Exposición Individualabr 2000 - jun 2000· Por Mary Schneider Enríquez

Luis González Palma

Throckmorton Fine Art, Inc.

Los once años de imágenes en medios mixtos presentadas en esta exposición por el fotógrafo guatemalteco Luis González Palma demuestran un cambio gradual en su obra. Sus inquietantes retratos de individuos de ascendencia maya han evolucionado, desde diversas piezas táctiles trabajadas a partir de capas de acetatos traslapados, papel y textos hechos a mano, hasta las recientes armonías nítidas que equilibran la fotografía con cuadrados de fondo coloreado y un objeto elegantemente colocado. El perturbador dolor y el misterio evocados en sus retratos de rostros orgullosos e impasibles, de la década de 1990, no están presentes en su última obra. 

En una fotografía de 1990, Portrait of a Boy, la cabeza de un niño que lleva puesta una corona de espinas nos mira fijamente a los ojos desde un fondo reconstruido, con los bordes rasgados y doblados y la superficie bruñida por pinceladas de aceites y betún. Adherido a la parte superior de la arrugada fotografía hay un pedazo de papel lleno de escritura, dando la impresión de que esta obra se recogió del baúl que alguien guardaba en el ático. La cara del niño y la segunda imagen que muestra a la izquierda la mitad de su cabeza proyectan una extraña familiaridad, como si fuera alguien a quien hemos visto en nuestros viajes, o bien, lo reconocemos por su corona de espinas y su tranquila fortaleza, como un líder cristiano y también guatemalteco, una figura maya que ha soportado la represión con determinación y dignidad. 

Exposición Individual: Luis González Palma — imagen 1
Luis González Palma. Retrato de niña, 1990. Fotografía y técnica mixta. 58,4 x 15,5 cm.

González Palma coloca reiteradamente con sus modelos evocadores símbolos culturales y religiosos latinoamericanos, dándoles a sus retratos en medios mixtos un simbolismo con frecuencia enigmático. Ocasionalmente, su inferencia es clara, como en INRI 1994, en la cual un niño que está parado en una sombra sepia sostiene ante su cuerpo desnudo una escultura tallada de Cristo, clavado sobre una cruz que llega basta la nariz del niño. Sus manos sostienen el crucifijo ante él, y sus luminosos ojos se fijan resueltamente en los nuestros, desafiándonos a cuestionar lo sagrado de la visión. En general, este tríptico transmite la impresión de un daguerrotipo del siglo XIX, con su tema solemne, los bordes ásperos de las tres copias, y los cálidos tonos sepia y castaño que difieren ligeramente en cada impresión, bañando el retrato en misticismo. 

En contraste, a la obra reciente de González Palma le falta la complejidad visual de sus aparentemente envejecidas y afligidas imágenes de sus primeros trabajos. En Héroe, 1998, por ejemplo, un niño está envuelto en una capa y lleva sobre el pecho una enorme estrella encerrada en un círculo, y en los extremos superiores hay dos pequeñas fotografías redondas de trofeos cosidas en perfecta alineación. Este retrato clásico de González Palma está tan nítida y cuidadosamente transferido, y el rostro y la pose del niño son ahora tan familiares, que la fotografía no resuena. En forma similar, América, 1999, equilibra elementos visuales en una composición armoniosa y casi predecible. Su formato preciso, un gran cuadrado de 100 x 99,5 cm, dividido en cuatro cuadrados más pequeños, crea una impresión asombrosa aunque poco interesante, en especial, debido a las numerosas obras similares que él ha concebido. Los dos cuadrados inferiores están recubiertos de reluciente hojilla plateada; el cuadrante superior izquierdo presenta la cabeza y los hombros de un apuesto adolescente que mira fijamente al espectador, un tatuaje de un corazón con estrellas y franjas y, sobre la frente del muchacho, un estandarte en el que se lee: "América". El cuadrado de la derecha está pintado de rojo y luce una pequeña corona, similar a la que utilizan las deidades o los santos. Aunque las imágenes de González Palma siguen llamando la atención, sus fotografías recientes decepcionan, pues parecen reiterativas ante sus obras de años anteriores, ricas en evocación. 

MARY SCHNEIDER ENRÍQUEZ

Luis González Palma, por Mary Schneider Enríquez | artnexus