, recuerdos de tierras latinoamericanas y de sus otras experiencias de viaje, corroboran las facetas de la virtualidad en esta exposición. Es una instalación no surrealista que, a través de varios aspectos, alimenta lo onírico con fluidez. 

GRACIELA KARTOFEL

Monika Bravo, por Graciela Kartofel | artnexus