Si algo ha destacado la obra de Pedro Terán, aparte de la originalidad de sus propuestas, es su elegancia y sobriedad. Sean éstas acciones en vivo, instalaciones, intervenciones en el espacio, siempre priva el sello personal. La contundencia de sus piezas radica en la inexistencia de fisuras, tropiezos u ornamentos innecesarios, que se podría entender como una de las características más notables de su trabajo.
Poseedor de una sólida formación académica, iniciada en Venezuela y concluida en Roma y Londres, Terán es uno de los artistas que ha sabido interpretar y entender el contenido espiritual y ritual de los primeros pobladores de nuestro vasto territorio. El respeto por los mitos y tradiciones siempre ha sido la clave de su trabajo. Por ello podríamos afirmar que en Terán lo ritual no es un pretexto para crear; por el contrario, su obra entra en escena desde el mismo momento en que él, como sacerdote o chamán, recurre a los elementos de la naturaleza para rememorar situaciones y rituales siempre presentes.

La reciente exposición presentada en la Sala Alternativa de Caracas, bajo el nombre de Híbrida, compendia una serie de ensamblajes en los cuales lo objetual está ahora presente pero, a diferencia de los ensamblajes de artistas como Mario Abreu, Miguel von Dangel o Carlos Zerpa, las piezas de Pedro Terán carecen de toda carga violenta. Las obras presentes en Híbrida son más sensuales que grotescas, menos agresivas, y contienen una carga íntima que las destaca sobre cualquier anécdota.
Otro de los aspectos notables en esta propuesta es ver cómo Terán, con la mayor fluidez, que sólo es posible por el nivel de madurez del que goza, se enfrenta a nuevos formatos y medios para continuar ese diálogo iniciado hace ya tanto tiempo y que no se agota. Series anteriores como Manoa, El Dorado, los territorios inexplorados de nuestras grandes selvas, siguen ofreciendo al artista material para seguir indagando y explorando, esta vez con nuevos medios y soportes.
Es así como Terán realiza una suerte de vitrinas de delicada factura, que acogen imágenes, objetos, plumas o piedras; a simple vista difíciles de identificar pues todas están resguardadas por una especie de tamiz que nos atrae y nos revela situaciones ocultas. Son veladuras que sugieren umbrales o nuevos espacios donde se perpetúan rituales y hechos de la historia de nuestras antiguas civilizaciones.
En Híbrida se refuerza la condición de artista integral que es Terán, quien al incorporar los elementos propios de sus instalaciones señala una sobria fusión entre lo tridimensional y los recientes ensamblajes.
ANITA TAPIAS
