Exposición Individualago 2000 - oct 2000· Por Graciela Kartofel

Marco Arce

Ramis Barquet Gallery

Una exposición de contrastes es la de Marco Arce en Nueva York. 33 x 4 = 132 obras en papel, pintadas a la acuarela, enmarcadas en 33 conjuntos de cuatro piezas cada uno, en una obsesiva necesidad de referir lo incontrolable que ha tenido ante sus ojos. El muro más grande de la galería y otros dos menores estaban tapizados con estos polípticos-cuartetos. Vistos de lejos y de cerca, los cuadros manifiestan una enfática señal de opuestos, de desajustes, algunos de los cuales identifico a continuación. Mucho espacio ocupado con piezas pequeñas de presencia concentrada y rítmica; la misma dimensión del soporte pero no la misma manera de aproximarse a los contenidos, ya que cada acuarela es una obra en sí misma. ¡Esto es vida! es uno de los cuartetos, en los que aparentemente el autor agrupó cuatro retratos, mientras que lo que reunió son aperturas, rendijas, vaginas cerradas y abiertas, y ecos de quienes "abrieron" opciones, como la artista brasileña Lygia Clark y el Beatle Paul McCartney. Aspectos de este momento —fines del siglo XX, puente hacia el siglo XXI— y de lo que sucede en esta enigmática centrífuga que habitamos, una centrífuga llamada mundo globalizado, que cambia de dirección y, en cada cambio, acelera más, despoja más, descarna más y, a la vez, lanza borbotones de preguntas, como cables de electricidad con los polos pelados, sin cinta aisladora, confundiendo, al ofrecer riesgos por placeres. 

Exposición Individual: Marco Arce — imagen 1
Marco Arce. Estudio de adaptación, 1999. Acuarela sobre papel. 4 hojas. Cada una de 12,7 x 17,7 cm.

Encadenando momentos de la historia reciente de la sociedad, usando anuncios, postales y fotografías como nutriente, Arce realizó acuarelas como si fueran los apuntes de alguna investigación científica. Ni los retratos ni los animales son los temas del autor; los pinta con natural serenidad, y ambos acontecen porque son parte del modus operandi del conflicto de conflictos que plantea. En Nueva York, además de To Dissolve/To Collect, hay una zona donde se muestran los retratos de Manzoni que Marco Arce viene realizando con interés desde hace tiempo; si bien son buenas piezas, están en otra onda. Aunque hay una importante presencia de lo lineal, todo el trabajo está realizado en acuarela comercial a pincel; el lápiz sólo fue un soporte en el desarrollo del proceso. Retoma la apariencia cuidada que tienen las imágenes de los libros antiguos de zoología o de biología pero resuelve las obras con incursiones en Ia perversidad, aseverando la importancia del dibujo y de la acuarela frente al popular status del óleo, y jerarquizando el soporte papel frente al soporte tela. Si estos dos aspectos no son descubrimientos que le pertenezcan, son actitudes siempre bienvenidas de quienes queremos que el status no prevalezca sobre el contenido. 

El artista nos dice: "El cómic es un recurso para desdecirse de todo lo que se había aceptado del mismo. Trabajo en ese "formato", pero integrando inquietudes tales como el afán científico de los biólogos del siglo XVIII para expresar otros aspectos de esta se/va de libros en que habitamos, y para sacar estos especímenes más biológicos, más taxonómicos, que se dan en el arte moderno". Es como una especie de biología comparada en la que nos enfrentamos a la relación de las cosas entre sí. Si bien dentro del contexto artístico esto no es nada nuevo —ni en el pasado ni en el presente—, Marco Arce acredita determinados enfoques propios para zafarse de la tautología. Toda la exposición parece tradicional (en tamaño, orden, dibujo, pintura y academicismo), pero crea expectativas falsas. Así se delinean algunos de los factores que ratifican el camino personal del artista. Este es el mundo de hoy, que vive de las luces de las stars de Hollywood, las que reemplazan a las modelos de alta costura en las portadas de las revistas de moda. En un parámetro similar se encuentran los yuppies y sus sucesores, habitantes de una burbuja tan global como virtual, que nos recuerda aquello que parece tan lejano: la década de 1980, otro momento ficticio, especialmente en el mundo de las artes visuales (por ejemplo, el caso del Van Gogh que, a través del pago de boletos para verlo, regeneraría el dinero que el adquirente invirtió al comprarlo). Marco Arce nos refiere con categoría y cinismo el mundo de las especulaciones, con una cierta distancia que enfría basta las situaciones más tórridas, y con expectativas diversas (algunas simples, como las que crean los lentes oscuros: estamos acostumbrados a ver celebridades escondiéndose tras unas gafas para pasar inadvertidas; léase "con gafas negras para crear expectativas, especulaciones, para llamar la atención"). 

Simultáneamente con la exposición individual en Nueva York, este autor participaba en Erógena, una colectiva en el Museo Carrillo Gil de la Ciudad de México (sólo cinco obras de unos años antes, presentadas como un políptico vertical, sin enmarcar, colocadas en el límite de uno de los muros, en una actitud museográfica que sustenta una clara comprensión de la obra de Arce). En ambas exposiciones, retoma el dibujo en un sentido súper amplio, cerrando y abriendo las barajas de un juego mucho más serio de lo que parece, concentrándose en no dispersarse, por redundante que esto se lea. 

Dada la importancia del blanco y el negro, cuando aparecen pequeños elementos de color, dinamizan los agrupamientos de a cuatro. En una mirada abarcadora, toda esta producción podría compararse con una partitura musical (clásica y dodecafónica), ya que presenta los contrastes de acuarelas muy detalladas con otras con menos elementos; otras obras muy oscuras o negras, con aquellas que tienen una nota de color. A cierta distancia se obtiene también una visión de tipo cuadrícula, por el agrupamiento y enmarcado de las acuarelas. Al aproximarnos, ¡zas!, dentro de cada marco, cuatro explosiones diferentes, orgánicas, escatológicas, deformantes; unas delicadas, otras violentas. Es un trabajo serio que explota por todos sus poros, esta lía en perversidad, en ironía y en situaciones que parecen resueltas pero que están inconclusas. La sexualidad parece ser el sujeto central; sin embargo, lo que predomina es la angustia del mundo postmodernista acuciado por la generación de Marco Arce, que bien puede llamarse la generación AIDS; ese síndrome de inmunodeficiencia adquirida hace alusión no sólo a la enfermedad en sí, sino también a otros parámetros que se han alterado en la sociedad actual. Corolario: todo lo que creíamos identificar ha cambiado parte de sus códigos. 

El ojo sigue siendo el ojo pero ahora debe leer disciplinas mixtas que no atienden a la narrativa visual tradicional, ni siquiera a la de los cómics, a la que ya nos habíamos adaptado con humor y soltura. 

GRACIELA KARTOFEL

Marco Arce, por Graciela Kartofel | artnexus