La más reciente exposición de Iñigo Manglano-Ovalle toma una ruta inesperada, si bien coherente con varios de sus proyectos anteriores.
En su nuevo proyecto, titulado Climate (Clima), Manglano aborda por primera vez una estrategia seminarrativa en la que introduce ciertos personajes como parte de una instalación de canales múltiples de vídeo.
En la galería vemos tres proyecciones en pantallas de vista doble, rodeadas de sencillas estructuras de barras metálicas, cada una de ellas mostrando varias escenas con personajes en posiciones y actividades más o menos estáticas. Posicionadas en una cierta atmósfera orwelliana y futurista, las personas se muestran en diferentes actividades: un meteorólogo que escucha un programa de cambios climáticos en coreano, un personaje armando y desarmando cuidadosamente un arma, y una mujer frágil en una sala de espera.

Los movimientos y gestos tenues y poco variables de estos personajes incrementan la sensación de que estamos experimentando una especie de suspensión indefinida de una misma escena dentro de una historia en pleno desarrollo.
El texto meteorológico en coreano que se escucha murmurar en la instalación nos revela que las fronteras del mundo han sido borradas, y que los cambios climáticos operan cambios en los medios naturales regionales que, a su vez, tienen un efecto directo sobre los conglomerados de software y las corporaciones.
En esta compleja instalación, Manglano nos muestra una macabra visión de la globalización, en la que la diferencia ha dejado de existir, así como la noción de extranjero, a cambio de un mundo regido por la "nueva transparencia" (descrita por el artista en un texto), en la que "todo es para todos y al mismo tiempo": un lema no menos demagógico que las voces que lavan el cerebro a los bebés recién nacidos en Un mundo feliz, de Aldous Huxley. En esta visión del futuro, encontramos que la obsesión por la sistematización de la vida, la economía y la naturaleza convierte al planeta en un lugar en el que la incertidumbre ha sido prácticamente eliminada y lo único variable —el clima— es utilizado por un grupo de personas en el poder para controlar los vaivenes de beneficio económico de los conglomerados corporativos.
La incursión de Manglano en esta seminarrativa no está lejos del contexto de sus obras anteriores. Su obra Balsero, por ejemplo, que consiste en una balsa de metal suspendida, con proyecciones de una persona de espaldas al mar, utiliza estrategias similares de planteamiento de imagen, tema y problemática. Las obras de Manglano tienden a ser ecuaciones en las que coexisten un elemento humano y otro natural o científico, en un marco casi clínico, que suelen dar como resultado reflexiones elocuentes y poderosas sobre la condición humana.
Por otra parte, en Climate, el artista regresa a temas que le han interesado constantemente. Entre otras cosas, Manglano-Ovalle es un agudo observador de las coordenadas variables y constantes, cuyas combinaciones rigen las políticas sociales y culturales. En otro proyecto anterior, The Niño Effect, el fenómeno climático de El Niño servía como metáfora de todas aquellas circunstancias más poderosas que nosotros que transforman nuestro devenir, pero también como fuerzas a las que nosotros nos abandonamos para que decidan por nosotros aquello que no nos atrevemos a decidir por cuenta propia.
Clímate regresa de nuevo a la metáfora del clima como aquel elemento incontrolable, naturalmente arbitrario, que a su vez domina otros sectores del ser humano, ya sea la economía o las vidas individuales.
La arquitectura modernista de Mies van der Rohe (otra obra de Manglano-Ovalle, incluida en la bienal de Whitney, muestra al artista lavando la ventana de una famosa casa diseñada por Mies), que se ve en las imágenes y que es referenciada a la vez por varias estructuras geométricas que rodean las proyecciones en el espacio, enfatiza en la sensación de estar experimentando una escena futura inminente.
En Climate, Manglano-Ovalle utiliza de nuevo varios elementos característicos de su obra: una gran intuición para crear imágenes gélidas que penetran como bisturíes de cirujano en el meollo de temas relacionados con nuestra humanidad, y que abordan el lugar del ser humano en una serie de procesos en los que cada vez parecemos tener menor control. Sus obras contienen una pasividad agresiva latente, dispuesta a estallar en cualquier momento de la manera más violenta, pero que siempre se mantiene justo en el borde de la contención.
PABLO HELGUERA
