La lógica del trópico, la última serie de Juan Antonio Roda exhibida en la Galería de El Museo desde fines de noviembre hasta comienzos de febrero, por la contundencia de su factura parece actuar como un gesto afirmativo que incita a que miremos de manera retrospectiva el proceso que se ha llevado a cabo en su producción desde su regreso de España. A partir de la serie Flores (1987, en la Galería Garcés Velásquez), se comienza a imponer la imagen de Roda como pintor, y desde la serie titulada Montañas (1993, en la Galería Garcés Velásquez), como él mismo lo señala, a través de la pintura comienza a incursionar en el tema del paisaje: "Yo asocio mis cuadros, y eso está muy claro en los nombres que he puesto a las series, con el paisaje. He hecho la Tierra de nadie, he hecho Montañas, he hecho Las ciudades perdidas. Todos títulos de paisaje. No es el paisaje de una persona sentada mirando al frente, sino la idea que uno tiene del paisaje: una profundidad, una atmósfera, unas cosas que están cerca, unos signos que te llevan de unos a otros y van creando un clima". Se trata de un paisaje que poco o nada tiene que ver con el problema de la representación; por el contrario, en él, Roda se aleja del mundo objetual se aparta de la anécdota, de los detalles que puedan presentar la apariencia de la naturaleza, para acercarse a los problemas de la pintura abstracta y expresiva que, en virtud de unos cuantos gestos vitales y del uso del color dan lugar a una atmósfera y a un clima que se extienden sobre la superficie de la tela afectando visual y emocionalmente al espectador. El paisaje entendido en esos términos, parece, se ha convertido en una especie de pretexto que le permite a Roda afirmar insistir en una postura y una actitud ante el arte, específicamente, ante la pintura.

La lógica del trópico viene a sumarse a dicho conjunto de series, y además de compartir con éstas el tema del paisaje, subraya con insistencia, desde el título mismo, una pasión por lo impulsivo, un interés por aludir a un nuevo orden, que ya se anunciaba con vehemencia en la Tierra de nadie: "En general no creo en el orden, ni me gusta. El orden es un estado de cosas que tiene algo de imposición y de repetición. El orden que uno quiere hace parte de lo que la gente llama desorden. Pero yo no diría que es desorden. Lo más importante son las ideas desordenadas, los impulsos. Lo que uno quiere contar nunca es esto o aquello, es una cosa entre esto y aquello, que ojalá vaya mucho más allá."
Las veinte pinturas y los dos dibujos que conforman esta nueva serie que fue elaborada de 1997 a 1999, en su búsqueda de un "nuevo orden", el orden de los impulsos, parecen obedecer a una fuerte voluntad pictórica que ha estado siempre presente en la obra de Roda, voluntad que en los últimos años, tengo la impresión, pugna por afirmarse a través de una acción reiterativa que obstinadamente cubre la superficie de la tela con grafismos, manchas y colores, y lo hace con tal fuerza y vigor que, al recorrer la sala pasando de una pintura a la otra, en la reiteración del gesto, resulta inevitable escuchar los ecos de sus series anteriores, pero al dramatismo de Montañas, a la desenfadada libertad de Tierra de nadie, y a la absoluta sinceridad de sus Pinturas (Garcés Velásquez, 1996), se suma ahora una especie de "terquedad", pero entendida en el buen sentido, en el sentido de una voluntad irreductible que en un acto decidido y definitivo pasa por encima de cualquier convención para afirmar la existencia de una lógica vital que tiene que ver con las fuerzas ordenadoras del trópico, y según Roda, "Trópico es exuberancia, es luminosidad y es confusión. Trópico es el lugar en el cual la pintura se permite ironías, juegos, exaltaciones y tristezas, algún toque dramático, y se permite, sobre todo, ordenar un desorden y desordenar un orden"*. Es así como la voluntad pictórica de Roda encuentra otro momento contundente, significativo y oportuno en ese agitado choque de grafismos cromáticos que conforman La lógica del trópico.
*Todas las frases citadas son de Juan Antonio Roda y han sido extractadas del catálogo La lógica del trópico, que se publicó a propósito de la muestra.
MARTA RODRÍGUEZ
