Exposición Individualabr 2000 - jun 2000· Por Christine Frérot

Vik Muniz

Centre National de la Photographie Galerie Xippas, Caisse de Depots et Consignations

Presentada por primera vez en París, la obra de Vik Muniz ha gozado de tres exposiciones, entre las que destaca una minirretrospectiva en el Centro Nacional de Ia Fotografía. El artista brasileño confirma de esta manera su creciente éxito en Europa, iniciado en Ia FIAC, donde se le pudo ver en diversas galerías especializadas. Además de Ia acogida unánimemente elogiosa de Ia prensa francesa, se ha editado, con motivo de Ia triple presentación parisina, un catálogo bilingüe en francés e inglés. La posibilidad ofrecida al artista de mostrar simultáneamente diferentes facetas de su trabajo en diversos lugares de Ia capital ha permitido a los visitantes abarcar Ia manera de trabajar del fotógrafo brasileño, que es a Ia vez lúdica, poética y estética. Nacido en São Paulo en 1961, Vik Muniz pertenece a Ia generación de jóvenes artistas latinoamericanos cuya precoz carrera artística halló un terreno favorable en Estados Unidos, antes de ser conocida en Europa (José Bedia, Julio Galán, Guillermo Kuitca, etc). Se puede constatar que París ya no juega para los artistas de América Latina el papel catalizador que pudo desempeñar basta Ia década de 1970 y que los pocos buenos artistas de Ia nueva generación que viven en Ia capital francesa enfrentan grandes dificultades para hacerse conocer fuera de Francia o sus países de origen. Al menos, a través de las galerías y no de las instituciones oficiales que prefieren a los artistas venidos del extranjero. 

Exposición Individual: Vik Muniz — imagen 1
Vik Muniz. De las Imágenes de chocolate, Bela Lugosi, 1999. Cibachrome. 1/3. 122 x 156 cm.

Las tres exposiciones parisinas de Vik Muniz (Galería Xippas, del 29/11/1999 al 15/1/2000; Caja de Depósitos y Consignaciones, del 19/11/1999 al 23/12/1999, y el Centro Nacional de Ia Fotografía, del 17/11/1999 al 10/1/2000) sugieren probablemente un cambio de Ia situación en lo que concierne al interés de Francia (guardando las proporciones), pero a Ia vez confirman que Ia consagración pasa todavía por Nueva York. 

En el Centro Nacional de Ia Fotografía, Ia obra de Vik Muniz ha sido mostrada en su mayor diversidad, con fotografías realizadas entre 1993 y 1999. La exposición tuvo lugar en cuatro salas, al mismo tiempo que una muestra de Ia fotógrafa y cineasta australiana Tracey Moffatt. La Galería Xippas escogió Ia dimensión "gustativa" (obras realizadas con ingredientes culinarios), y Ia Caja de Depósitos, una serie de fotografías sobre el tema de las flores artificiales, bajo el título de Flora industrialis. La mirada tierna y humorística con Ia que Muniz interroga a Ia vez lo cotidiano y el tiempo introduce en su obra una dimensión en Ia que se oponen lo real y lo imaginario, lo falso y lo verdadero, lo palpable y lo fugaz, lo destructible y lo inmutable. El artista logra deslizar Ia duda en nuestras certidumbres y quebrantar los límites de nuestra racionalidad. Muñiz, escultor, pintor y finalmente fotógrafo, trabaja como un artesano las imágenes de nuestra memoria y del mundo, privilegiando el gesto preliminar para fijar, en total jubilación, lo transitorio. Vik Muniz construye un universo alimentado conceptual y estéticamente por Ia publicidad, las revistas, el cine y Ia televisión. A partir de imágenes emblemáticas o simbólicas de nuestra memoria colectiva, el trabajo del artista es inseparable de su discurso visual. Estas imágenes pueden ser cinematográficas (Marilyn Monroe o Marlon Brando), políticas (Mao Tse Tung), musicales (Elvis Presley) o mediáticas (Jackie Kennedy). Pueden proceder de Ia historia del arte (La medusa marinara de Caravaggio, La balsa de Ia medusa de Delacroix o Paseo sobre el mar de cenizas de C.D. Friedrich) o de retratos sumamente conocidos, como los de Jackson Pollock e Yves Klein. El gesto funda e inscribe Ia imagen. En Ia frontera del eat-art de Ia década de 1960 y del nuevo realismo francés de Ia misma época, coqueteando con Ia manera de Andy Warhol, Ia especificidad de Vik Muniz es convertir a Ia fotografía en el medio de otro medio. De un medio comestible, putrescible y perecedero. Sus "cuadros" primero se comen y después de ser fotografiados se arrojan, aunque se bailan muy lejanos de las proposiciones extremas (fotografías de Ia orina o el esperma) que tanto Gilbert y George, como Andrés Serrano, nos han ofrecido recientemente. La materia es siempre transitoria: del chocolate (La balsa de Ia medusa, 1999) a Ia mermelada (Mona Lisa, 1999), del ketchup (Jackie al ketchup) a diversos tipos de pimientas y especias (Marilyn), clavos, tierras, desechos, alambres, hilos, telas y papeles para las flores fotografiadas. La antropofagia brasileña retomada y corregida por Muniz es domesticada en un procedimiento de alquimia gustativa que es, ante todo, un juego de espejos y espejismos. 

En este trabajo de elaboración artesanal en el que el tiempo es un factor decisivo y donde el acto de destrucción permanece secreto e intimo, Vik Muniz busca una dimensión pictórica, a Ia vez que intenta fijar, doblemente, lo efímero. El interés de Vik Muniz por Ia materia es esencial, ya se trate de imágenes del gusto (Galería Xippas) o de Ia nostalgia (las flores sobre papel o tela en Ia Caja de Depósitos) o de series en clavos o hilos (Centro Nacional de Ia Fotografía). Mejor trabajada para ser absorbida, aniquilada o transgredida, Ia materia es siempre el fundamento (el soporte esencial) de su trabajo preliminar y el vehículo de Ia dimensión física de Ia imagen-objeto. En el Centro Nacional de Ia Fotografía, los cojines "dibujados" con clavos en Ia serie Durer’s Pillows (1999) y Pictures of wire (1993-1997) son sobre todo "objetos de su afecto". Son como signos de lo cotidiano, fugaces y cambiantes, modificables e intercambiables. Vik Muniz retoma temáticas universales (Vanidad) o ligadas a Ia tierra y Ia vida (serpiente, reloj de arena). Para Ia serie Pictures of thread (1995), el artista escoge siempre paisajes emblemáticos e identificables de Ia pintura histórica (Monet, Corot, Ruisdaël), que él trabaja a Ia manera de una visión en negativo a partir de Ia imagen esquematizada, de Ia que no retiene sino lo esencial. El hilo es tenso, enredado, enmarañado, desdoblado y tejido en nudos. Las fotografías de los niños de favelas (Aftermath, 1998) y las de Sugar Children (1996) evidencian una mirada enternecida del Brasil que él ha dejado para instalarse en Nueva York, y que sin embargo le resulta muy presente. La evocación de Ia infancia pasa por una suerte de beatificación de Ia imagen representada como una aparición, en una realidad irreal. Esta serie muy "matierista" (fotografía de desechos y detritus como fondo) revela una afectividad real hacia el tema, que confirma Ia opción de actitudes muy vivas, cuyo interés procede a Ia vez de su calidad estética y de su fuerza simbólica. 

Al insuflar poesía o humor en Ia elección de temas, construcciones o imágenes finales, Vik Muniz es siempre un sensible narrador de lo cotidiano, poseyendo Ia fineza de captarlo en pequeños toques. El marchitamiento de flores, concebido a Ia manera de un "facsímile" de un antiguo herbolario a partir de flores artificiales (tirajes magníficos sobre gelatina de sales de plata, Caja de Depósitos), es otra metáfora del tiempo, a Ia vez frágil, ligero y voluptuoso, refinado y fresco, con el que Muniz funda sus ficciones y otras simulaciones de Ia realidad. No tanto para perturbar, como se podría creer, sino para maravillar. 

CHRISTINE FRÉROT

Vik Muniz, por Christine Frérot | artnexus