Daniela Rossell

Daniela Rossell. Sin título (Ricas y famosas), 1999. Impresión a color. 76,2 x 101,6 cm. Edición de 5.

Monografíaago 2000 - oct 2000· Por Naief Yehya

Daniela Rossell

Podría decirse que la obra de Daniela Rossell es un ejercicio fotográfico sádico mediante el cual ella ridiculiza a las clases altas (en especial, aunque no exclusivamente, a la mexicana), simplemente dejando que sus personajes se representen a sí mismos en la intimidad de sus hogares. Pero la obra de Rossell va mucho más allá de la parodia; sus influencias van desde las escenas palaciegas de Velázquez hasta las apologías del poder de Leni Riefen Stahls, así como su estudio antropológico de los nubienses, lleno de adoración. All the Best Names Are Taken es la primera exposición individual de la mexicana Daniela Rossell en Nueva York. Esta selección de fotografías recientes está dividida en dos series: Olympic Towers y Ricas y famosas, la primera de las cuales pertenece a imágenes de algunos de los extravagantes inquilinos que viven en el rascacielos del mismo nombre en la Quinta Avenida de Nueva York; la segunda, más grande, es una colección de imágenes de algunos miembros de la poderosa élite mexicana en su hábitat natural, rodeados de sus pertenencias personales, muebles, arte y sirvientes. Sin predicar ni moralizar, Rossell utiliza su humor corrosivo y su espléndido ojo para mostrar —sin un carácter didáctico ni doctrinario— cuánta razón tenía F. Scott Fitzgerald cuando decía que las personas muy ricas eran diferentes del resto de seres humanos. Una primera interpretación de estos retratos ofrece una perspectiva sobre la escala de la riqueza y los enormes egos de sus personajes, quienes se las dan como si estuvieran posando para Vogue, Vanity Fair o, como mínimo, para la publicación española Hola! dedicada a los que figuran en sociedad. Pero, al mismo tiempo, cada fotografía cuenta historias más complejas y enrevesadas de la plutocracia mexicana. Cada pequeño detalle del entorno expresa los excesos, los caprichos, la loa de sí mismo por los éxitos alcanzados, y la banalidad de las encantadoras fantasías de estas mimadas personalidades. Aparte del chabacano lujo y las ostentosas decoraciones, representadas muy bien por la abundancia de arte mediocre, cursi y delirante y colecciones de negros, en algunos de los personajes más jóvenes de la serie hay un vehemente deseo de representar la lujuria, una leve aunque obsesiva insinuación sexual que toma clichés (poses, atuendos reveladores y otros artefactos sugestivos seleccionados por los personajes mismos) de la pornografía blanda, como la femme fatale que yace seductoramente sobre un sofá, con el Central Park como fondo, o la divertidísima comedia minimalista en la cual una rubia inclinada hacia delante es contemplada con incredulidad por el conductor de un carro que pasa. Esto podría pasarse por alto como una reacción al conservatismo y a la represión sexual entre las clases altas mexicanas, pero muy probablemente es una búsqueda desesperada por lograr una expresión personal por fuera de los límites sociales, en un intento por establecer algunos lazos íntimos con el fotógrafo y revelar su verdadero yo. Esta es probablemente la razón por la cual, aunque las fotografías fueron obviamente montadas, son sorprendentemente sinceras. Rossell evoca las fotografías familiares de Tina Barney, aunque con un giro: ella propone que la identidad es una construcción del entorno y la fotografía es un recurso casi esotérico capaz de revelar sueños y deseos. Su obra está más cerca del enfoque de la observación y la intervención de la fotografía que de la tendencia dominante de los noventa, cuando se dieron las seudo espontáneas y horrorosas instantáneas. 

Monografía: Daniela Rossell — imagen 1
Daniela Rossell. Sin título (Ricas y famosas), 1999. Impresión a color. 76,2 x 101,6 cm. Edición de 5.

No hay necesidad de manipular al espectador para poner en duda el sospechoso origen de las fortunas de los personajes. Sin la oportunidad de ver cómo funciona la identidad de los individuos, podríamos fácilmente pensar que son simplemente algunos anónimos nuevos ricos, pero el saber quiénes son algunos de ellos le agrega a la exposición una interpretación moral y política. Uno de los personajes de Rossell es Paulina Díaz Ordaz, la nieta de un expresidente e hijastra de Raúl Salinas, hermano del expresidente mexicano Carlos Salinas. El abuelo de Paulina, Gustavo Díaz Ordaz, estaba en el poder como presidente cuando se llevó a cabo la peor masacre de civiles de la historia moderna de México (la indiscriminada represión por parte de las fuerzas armadas y los escuadrones paramilitares en Tlatelolco en 1968), y Raúl Salinas está ahora en prisión, acusado de asesinato, lavado de dinero y de otros cuantos delitos cometidos durante la administración de su hermano. En una de las fotografías, Paulina está posando frente a uno de los retratos de Raúl. La mayoría de los individuos fotografiados por Rossell son mujeres jóvenes, con excepción de unos pocos, como Emilio Salinas, el hijo de Carlos Salinas, tristemente célebre internacionalmente y quien ahora vive en el exilio en Irlanda. Emilio lleva puesto un traje formal, tiene una apariencia sombría y está parado sobre el tronco de un enorme y oscuro árbol retorcido cuyas ramas parecen sepultarlo. Esta es una de las metáforas del poder más obvias y a la vez más fascinantes de la obra de la artista. 

Existe el riesgo de ver las fotografías de las rimbombantes personalidades de Rossell sólo como documentos sociales, políticos y etnográficos, mientras ignoramos los elementos estéticos de sus fotografías de gran formato, una coherente gramática visual, una radiante composición y estructuras bellamente equilibradas. Pero más admirable aún es la forma extraordinaria como ella enmarca sus temas y establece reflexiones, ecos y resonancias entre los personajes y los escenarios. Esta obra ofrece también nuevas interpretaciones de las tradicionales y simplistas percepciones del colonialismo en el “tercer mundo”. Separadas de su contexto, estas magníficas impresiones de enorme tamaño se apartan de su significado original. Sin embargo, captan un universo formidable de apariencias e ilusiones, de costosas réplicas y consumismo ilimitado. Rossell no sólo es una excelente fotógrafa sino también una talentosa narradora que, aunque parezca increíble, tiene un enorme respeto por los personajes de sus mudas narrativas. 

Este ensayo fue escrito a raíz de la muestra de Daniela Rossell en la Galería Green Naftali Inc. de Nueva York. 

NAIEF YEHYA 

Crítico cultural, ingeniero industrial y escritor de ficción. Vive en Nueva York y Ciudad de México.

Daniela Rossell, por Naief Yehya | artnexus