Exposición Individualabr 2000 - jun 2000· Por Miguel González

Elías Heim y Juan Mejía

Museo de Arte Moderno La Tertulia

Tres grandes y ambiciosas obras hicieron parte de la exposición individual de Elías Heim (Cali, 1966), cuyo interés ahora se centra en lo museal y también en acotar sobre el riesgo y el peligro como situaciones. Nuevamente recurre a la poética de la máquina para hacer reflexionar no solamente en torno a la materialización de las ideas artísticas, sino en lo referente a las apreciaciones sobre algunos de los más álgidos dramas de la sociedad contemporánea. En esa línea de pensamiento y acción, ha ejecutado las tres instalaciones a partir de sus peculiares aparatos. 

Anomalías necesarias para mantener una isla desierta, se resuelve en cuatro grandes torres que al accionar sus respectivos motores inflan sendas bolsas de franjas amarillas y negras. Estas señales anuncian falsamente una pista inapropiada en el techo del museo, donde no sería factible aterrizar correctamente, dada la equivocada señalización. El techo y el círculo de aterrizaje incorrecto se pueden ver ilustrados en una fotografía anexa, titulada Anomalía en cubierta. 

Exposición Individual: Elías Heim y Juan Mejía — imagen 1
Elias Heim. Acariciador de paredes agujereadas, 1999. Instalación con metal y fibra de vidrio. Dimensiones variables.

La obra gesticuladora emite señales de ayuda, relacionándose directamente con la incertidumbre actual. El recinto museográfico se cita como isla. En ese sentido, se alegoriza, nutriendo dicho gesto con su capacidad de ser escenario de tránsito, albergue, y posibilita su carácter de lugar vigilado y permanentemente alerta. 

Otra de las obras se titula Cultivo de viento, aludiendo al mundo vegetal mediante movimientos mecánicos programados. El viento que no vemos pero que asumimos. Su gestión es reemplazada por el mecanismo que hace girar los pétalos metálicos. Las piedras pintadas de gris reiteran la artificialidad del conjunto e hibridizan la operación total. 

Exposición Individual: Elías Heim y Juan Mejía — imagen 2
Juan Mejía. De la serie Cadenas alimenticias, 1999. Acrílico sobre lienzo. 120 x 150 cm.

Acariciador de paredes agujereadas es una obra compuesta de tres secciones. En la primera máquina un gran brazo se desplaza y conduce a dar auxilio mediante suaves almohadillas a las paredes lastimadas del museo. Otra parte de esta misma obra está dedicada al segmento de las ventosas, unos succionadores de dolor que complementan la operación de cuidados a la arquitectura. Las ventosas tienen la función de extraer, y por sus conductos colocan el dramático mal en esféricos depósitos. La trilogía de aparatos se complementa con el recipiente de E. D. D. C. (Extracto de dolor comprimido). El artista propone un anaquel negro y nos presenta cuatro globos metálicos marcados con la sigla de su contenido. 

Estas alegorías sobre la soledad, los ámbitos vigilados, y las consideraciones en torno al dolor y al padecimiento continuo, no dejan de ser comentarios políticos que conciernen a nuestra peculiar situación y de la cual Heim se convierte en un testigo oportuno y eficaz. 

En otro recinto del mismo museo, Juan Mejía (1966) realizó dos instalaciones independientes, pero interconectadas, bajo el título Cadenas alimenticias, donde se relacionaban los ámbitos naturales con los procesados artificiales, la degradación de los mismos, y la representación equiparada a la realidad real y orgánica. 

Las instalaciones contenían pinturas con distintos argumentos (competencias, rivalidades, enfrentamientos, supervivencia, esfuerzo y vida). Además, un bestiario en distintos materiales (caucho, peluche, plástico) y la presencia de árboles, cielo y agua imitados artificialmente. En contraste, aparecen equiparándose las cajas y empaques, libros y periódicos, dispensador con agua real y alimentos en estado natural, como frijoles y arroz. Todo el proyecto busca enfrentar representación y realidad, ficción y verdad. Al tiempo que desea aludir a la memoria, el paso del tiempo, lo razonable, e incluso lo histórico. En esa correlación también se incluye el concepto de caducidad y las fechas de vencimiento. 

Hay una búsqueda metafórica sobre el destino y condición de distintos elementos que hacen posible nuestra existencia, haciendo énfasis en sus orígenes, manipulación, función y reciclaje, para ser reelaborado o reutilizado. Esa condición inevitable establece los vínculos de aceptación o rechazo, pues algunos procesos conducen a un estado degradado que se relaciona con basura o cualquiera de los ingredientes escatológicos. 

La elección de los iconos, su colorido locuaz, la intención juguetona y la malicia imperante en sus citas y apropiaciones nos revelan también datos sobre el peculiar sentido del humor para plantear problemas de múltiples lecturas. Juan Mejía nos suministra los datos, nos señala contrapuntos, ofrece antagonismos y deja planteadas las preguntas para invitarnos a reflexionar sobre las suspicaces existencias clandestinas o manifiestas de distintos fenómenos de nuestro entorno. 

MIGUEL GONZÁLEZ

Elías Heim y Juan Mejía, por Miguel González | artnexus