Desde muy temprano en su carrera como artista —aún como estudiante de la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico—, Ramón Berrios se distinguió como un poderoso y original poeta tridimensional que lograba integrar con enorme efectividad una sólida educación en las artes visuales y una mirada estética arriesgada pero siempre seductora.
Cuando vi su obra por primera vez —hace ya algunos años—, supe que estábamos ante un artista que podía traducir mediante su singular abstracción las Ganas incontrolables que definen nuestra vida y las Caídas y los Vacíos terribles del cuerpo y del alma que marcan este corto pero espléndido camino que nos ha tocado andar.
Durante su trayectoria como escultor, Ramón Berrios ha trabajado la madera, el metal, la piedra y el cemento con pasión y originalidad, combinando la esencia del modernismo y la abstracción —desde Brancusi, Boccioni, Arp, Moore y Noguchi— hasta los más interesantes elementos de la geometría y el erotismo postmodernos.

Su producto final, ya sean enigmáticos tótems, sus fantásticos cuerpos o sus fuentes vitales, siempre nos acerca al eterno juego entre la materia y la idea, entre lo físico y la poesía. Sus obras pueden ser vistas como brillantes juegos donde el balance entre los Orígenes, la Belleza y la Poesía nos acercan tanto a la piel y a las ganas como a los vuelos más desconocidos. Sus obras pueden ser abrazadas como sublimes metáforas que nos recuerdan tanto lo más básico de todas las mitologías como a los geniales Heráclito y Parménides, Platón y Aristóteles, Foucault y Derrida.
Esta poderosa exposición es una noble invitación a que nos acerquemos a Ramón Berrios, a este joven pero complejo y genial escultor que ya le ha traído a Puerto Rico enorme gloria con sus éxitos internacionales, y que ha redefinido el futuro de la escultura en nuestra isla. Es también una invitación a que nos acerquemos a este creador en su soledad y en sus carnavales, a que nos acerquemos a este poeta tridimensional en sus libertades y en sus metáforas. En fin, a que nos acerquemos a sus preciosos y enigmáticos poemas sobre lo que es la Vida: viaje, deseo, ganas y posibles comuniones. Estamos frente a la obra de un joven escultor que en muy poco tiempo se ha convertido en un gran escultor.
Estamos frente a la obra de un original poeta tridimensional que está conversando con la historia del arte, con su complejo subconsciente, con Eros y con Tánatos, con nosotros, su pueblo: Puerto Rico y el mundo. Estamos frente a la obra de un artista que cree en la belleza y la metáfora. Estamos frente a la obra de alguien que entiende la Materia y el Viaje.
En esta importante exposición, que el joven maestro Ramón Berrios (y no tengo ninguna duda al llamarle maestro desde ahora) ha decidido titular Cuerpos líticos, vemos a un escultor verdaderamente maduro y totalmente convencido de su visión estética.
Después de cinco años de arduo trabajo, donde ha sido invitado a participar en prestigiosos simposios y certámenes de escultura en Corea, Perú, Uruguay, Argentina y Bolivia, Ramón Berrios nos presenta un grupo de impactantes y hermosas esculturas donde demuestra tanto su total dominio del medio como un asombroso lirismo.
Estos poemas de vida donde Freud y Jung (y, claro está, Dioniso) están tan presentes son fascinantes espejos de lo que verdaderamente somos: magníficas e irrepetibles Fuerzas en busca de distintos tipos de Comuniones.
MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA
