Exposición Individualabr 2000 - jun 2000· Por Eva Grinstein

Enio Iommi

Galería Ruth Benzacar

Bajo el título Mis utopías vs. la realidad, Enio Iommi (1926) presentó una serie de piezas escultóricas recientes en las que ratifica el espesor de su mirada crítica. Iommi es uno de los más empecinados y lúcidos sobrevivientes de la generación que, a mediados de la década de 1940, introdujo el ideario del abstracto-concretismo en Argentina. Luego de realizar un aporte fundamental en la investigación de la espacialidad en la obra de arte, supo desligarse del mandato de la no representación—estandarte de la Asociación Arte Concreto-Invención de la que formó parte—, y recuperó la potencia discursiva que se ha convertido en su marca. A partir de la década de 1960, su obra toma objetos y materiales desechables para expresar una intransigencia política que, hoy, lo convierte en uno de los más corrosivos artistas argentinos. 

En su anterior serie, El espacio como forma, Iommi proponía un exquisito viaje hacia el interior de diversos utensilios de uso cotidiano. Mediante disecciones operadas sobre piezas de vajillas y recipientes de aluminio, reformulaba las nociones de fondo y figura, adentro y afuera, disponiendo los fragmentos de acuerdo con otros órdenes, producto de su imaginación y no de la funcionalidad. En su nueva presentación, el recurso del destrozo es retomado aunque mucho más crudamente. Como si su malestar cultural hubiese ido en aumento; ahora no sólo corta las piezas, sino que las derrite con fuego y ensucia con alquitrán. 

Exposición Individual: Enio Iommi — imagen 1
Enio Iommi. Mis utopias vs. realidad, 1999. Acrílico y plástico. 55 x 55 cm.

El punto inicial de esta nueva serie es una obra de 1947, Cuatro volúmenes transparentes, recuperada para esta exposición. En aquella pieza correspondiente a la etapa de auge del racionalismo abstracto, Iommi se valía de un grupo de objetos vulgares—pelotas de tenis gastadas—para realizar una composición espacial asentada sobre el volumen de las esferas y un vidrio recortado. Más de 50 años después de esa obra pionera, Iommi traslada al plástico una vocación de ruptura que no se dirige sólo contra el medio artístico-social circundante, sino también contra sí mismo. 

Renunciando a su propia capacidad de generar objetos bellos, el artista se convierte en una suerte de mártir: la fealdad de sus trabajos actuales transmuta composiciones perfectas en llamados de atención, en advertencias. Una catarata de tazas de loza hechas añicos y pegadas sobre un panel; tres baldes de plástico alineados que, a partir de la intervención del artista, testimonian el paso del esplendor a la decadencia. La invitación metafórica extrema sus condiciones: Iommi ha abandonado los eufemismos y dispara sin piedad sobre las exigencias esteticistas del mercado contemporáneo, sobre el decorativismo y la banalidad, sobre las relucientes superficies de los productos culturales hechos a la medida del lenguaje publicitario. Sucias de alquitrán, las utopías de Enio Iommi se imponen con una vehemencia brutal. 

EVA GRINSTEIN

Enio Iommi, por Eva Grinstein | artnexus