Exposición Individualabr 2000 - jun 2000· Por Carol Damian

Glexis Novoa

Galería Ambrosino

En el espacioso ambiente de Ia galería alternativa de Ambrosino en Miami, Glexis Novoa tuvo Ia oportunidad de crear una instalación de pinturas, dibujos y objetos que podrían existir como entidades separadas, pero adquieren una prominente presencia conceptual cuando se les ve reunidos. La ideología conceptual que inspira su obra se basa en Ia fusión artística de elementos geométricos/matemáticos, en relación con los que son humanos/orgánicos. Sus precisos y ahora bastante familiares dibujos tienen una cualidad arquitectónica que sitúa el tiempo y el espacio en el terreno del presente, mientras los ritmos curvilíneos de otras formas, incluidas las que se encuentran en Ia palabra escrita, hacen referencia a Ia nostalgia del pasado y Ia tecnología del futuro. Es como si estuviéramos presenciando los dos lados de una personalidad que lucha por afirmar su propia identidad en el tiempo y también en el espacio. Sus obras se deben interpretar de izquierda a derecha, del interior hacia el exterior, de lo efímero a lo sólido y constante. Esta exposición invita al espectador a caminar por su gran espacio cavernoso y utilizar Ia pared como un texto o guía para ligar los diferentes medios. Las obras están cuidadosamente arregladas a lo largo de una línea del horizonte que también puede extenderse como un dibujo a partir de una imagen, para indicar Ia presencia del artista, a Ia vez que invoca Ia fragilidad o temporalidad de Ia evidencia artística, que desaparecerá cuando esta exposición se desmonte y Ia pared sea preparada y pintada para Ia siguiente. 

Exposición Individual: Glexis Novoa — imagen 1
Glexis Novoa. Paranoia, 1999. Acrílico y grafito sobre lienzo. 104 x 132 cm. Foto: Mark Koven.

La pared ha sido por mucho tiempo el cómplice amigable de Glexis Novoa, y sus obras más provocativas son aquellas que dibuja directamente sobre ella, o como extensiones de una obra en lienzo o papel sobre su superficie. Novoa tiene Ia notable habilidad de crear y recrear a partir de un tema central y adaptarlo a circunstancias únicas y diferentes, sin perder nunca el impacto del tema. Las paredes van más allá de ser simples superficies para exponer, y son transformadas en paisajes para su obra, que a menudo comienza como un paisaje o una marina, reales o imaginarios. Sobre uno de los muros, dedicado a La Patria, su viaje desde Cuba (cínicamente simbolizada por Ia imagen, proyectada en silueta, de un gigantesco monumento ruso) a Ia libertad en los Estados Unidos es presentado como una serie de objetos, dibujos y formas fragmentados. Las palabras dibujadas directamente sobre Ia pared captan los restos de Ia retórica crítica empleada por años para describir su obra como ondulantes olas. Conectadas por Ia línea del horizonte del mar, las palabras y las formas se hacen autorreferenciales y cada vez más técnicas y futuristas. Coloreados parabrisas de automóvil contrastan con Ia delicadeza del grafito para completar Ia trayectoria personal del artista a Ia creatividad, a Ia vez que aluden al automóvil como el máximo icono y símbolo estadounidense del consumismo desenfrenado. 

Los coloreados parabrisas esconden y revelan otro enorme paisaje, como un continuo de fantasía que empezó con una impactante instalación que el artista realizó en Alemania hace unos años. Basado en una elevada estructura arquitectónica con manifiestas referencias al arte de propaganda socialista, el edificio aparece ahora al borde de un tranquilo lago que da paso al ambiente de palmas y botes de recreo de Miami. Esta escena es expuesta en confusas formas, como recuerdos capturados en burbujas que flotan y esperan reventarse, o reflejos en el ojo. El mismo lugar junto al lago aparece en Ia única pintura de Ia exposición, llamada Paranoia. Un gran lienzo, dominado por el rojo de un encendido crepúsculo, contiene una extraña torre de control con enormes lentes de una cámara saliente, cuya vigilancia perturba Ia tranquilidad de Ia escena. En esta exposición aparecen numerosas referencias al ojo. Hay uno hecho con una portilla, que transforma el objeto encontrado en una fuerza resplandeciente de dinámica universal. Otro dibujo grande de una imagen ocular se refiere a Ia eterna vigilancia del poder. Frente de vigilancia eterno toma prestados emblemas militares napoleónicos, fascistas y otros, pero está marcado por círculos concéntricos de cuchillos que rodean Ia pupila. A pesar de su belleza estética, esta forma con apariencia de joya, presentada de manera futurista, es tan amenazante como caleidoscópica mente fascinante. 

Grupos de pequeños dibujos están intercalados entre los objetos y marcas de las paredes de esta exposición, y merecen especial atención. El primer grupo de cuatro consiste en palabras tomadas de cartas escritas en Cuba por Ia abuela del artista. Glexis ha incorporado las cartas a varias instalaciones y piezas murales, y para esta pequeña serie empleó únicamente una selección muy personal de palabras, las cuales deja flotar en el espacio en los mismos patrones semejantes a olas, que aparecen como elemento consistente en toda Ia instalación de Ia exposición. A pesar de que son muy personales y nostálgicas, cualquiera puede estar relacionada con palabras como viejos, te quiero, tu abuelo, etc. Otro grupo, titulado Four Víews of a City, capta paisajes citadinos del pasado, presente y futuro en las cuatro etapas diferentes del día, y como si se vieran a través de una cámara de seguridad o desde una perspectiva singular. En estas escenas no hay personas, pero el personaje omnipresente que todo lo ve (el Big Brother), definitivamente está vigilando. Elegantemente presentada, con Ia precisión de un dibujante de arquitectura, y sombreada con un aterciopelado claroscuro, cada composición simétrica alaba y condena a los constructores de imperios de mundos perdidos y de los que se crearán dentro de poco. 

CAROL DAMIAN

Glexis Novoa, por Carol Damian | artnexus