Idillicum: desear, soñar, anhelar

Malas amistades. 301 (detalle), 2000. Ensamblaje. Dimensiones variables.

Colectivaago 2000 - oct 2000· Por Pablo Helguera

Idillicum: desear, soñar, anhelar

Valenzuela y Klenner Arte Contemporáneo

El escapismo es una de las respuestas más comunes del individuo desanimado ante las presiones de un entorno hostil en lo social, lo económico o político. Estas manifestaciones toman formas inesperadas, a veces incongruentes y muchas veces expresadas subconscientemente. La diversidad de estas expresiones es parte de lo que trata la exposición ldillicum: desear, soñar, anhelar, a través de la obra de los artistas colombianos incluidos. 

Conscientemente planeada como una respuesta a la presente situación política de Colombia y al generalizado bajo ánimo en el que la clase media sólo sueña, como menciona la invitación, en “su casa en la Florida”, los artistas muestran sus obras en una actitud de crítica acerba a la fascinación por lo atractivo, lo hermoso, lo que no se tiene, o en otras palabras, la práctica de un fetichismo por todos aquellas cosas que nos ayudan a olvidar nuestra presente realidad. Los sueños y los espejismos, tal como lo muestran estas obras, nos revelan no sólo lo que queremos ser, sino lo que queremos negar de nuestras identidades. Las diferentes obras cubren temas muy variados —consumismo, sexualidad, romanticismo— que, sin embargo, se relacionan dentro del contexto del deseo. 

Colectiva: Idillicum: desear, soñar, anhelar — imagen 1
María Margarita Jiménez. Belleza, 2000. Instalación. Dimensiones variables.

La obra de María Margarita Jiménez refleja la obsesión por poseer —y de ser posible, representar— lo bello. Jiménez monta todo un ambiente de indulgencia consigo mismo, en una habitación con luces rosadas, música sosegada, un tocador con artículos de belleza, una grabación con voces de personas describiendo los objetos que les parecen más bonitos, y una serie de dibujos en la pared que ilustran estas mismas descripciones. Jiménez pone en práctica una suerte de ingenuidad de juego infantil como estrategia. Este juego, al ser sistematizado, invita a reflexionar sobre nuestras propias jerarquías estéticas y a formular lo que son nuestros deseos, así como las razones oscuras que los motivan. 

Juan Mejía y Giovanni Vargas presentan, por su parte, una habitación cubierta de fotos de partes del mundo, similares a imágenes de postales, reunidas de las colecciones de varios turistas comunes y corrientes, en las que vemos fotos de palacios, monumentos de todo el mundo, museos, ruinas. La instalación incluye una grabación de los turistas en cuestión, quienes describen sus aventuras de viaje, en su mayoría banales y frívolas. Nada más aburrido que oír las aventuras turísticas ajenas y sentarse enfrente de una eterna serie de fotos. Mejía y Vargas, quienes sin duda lo saben, se aseguran de intensificar en su instalación la impersonalidad de estas imágenes y el hecho de que aunque la idea del viaje se nos presenta a la mayoría de nosotros como una experiencia única, irrepetible y memorable, al mezclarla con las experiencias de otros viene pareciéndonos como algo completamente intrascendente y, a fin de cuentas, enajenadora. Al enfatizar en lo impersonal, Mejía y Vargas ejercen una crítica del romanticismo del viaje y la manera como éste, supuestamente, transforma nuestras vidas. 

Por su parte, el colectivo Malas amistades alude a la manera como las disqueras y sus cantantes seducen y controlan el mercado de nuestras fantasías. El grupo presenta, en una instalación con varios elementos, gestos que reflejan el estado de ánimo de un fanático de Ia música: un mueble con una imagen compuesta de una foto de Enrique Iglesias y otra de Ricky Martin, una torre construida con casetes piratas, y una reseña de una revista de una grabación novata del mismo colectivo, Malas amistades, que, mitad en broma y mitad en serio, ha armado su propio grupo de rock. La obra apunta al deseo del fanático de pertenecer al mismo mundo que admira, de establecer un diálogo imaginario con sus ídolos y, por otra parte, de poseer parte de ese mismo mundo. 

Otras obras incluyen las fotografías sugerentes de Ernesto Ordóñez, quien muestra objetos de consumo (como helados y paletas) con la nitidez y saturación de color típicas del anuncio comercial, con evidentes tonos eróticos. Los objetos de deseo, aunque atractivos, delatan su propia artificialidad (otra obra consiste en una hielera con paletas hechas en plástico). Su obra establece una relación directa con lo que es el deseo sexual y la acción de consumo, sugiriendo, por ejemplo, que la sexualidad juega un papel fundamental en cautivar nuestra atención como consumidores, pero esta atracción inicial no es sino la cáscara de algo vacío. Juan Carlos Haag infiltra también el medio comercial, en su caso, utilizando un segmento de anuncio de televisión en el que él mismo participó como actor. 

Al extraer una secuencia de unos tres segundos del video y ponerlo en un loop vertiginoso, Haag recontextualiza el significado del texto y las imágenes del clip para hacer una especie de alegoría del estado de la mentalidad de la juventud consumista. 

Víctor Escobar presenta dos videos disímiles, uno representando a un ojo en constante movimiento, como en búsqueda de un objeto sexual, y otro titulado Nymph and Skinhead, con elementos de fin de siècle ambiguamente simbolistas y contemporáneos, donde surgen personajes mítico-oníricos, en escenarios irreales, también en una búsqueda desaforada, aunque no menos confusa en su objetivo. 

Las obras presentadas en ldillicum oscilan entre la crítica y la reflexión, como expresiones abiertamente honestas y álgidamente directas de artistas que, si bien señalan con ironía ciertos estados de ánimo o de mentalidad, a la vez se reconocen como pertenecientes a estas mismas prácticas. En cierto sentido, cada artista critica su propio idilio, al practicarlo y abandonarse a él, quizá con el objetivo de que, al articularlo, se logre exorcizar. Como decía Novalis, cuando soñamos que soñamos, estamos cerca del despertar. 

PABLO HELGUERA

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Malas amistades. 301, 2000. Ensamblaje. Dimensiones variables.
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