La memoria es una disposición, una capacidad o una facultad para resguardar los momentos sensibles; de esta manera, la voluntad interviene para que los recuerdos se fijen y no se pierdan en el pasado. En este sentido, el título de la exposición de Marcos Kurtycz, celebrada en el Museo Carillo Gil del 17 de noviembre de 1999 al 13 de febrero de 2000, juega con múltiples significados, se refiere tanto a la fascinación del creador por la memoria como a una obra realizada por el artista, que se encuentra en el MoMA, pero también a la memoria que encierran los documentos, y que en este caso permiten recordar la producción de Kurtycz, en la primera retrospectiva póstuma del artista.
A mediados de la década de 1950, el arte en Europa se radicalizó en su desmaterialización. Es decir, los artistas se abocaron a crear obras no objetuales con una gran carga conceptual, que derivaron, algunas veces, en lo que hoy conocemos como arte efímero. Lo efímero conlleva la idea de una temporalidad pasajera, de una brevedad que tiende a su desaparición temprana. El arte efímero plantea este estado desde su concepción, como una condición interior de las obras. Tal es el caso del performance, en el que la documentación se convierte en la memoria de la acción.
A través de videos y fotografías de los performances, encontramos un discurso conceptual de recorridos. La rueda es el paseo urbano de un gran círculo que simula el espectro cromático de Newton. Exprocesión es la caminata con paso musical de 40 personas hacia una galería, y la exposición de 40 lienzos por las calles de Guadalajara. Laberinto recuerda la temporalidad corporal a través de un espacio desconocido donde intervienen distintas actitudes emocionales, dentro de las trampas espaciales sugeridas por el artista. En esta obra existe un sentido lúdico —que se inicia en la entrada del laberinto— que precisa una disposición —por parte del espectador— en el cambio dimensional con la realidad. El aire, la sucesión, la secuencia, el tiempo y el espacio están determinados por la posición, el tamaño, el volumen y el recorrido que marca la obra, modificando así la percepción material con la misma.
Otro tipo de performances son los que se refieren al cuerpo como personaje principal del discurso. El cuerpo, por una parte, es la materia de la que todos participamos, sin ningún significado a priori, y por otra, es un terreno donde la violencia, la comunicación (o incomunicación), la sexualidad, lo étnico y religioso se manifiestan en toda su agresividad. En Persona, un maniquí sustituye al ser deseado en la desolación de un cráter volcánico. La persona deviene en objeto, creando, entonces, una confusión entre lo visto y lo dicho.
Pasión y muerte de un impresor es una de sus varias manifestaciones, en las que el cuerpo sufre cambios ante la mirada confusa del espectador. La vida se convierte en ficción y los eventos que suceden a la acción devienen en un angustioso estar frente a la muerte y la resurrección.
Por otra parte, existe una fascinación por los colores, evidenciada en Lucíferos, en la que una serie de luces navideñas muestran sus tonos disminuidos bajo una hoja de acrílico blanca que, a su vez, se relaciona con la música de Philip Glass. Juegos de papeles la experimentación con distintas formas y colores que recuerdan flores, serpientes o estrellas en papel. En algunos de sus proyectos de Land Art, existe esta misma atracción por los volúmenes, las formas bidimensionales, los espejos, las luces y los colores, que iban a servir para hacer algunas intervenciones en el desierto de Hidalgo, y que nunca se llevaron a cabo.

Las ediciones de artista son para Kurtycz el soporte espacial contenedor de ideas. A su llegada a México trabajó como diseñador gráfico, donde encontró una beta de expresión que explotó a lo largo de su vida. En 1984, realizó un libro por día e incluyó cuatro acciones en distintos lugares de la ciudad. Libros gemelos son dos libros en los que las hermanas galeristas Pecannins hacen pasar las hojas entre sus piernas, en la sustitución sexual por el objeto.
Las Bombas fueron un medio de intromisión, utilizado por Kurtycz para amenazar, en el caso de una galería en Polonia; expresar su enojo con alguna revista y demostrar su amistad con Felipe Erhenberg, por medio de cartas.
En 1991, Kurtycz realiza su obra Cambio de cara, en donde mostró la mitad de su rostro paralizado, debido a una intervención que le realizaron por padecer una enfermedad en el nervio facial. De esta manera, el performance en Kurtycz es el resultado de una experiencia introspectiva revelada en acción. En su obra con fuego en Puerto Vallarta, Laberinto en Pensilvania, Agua que arde, Maquiladora de serpientes, Cambio de cara, y a lo largo de todos sus performances, encontramos una acción convertida en ritual. El ámbito de la cotidianidad se convierte en motivo y en el tema central de las acciones de Kurtycz, en el que el performance surge como el lenguaje interior de sus expresiones, dejando en nuestra memoria los documentos después de su muerte.
JIMENA MARTÍN
