Erógena

Maurcycy Gomulocki. Tipología sentmiental, 1999. Fotografía. 72 x 120 cm c/u.

Colectivaago 2000 - oct 2000· Por Francisca Rivero-Lake

Erógena

Museo de Arte Carillo Gil

Erógena es una muestra colectiva que reúne a más de 20 artistas de diversas generaciones, con obras cuyas técnicas van desde la pintura hasta la instalación, video, dibujo, fotografía, etc. Como parte de los discursos de la sexualidad gestados a finales del siglo XX, esta exposición muestra diferentes posturas y acercamientos a una de las acciones o elementos recurrentes del ser humano y, por lo tanto, de la historia del arte como producto humano. 

Si bien el sexo no ha dejado de ser tabú en el contexto de la sociedad mexicana, el Museo Carrillo Gil ha logrado con Erógena acercar a los asistentes a los museos a estos temas no tan evidentes para su exhibición en los espacios públicos. Aunque al proponer esta muestra el equipo del museo en cuestión ha demostrado una gran madurez y profesionalismo implícito en la adecuada elección de obras y artistas, especialmente al juntar a artistas emergentes de muy joven trayectoria como Gerardo Monsiváis, junto con otros de la talla y fama de Francisco Toledo o Julio Galán, la muestra toma un carácter más dinámico y nada didáctico, asunto importante, ya que el punto, más que terminar con los tabúes, es mostrar la diversidad y cómo estos artistas han elegido utilizar diferentes medios para hablar del sexo en sus heterogéneas formas de vivirlo. 

Colectiva: Erógena — imagen 1
Pierro Slim. Sin título, 1998. Fotografía. 60 x 60 cm.

Irrupción metafísica de los hombres desperdicio, 1995, de Eduardo Abaroa (1968), consta de una montaña de forma fálica hecha por revistas porno con un espejo en su parte superior que hace regresar la mirada a las portadas e imágenes de las publicaciones que la conforman. Rodrigo Aldana (1967) presenta Diario 6, de 1999-2000, en el cual cuenta sus historias personales impresas en 15 paneles y expuestas para que el público pueda acceder a lo que pasa en su vida. Estos diarios de Aldana juegan con la relación entre lo público y lo privado, haciendo una referencia al espíritu del presente. Marco Arce (1968) presenta ocho pequeños dibujos y pinturas tituladas Porno, de 1998; con una manufactura sumamente detallada, capta escenas explícitas copiadas de alguna revista para adultos. Carlos Arias (1964), con cuatro bordados hechos entre 1994 y 1998, presenta escenas alucinantes y surrealistas cuyas imágenes ayudadas por la técnica se debaten entre audacia e ingenuidad. Artemio (1976), con Sex on Wheels, vídeo de casi cuatro minutos en el cual las imágenes y las historias se van desarrollando a través de la pantalla, siempre presente en la escena, la cual es el elemento de transición e hilo conductor. Sin una historia lineal que contar, Artemio utiliza como pretexto el círculo vicioso de las imágenes, es decir, cada escena se entrelaza a la siguiente por la imagen que en la televisión parece ser una escena porno, la cual, al abrirse la escena, resulta un acto totalmente inocente. De esta manera el artista apela al espectador, con una imagen que no es lo que parece ser. Fernanda Brunet (1965) presenta 30 pinturas al óleo, de 1997, sobre fondo blanco, con imágenes casi monocromáticas de fragmentos gráficamente explícitos, indiscriminadamente masculinas o femeninas, sin la más mínima censura. Miguel Calderón (1970) comparte su Colección privada, consistente en tres fotografías de mujeres, encontradas dentro de un burdel, posando deliberadamente y mostrando en sus cuerpos las huellas físicas de los actos sexuales como trofeos de su profesión. Iván Edeza (1967) tiene la única pieza en la muestra censurada por el museo, el video de 8 y medio minutos, que seguramente contenía escenas excesivas para la amplia moralidad que el museo demostró con el conjunto de piezas; se presenta como una imagen negra con dos franjas de color rosa-azul a los lados, sin sonido, y sólo en la cédula se lee como título la palabra “censurado”. Galia Eibenshutz (1970), con dos esculturas de pequeño formato, tituladas Moluscos de 1999, juega con plastilina para lograr confundir a simple vista partes corporales y sexuales humanas con animales marinos. Javier de la Garza (1954) da un giro total a su anterior producción pictórica, y muestra una serie de fotografías de 1999, tituladas Vanitas Vanitas, en las cuales ha transformado al compañero de Barbie en un grotesco animal-humano-sexual, mostrando la grandiosidad de sus nuevos atributos. Julio Galán (1958), con dos óleos sobre tela de finales de la década de 1980, representa, bajo el contexto de las obras expuestas, la propuesta más conservadora, y es de los pocos representantes de la pintura como tal. Thomas Glassford (1963) presenta tres piezas, un video de animación Porno, 1994, y dos objetos Sin título, 1991 y De etiqueta, 1993, los cuales, utilizando la forma y material recurrente en su obra del Guaje, permiten a Glassford elaborar un discurso pornosado-estético. Maurycy Gomulicki (1969) exhibe tres fotografías de la serie Tipología sentimental, 1999, las cuales, hacen un acercamiento a los labios de maniquíes, retocados con pintura. Estas enigmáticas imágenes hacen referencia a lo plástico y a lo aparente como elementos de seducción. Vignettes, 1999, 13 impresiones digitales en color rosa, juegan con la forma vaginal creando patrones de suma belleza. Del grupo Los Lichis, originarios de Monterrey, tres impresiones digitales tituladas Pumping Barbie, 1997, bajo el mismo discurso estético y de nostalgia de la infancia pero con un toque perverso de adolescencia, como las obras de Javier de la Garza o Edgar Orlaineta. Los Lichis crean escenas manipulando a Barbie y a Ken, convirtiéndolos en protagonistas de las más atrevidas aventuras sexuales. Gabriela Molina (1971) muestra una obra creada con fotografías ensambladas de fragmentos de imágenes de genitales generando con poca variedad cromática una imagen armónica de gran belleza. Gerardo Monsiváis (1974), al igual que Los Lichis, anteriormente mencionados, interviene inocentes objetos existentes en quimeras sexuales. Diseños de módulos de repetición, 1998, utiliza fotografías encontradas; jugando con sus repeticiones y variando por ampliación sus volúmenes, crea un calidoscopio, paraíso de los adolescentes, explotando de hormonas. Richard Moszka (1968), en el video de 7 minutos titulado Beso, 1997, muestra dos hombres muy parecidos ligeramente manchados con pintura roja, besándose continuamente. Edgar Orlaineta (1972), con Modely, se inscribe dentro de la misma obsesión del pasado infantil de los juguetes cargados con alusiones sexuales, pero de una manera más sutil; en este caso, la instalación que presenta Orlaineta no encuentra una relación tan evidente dentro del contexto de Erógena: sin embargo, siguiendo la línea de las otras piezas en la muestra, Modely se revela como una de las más enigmáticas. Ángel Ricardo Ríos (1965), con El origen del mundo, 1997, video de una instalación que existió previamente en el Museo del Chopo, toma la famosa imagen de Courbet, transfiriéndola a una lona para saltar, sobre la cual los asistentes a la exposición pudieron entrar en la imagen y jugar con su significado. La pieza expuesta en el Carrillo Gil es solamente el video del registro de los asistentes interactuando con la icónica imagen de Courbet, dando un giro a esta controversial obra maestra, en una divertida pieza contemporánea. Daniela Rossell (1973), en tres fotografías, con títulos como La pitufina, 1995, y Todos los mejores nombres están dados, 1999, retrata acaudalados hombres y mujeres de la sociedad mexicana dentro de sus casas y ambientes naturales. Estas obras muestran, mediadas por el ojo de Rossell, un cierto humor negro y erotismo escondido entre los muebles dorados y la excesiva decoración de las mansiones de estos personajes que resultan ser hijos de políticos o de importantes empresarios. Rossell logra captar en una estética enigmática una combinación única de glamour, inocencia, erotismo, soledad, opulencia y misterio en los sujetos escogidos. El grupo Semefo, dentro de la estética oscura de sus obras, presenta un video de 1990 titulado Viento negro, en el cual uno de los integrantes del grupo ejecuta actos que, por la forma en la cual el video encuadra la acción, pudieran ser leídos como de autoflagelación y onanismo. Al abrirse la toma, resulta que el sujeto de la grabación tiene un pulpo pegado al cuerpo, y es éste quien sufre los actos practicados por el protagonista. Piero Slim (1950), con seis fotografías en blanco y negro, capta la imagen de jóvenes que posan desinhibidos sus cuerpos desnudos. Sus títulos enfatizan en el anonimato de los sujetos, como Figura recostada #27, 1998, o Retrato del Durango, 2000. Francisco Toledo (1940), con Autorretratos, 1994-1996, conformados por 16 polaroid, muestran al artista de una manera lúdica, incluidos animales recurrentes en su imaginería, como tortugas y armadillos, interactuando con su cuerpo desnudo. 

Colectiva: Erógena — imagen 2
Miguel Calderón. Colección privada, 1999. Fotografía. 126,9 x 78,5 cm.

Erógena muestra sin juicios ni grandes limitaciones morales la manera como artistas de diversos orígenes y generaciones tocan el tema de la sexualidad. En un manifiesto del director del Museo, Osvaldo Sánchez, a propósito de esta muestra, éste escribe: "Hemos partido de la calidad artística del trabajo y de su inscripción en la post vanguardia, y no de un principio temático o del ejercicio de una representación de minorías. La muestra —explícita en su radicalismo— va dirigida a personas adultas, dispuestas a ser confortadas por el tema pero ante todo por la contemporaneidad de las imágenes que reúne y, prioritariamente, por los discursos críticos sobre la sexualidad que estas imágenes emplazan".

 Por lo tanto, las obras aquí descritas creadas a finales de la década de 1980 y la de 1990 confrontan al espectador en la revaloración de los conceptos de lo erótico, lo pornográfico, lo público y lo privado. Estos 23 artistas transfieren en las obras expuestas una faceta de la vida. El sexo en todas sus variantes, ya sea explícito o insinuado, es una faceta clave para el desarrollo integral. Celebrando la diversidad, el Museo Carrillo Gil continúa con una excelente programación que impulsa a artistas y espectadores jóvenes y no tan jóvenes a abrir los horizontes. 

FRANCISCA RIVERO-LAKE 

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