Dos recientes publicaciones y un libro de próxima salida abordan aspectos significativos de la labor del artista cubano Alfredo Sosabravo. Piezas suyas de nueva producción se expondrán en la Galería La Acacia, de Ciudad de La Habana, entre octubre y noviembre de 2000, con motivo de los 70 años de vida del excelente creador; la muestra incluye: pinturas, obras sobre papel y esculturas de vidrio.
Recientemente ha sido editado por la editorial Letras Cubanas del Instituto Cubano del Libro, Sosabravo, estudio sobre la obra de este artista cuya versatilidad, rigor y currículum, lo colocan en destacada posición dentro del activo panorama de las artes plásticas contemporáneas. Con motivo de la muestra Alfredo Sosabravo Premio Nacional de Artes Plásticas, que se presentó (febrero de 1999) en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, fue impreso también un catálogo de su labor, que recoge amplia información.

Además, se trabaja en un libro que reflejará diversos aspectos de la productiva vida del autor de tanto sustancial aporte, con fecha de salida a la luz pública para el segundo semestre de 2000.
Y, se preguntará quizás alguien no muy enterado del periplo cubierto por el creador cubano, ¿a qué se debe tal concentración de publicaciones en torno a Sosabravo? La respuesta descansa, seguramente sobre determinados hechos, como el otorgamiento al artista del Premio Nacional de Artes Plásticas de la República de Cuba en 1997, pero se debe sobre todo al hecho de que nos encontramos ante una personalidad madura, plenamente desarrollada, cuya significación se materializa a través de una serie de disciplinas cuyo cultivo consecuente ejerce con resultados de indudable significación. No hay muchos autores que se hayan manifestado a lo largo de más de cuatro décadas, y con tanta calidad, en especialidades que cubren la pintura, el dibujo, el grabado y la cerámica, como este hombre, cuya contribución sigue siendo activa y considerable —incluso— en cuanto al peso específico de sus realizaciones. Piénsese, por ejemplo, que para octubre-noviembre de 2000, tiene programada una exposición personal, conformada por obras recientes en la Galería La Acacia, de La Habana, que sumará a otras expresiones afines como pinturas y dibujos, esculturas de vidrio realizadas en la célebre manufactura italiana Ars Murano. La muestra dejará señalada especialmente una fecha, la de los 70 años de existencia de este hombre, nacido el 25 de octubre de 1930, en Sagua la Grande.
Tal composición de los exponentes no es algo inusual en el quehacer del artista, pues si revisamos, aunque sea grosso modo, su currículum , encontraremos cómo aquellas exposiciones que marcaron significativamente la carrera, dejaron constancia de una sustancial versatilidad. Recordar dos exposiciones en la Galería de La Habana: óleos y cerámicas, 1967, y cerámicas, litografías, dibujos y collages, 1978, que no eran sino compendio de lo producido en períodos cercanos al momento de su confrontación con el público, esto por no remitirnos a La Naturaleza, el Hombre, la Máquina, gran muestra retrospectiva que en 1990 fuera al Museo Nacional de Bellas Artes en completo despliegue de lo realizado —siempre sujeto a un estricto plano selectivo— durante 30 años de profesión.
Justamente, el título de la mayor muestra de la labor de Alfredo Sosabravo, presentada basta hoy, describe el rango de los temas cubiertos; éstos, junto a la apuntada versatilidad, constituyen factores capaces de definir certeramente inclinaciones y preferencias del artista, apoyadas por el consecuente dominio de técnicas diversas, adquirido al margen de un entrenamiento académico ortodoxo que no tuvo, pues debe entenderse que, salvo los dos cursos recibidos en la Escuela Anexa a la Academia de Bellas Artes de San Alejandro, su formación es esencialmente autodidacta.
Quienes acudan a la exposición de la Galería La Acacia hallarán en este espacio el producto de un oficio decantado por el tiempo y la autocrítica, pero con el aliciente de que no intenta —absolutamente— la retrospectiva que anteriores muestras han acometido. Todo lo contrario, el conjunto es resumen de obra nueva, si bien firmemente respaldada por las experiencias desarrolladas cuando, a partir de 1992, decide volver a pintar, luego de dos décadas de entrega a la cerámica y a la indagación de las posibilidades del dibujo, el grabado y los collages. Sosabravo, quien había iniciado su labor artística sondeando los secretos de la pintura, encontró dentro de los volúmenes cerámicos la veta concreta que, exhaustivamente explotada, lo convirtió en figura especialmente significativa e influyente; entonces, él ha retornado a su primer terreno de exploraciones, nutrido del tránsito por vías que —desde luego— no pretende abandonar definitivamente. Tal bagaje le evitó la redundancia, pues tras algunas primeras telas destinadas a entrar de nuevo en materia, abandonó de nuevo las citas más o menos textuales de aquellos óleos de 1967, tan exitosos, cuando daba puntadas reales sobre la superficie y le adhería fragmentos de tejido o de papel para acentuar nexos con el art brut, en planimétricas concepciones que, asimismo, no negaban sus relaciones con el frescor del pop art; mantuvo la ironía de sus alusiones a la vida y los comportamientos, pero fue abandonando aquella especie de inocencia primigenia, en virtud de más acerbas observaciones.
En su actual fase, él compone a partir de una perspectiva entre primitiva e intelectual, que va conquistando la sensación de volumen; crea, pues, en el contexto de un espacio concluso en sí mismo, donde se observan constantes venidas de otras fases creativas, como el logrado uso de los textos y la recurrencia a temas del arte popular. Pero la atmósfera ha cambiado, particularmente cuando utiliza signos agresivos (tijeras, cuchillos y otros elementos punzantes). Aves y personajes esquinados, sospechosos, espían el movimiento de lo que ocurre en derredor, parecen críticos comentaristas dentro del activo ritmo desplegado. Lo onírico, lo metafísico, en un contexto de connotaciones surrealistas, se materializa por combinación de factores disímiles que son catalizadores de la experiencia plástica. El presente código de Sosabravo, transmite un clima de misteriosos presagios, habitados por seres que podrían ser especie de alter ego multiplicado y negativo de su propio autor. El arte, no lo olvidemos, tiene mucho de ambiguo, representado por esa carrera emprendida para alcanzar una verdad siempre elusiva.
La colaboración con talleres internacionales ofrece al inquieto autor seducciones que él acepta, gracias a las cuales obtiene variantes, dentro de un mismo discurso, ya sean las observables en aquellas colografías impresas por el Taller de Recoba, del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, que durante noviembre de 1994 le dio oportunidad para conseguir inusitadas texturas; o las sutilezas obtenidas en las litografías más bien técnicas mixtas impresas por el Taller Kyron de México, D. E., según breve periodo de trabajo ejecutado en 1993. El ambiente del Taller despierta en este artista al excelente artesano, dotado de un oficio que alimenta la elaboración intelectual del más alto nivel y también la saludable contaminación entre disciplinas por él cultivadas que, así, empujan sus límites hacia una dilatada imagen abarcadora, abigarrada, rica y festiva, como de feria en constante ebullición.
Alfredo Sosabravo sigue siendo el mismo y está cambiando; la contradicción no lo detiene, porque la primera verdad aparece sustentada por su condición de artista sui generis y la segunda quizás haya sido provocada por tanto convulso acontecimiento: pensamos en la hecatombe natural causada por el indiscriminado aumento de la industria. Soñamos con aves que se convierten en amenaza pública, según Hitchcock; hemos asistido al desmoronamiento del campo socialista europeo y al ascenso de la política neoliberal o el "sálvese quien pueda", somos testigos de la acre estética que Almodóvar ha extraído del desencanto de la vida contemporánea para hacer su cine; llegan continuas noticias de enfrentamientos intestinos, mientras la insensata violencia recorre la escala completa (desde el atentado personal al desastre masivo).
Dada la amplitud de intereses, ya histórica, característica de este creador, no debe extrañar que, como reciente incorporación a las posibilidades sosabravianas, los tipos y personajes de su pintura, hayan adquirido vigencia corpórea, merced a la colaboración con el vidriero Elio Raffaeli de Ars Murano. Esto se produce a través del ensanchamiento de una perspectiva que transita el tradicional manejo de ese material, la experiencia acumulada y las inquietudes del gran artista contemporáneo, quien manteniéndose al margen de tanta aberración postmoderna baila nuevas posibilidades expresivas. La transparencia del material, el discurso concreto del volumen —como otrora hiciera con la cerámica—, le da ocasión de desarrollar un repertorio que constituye una muy especial área de trabajo capaz de atraer todas las capacidades del devoto oficio característico del autor. Si, como en previas ocasiones, el azar, la demanda o las relaciones establecidas han provocado su filiación a determinada disciplina, no debemos dudar de que él se halla en un momento importante, abocado a la aventura que le está abriendo ya perspectivas de ulterior crecimiento a los diversos canales transitados basta hoy. Los nexos interdisciplinarios, el traslado de temas y motivos que, en esta oportunidad, están pasando de la pintura al volumen vítreo garantizan el exitoso desempeño que da continuidad a esta labor iniciada bajo tan favorables auspicios.
ALEJANDRO G. ALONSO
