Ovillo sin punta, puntada sin hilo. Lejos de la piedra, el metal o la madera, Marina de Caro teje, cose y borda increíbles esculturas flexibles con tejidos multicolores. Fáciles de guardar, baratas para realizar, la mayoría de las piezas de Ovillo sin punta—la muestra exhibida en Gara que despidió al siglo XX e inauguró el nuevo milenio—aparecen como fantásticas y multiformes criaturas, sin nombre o guión alguno.
De Caro se empeña actualmente en un trabajo que carece de una línea única, pero que por sobre todo gira en torno "a estructuras orgánicas que se abren al cuerpo y a otros objetos". Es que, según el soporte o el abandono con que se los trata, los tejidos adoptan formas múltiples y poco ortodoxas. ¿Las figuras resultantes son alucinadas o mansas apariciones, están al borde de la disolución o constituyen el futuro, están cerca de la moda o se enfrentan a los clichés de lo femenino?

La muestra, organizada como una instalación—con alrededor de 30 objetos de 20 centímetros de promedio y tres piezas, figuras grandes de hasta tres metros de alto—, promueve más preguntas que respuestas. Es que, a simple vista, las multiformes, coloridas y mínimas figuras parecieran representar un muestrario de tejidos, un catálogo de juguetes poco convencionales o una colección de ropa para chicos. Las inusuales obras se entrecruzan con la vestimenta y la moda.
Un recorrido entre las esculturas grandes y una mirada más cercana de los elementos pequeños permiten que aparezcan algunas preguntas interesantes. La preocupación por la estructura se halla igualmente presente en las formas blandas sobre soportes firmes, como en los tejidos contrahechos o en los que fueron embutidos en frascos y copas de vidrio transparente. ¿Existe un juego entre el adentro y el afuera? La artista, licenciada en Historia del Arte y durante años perteneciente a la cátedra de diseño de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, construye sus piezas sin plan previo. Crea un tema para sus obras después de realizarlas. Las estructuras de hierro tradicional ofrecen una posibilidad, pero otro patrón suele ofrecerlo el azar. La cantidad de metros tejidos es otra medida que en ocasiones hace florecer o distorsionar la línea de cualquier diseño imaginado por la artista. Lejos de los procesos digitales, tan utilizados actualmente en el escenario local, De Caro hace uso de la libertad intelectual reinante y se dedica a algo tan antiguo como el tejido: ¿por qué está vinculado con lo femenino? ¿Por oponerse a la tecnología?
Las clasificaciones resultan estériles para hablar del trabajo de Marina de Caro, que comenzó a exhibir dibujos en 1981 y que acaba de ser distinguida en primer término en el III Premio Fundación Klemm de Pintura 1999 con 2002 - 2 x 1. El título de la obra encierra una explicación. 2002 son la cantidad de rayas del tejido montado sobre una tela, del paisaje abstracto verde y negro que resultó ganador. 2 x 1 indica que son dos obras en una: debajo del paño que se ve, se encuentra una tela pintada exactamente con el mismo diseño del tejido "porque si no se trasluce". ¿Apariencia revelada, apariencia velada?
La artista, que participa en Buenos Aires de la Beca Kuitca, sigue dibujando y a la vez explorando la aventura del tejido, porque—dice—cada idea que asocia con esa técnica "es maravillosa". Es que, en realidad, su trabajo comenzó como diseñadora de ropa de goma y tejida con una "Lady Tricot, con accesorios".Tarea que se tradujo en conceptos antes que en productos industriales. El resultado: una serie de performances con prendas al filo de la desaparición. Parecidas, pero diferentes de sus figuras mutantes que sugieren y expresan una sensibilidad muy actual.
Las obras pequeñas, especialmente, se presentan apelando a los sentidos del que mira, del que las manipula, del que las forma, ampliando su espectro de intereses. "Estos objetos orgánicos recuperan la memoria sensitiva del espectador", dice la artista, reclamando su participación frente a una contemplación pasiva. Si se tira de un hilo, la obra se desintegra. ¿Lo efímero por lo efímero?
Lejos de cualquier relato—"detesto lo narrativo"—, la obra de De Caro lleva la ambigüedad como estandarte. La artista sostiene que lo suyo no es un mero entretenimiento. "Aun cuando hay algo lúdico en mis investigaciones, mi trabajo con el arte es un compromiso". Mientras que, para algunos, su obra se traduce en algo superficial y decorativo, para otros, sus humildes objetos o grandes esculturas son un reflejo de esta época y, por lo tanto, sólo vehículos fieles de un momento de nuestra historia. ¿Arte por el arte?
En ese sentido, el trabajo de De Caro, junto al de otros artistas argentinos de estos días, se inscribe en una tendencia que no parece mirar al pasado ni a su entorno como fuente de polémica o de inspiración. Pareciera repleto de símbolos privados, distante de cualquier posición social y del necesario debate cultural. ¿Ovillo sin punta, puntada sin hilo?
VICTORIA VERLICHAK
