Exposición Individualago 2000 - oct 2000· Por Carol Damian

Julio Larraz

Marlborough Gallery, Boca Ratón

Para Julio Larraz, la realidad visual ha sido por mucho tiempo el resultado de su obsesión por las formas plásticas, combinada con una seria investigación intelectual. Fascinado por las formas, las relaciones de los colores y puntos de vista interesantes, maneja y coreografía los elementos de sus composiciones para obtener perspectivas más claras e interacciones únicas. Tierra y cielo, hermosas formaciones de nubes y elementos arquitectónicos fragmentados se desempeñan con la misma facilidad de asociación con que lo hacen las frutas y objetos tan cuidadosamente arreglados y ampliados de sus retablos de bodegones. Larraz tiene una extraordinaria habilidad para enfocar y desarrollar un objeto común, con el fin de impartir nuevas asociaciones y forzar al espectador a considerar la interacción estética por encima del significado. En Approaching the White Planet, 1999, una cebolla blanca es transformada en un cuerpo celeste, y en Luna, 1999, la curvatura de una manzana verde parece dominar el encantador toque de luz de un limón, para crear una danza solar. Colocadas contra la infinita oscuridad del espacio exterior las frutas son examinadas como formas plásticas y entidades composicionales, preocupaciones serias para Larraz, quien está decidido a explorar los aspectos psicológicos de la percepción y el reconocimiento visuales mediante el análisis de los objetos físicos. 

Exposición Individual: Julio Larraz — imagen 1
Julio Larraz. Laberinto, 1999. Óleo sobre lienzo. 54,3 x 174,5 cm.

Esta exposición de obras recientes (1999-2000) revela otras facetas clave del enfoque exploratorio del artista hacia la descripción de la realidad visual, así como la amplitud de sus fuentes, que se derivan de su interés en lo histórico, lo mitológico, lo político y lo psicológico, y de una admirable colección de libros. Unidos a su vivida imaginación, estos recursos intelectuales proporcionan un rico material para obras que permiten la entrada a un fantástico mundo hecho verosímil y actualizado gracias a la visión artística de un realista dotado. En La Chambre du Roi (La alcoba del rey), 1999, y La Chambre de la Reine (La alcoba de la reina), 1999, coronas de papel se encuentran junto a las decididamente modernas y endosadas camas de los durmientes, solos y nada reales. A pesar de sus sugestivos títulos, las pinturas consisten en una selección de elementos cuidadosamente compuestos que logra tanto en su diseño como arreglo abstracto, como en darle una vista fugaz a la realidad privada de alguien. Pintadas con sensualidad, estas dos obras son complementadas por otra titulada La siesta, 1999, que representa un fragmento más evocador de piernas entrelazadas y es igualmente cautivadora por su diseño, además de ser una placentera mirada furtiva a una realidad más atrayente. El rey puede adquirir también nuevo significado dentro del contexto de algunas de las otras obras de la exposición que hacen referencia a antiguas tradiciones, especialmente cuando Larraz visita de nuevo la fascinante historia del legendario rey Minos. 

Las pinturas más atrayentes están dedicadas a temas inspirados en la mitología griega. El coloso de Rodas es modernizado por la presencia de un elegante bote de vela blanco, eclipsado por un enorme pie de bronce, que se prepara a entrar en el puerto en Coloso, 1999, mientras que máscaras, balcones y misteriosas criaturas aparecen en otras obras que son cautivadores diálogos que pretenden involucrar al espectador en sus extrañas circunstancias. El famoso minotauro de Creta, una criatura mitad hombre, mitad toro, que vivía dentro de un laberinto y devoraba jóvenes virginales, aparece vigilando sus dominios en Laberinto, 1999. El duro y blanco laberinto contrasta con el azul del mar de la isla, del cual llegarán las niñas. La belleza de la obra aumenta la tragedia de la historia y sus implicaciones para el futuro. Otra obra, Brindis, 1999, representa un desnudo femenino que lleva puesta una máscara de balcón y brinda con una compañía ausente. 

Tales notas eróticas dentro de extraños escenarios elevan las obras de Julio Larraz por encima de simples descripciones de lo real o imaginado y las llevan al mundo de lo subconsciente. Pintadas de manera exquisita para lograr efectos fascinantes que surgen como extraños sueños, sus evocadoras escenas provocan numerosas interpretaciones y una infinidad de preguntas. 

CAROL DAMIAN

Julio Larraz, por Carol Damian | artnexus