Se llevó a cabo la exposición Cinco continentes y una ciudad. Segundo salón internacional de pintura, dirigida por la artista plástica catalana, radicada en México, Martha Palau; esta muestra pudo visitarse en el Museo de la ciudad de México, edificio colonial enclavado en el centro de la gran megalópolis.
Los curadores de las diferentes secciones (uno por continente) fueron el sudafricano Clive Kellner, por África; el canadiense Bruce Ferguson, por América; por Asia y Oceanía el chinoestadounidense Gao Minglu; Marketta Seppälä, de Finlandia, tuvo a su cargo Ia sección de Europa; la de México estuvo bajo el cuidado de Cuauhtémoc Medina, y por último, la de México-américa fue curada por el artista-activista de Los Angeles, Daniel Joseph-Martínez, de quien no aparecen en el catálogo datos curriculares ni su nacionalidad, como en el caso de los otros cinco curadores invitados a esta versión.

Joven aún y llevándose a cabo apenas por segunda vez, este salón (que bien podría prescindir en el subtítulo de la palabra "pintura") ha dado cuenta de algunas de las piezas de más reciente factura creadas, en su gran mayoría, por los artistas pertenecientes a la generación de jóvenes que nacen en la década de 1960.
Owusu-Ankomah (Ghana, 1956) trabaja con algunos de los simbolismos místicos que nacen en los ricos sistemas de relación africanos y plantea, con una importante carga europea debida a sus estadías en Londres y Alemania, donde reside actualmente, una suerte de reiconificación de las usanzas africanas, peno revisitadas por el ojo contemporáneo que les otorga nueva lectura, sin despojarlas de su identidad tan claramente evidenciada en obras como Emmaus, de 1997. En ella, tres personajes (¿si acaso el mismo repetido?) de rasgos negroides aparecen en un fino dibujo al que, dentro de la anatomía humana, se ha creado un preciso triángulo que va en el pecho de los tres personajes y en la parte superior de la pieza.

Here I'am, say nothing (Soft Work For Complicated Needs), de Robert Youds (British Columbia, Canadá, 1954), nos presenta un atado de cojines, probablemente un sillón, que al ser anudado con cuerdas ha cambiado su habitual forma y recibido sobre sí algo de pintura que, aunado al resto del trabajo, lo alteran sustancialmente, otorgándole una nueva presencia. Sucede algo similar en algunas de sus otras piezas, en donde también recoge algunos de los objetos que cotidianamente nos rodean, y los transforma en lámparas (Goodbye-Light Painting es una de ellas) o, más precisamente, en "pinturas luminosas" que recurren al neón fluorescente y que sitúa, no sin malicia, en un muro.
Zhang Huan (nacido en 1965 en Anyang City, provincia de Henan, China, y residente neoyorquino) nos presenta una serie de fotografías en las que le vemos como receptáculo y motivo de su propia obra. Lamentablemente para él, cuando los visitantes a la exposición le miran con el cuerpo lleno de escritura oriental no pueden evitan referirse a la película de Peter Greenaway, The Pillow Book, en donde, también de manera magistral y plásticamente muy atractiva, los cuerpos humanos son utilizados para recibir sobre sí las palabras y las formas tan singulares de los grafismos orientales. Cabe anotan la gran fuerza contenida en su pieza 1/2 (#3), en donde, además de la escritura, un costillar de cerdo cubre también su cuerpo, que da la idea de rompimiento del adentro y el afuera, en una imagen de gran contundencia.

Zhang Huan también se muestra a sí mismo en fotografías de close up con la cara enjabonada y con su boca abierta. Dentro de ella, retratos aparentemente antiguos en tonos sepia nos dejan ver a sus familiares o a bebés. El fotógrafo y poeta venezolano Enrique Hernández de Jesús ha trabajado esta idea desde mediados de la década de 1980. Se muestra a sí mismo con la boca y los ojos sustituidos por fotografías de él mismo, familiares, senos o fragmentos irreconocibles de cuerpos femeninos u objetos diversos.
La sección mexicana es la que incluyó mayor número de participantes. Entre los nueve integrantes de este grupo se encuentran creadores de reconocida trayectoria. Vale destacan aquí el trabajo de Yishai Jusidman (México, D.F., 1963), de quien vemos una amplia gama de piezas que documentan los últimos años de su trayectoria pictórica. Infortunadamente la sala en la que se encuentra su trabajo da la idea (sin serlo) de una pequeña retrospectiva. En fechas recientes pudimos ver una espléndida exposición suya en el Museo Carrillo Gil y obras de su autoría en casi todas las colectivas relevantes de los últimos años. No era necesario este exceso, mucho menos tratándose de uno de los creadores cuya obra es tan ampliamente conocida.

Gabriel Kuri (México, D. E. 1970), uno de los creadores más propositivos de su generación, participó con trabajos que denotan la fructífera cercanía con Gabriel Orozco. Árbol con chicles, que es una fotografía en color, es una de las piezas más logradas. Labró, en otra obra, las palabras "a la brevedad posible", frase muy de la usanza epistolar mexicana y en especial de la correspondencia burocrática. Esta temática de retomar los detalles denotativos de la oficialidad, y a partir de sus vicios de lenguaje y sus rituales de relación hacen una obra, exige más que inteligencia para no caer en la chabacanería y rayar en la burda constatación de lo que ya en sí mismo no tiene sentido. Kuri ha sabido arrancar aquellas palabras y gestos con humor amargo y mordaz, lo que sitúa su obra en un terreno que a muchos incomoda, y que otros, mal y sin gracia, imitan con la esperanza de no escapar de los reflectores que en estos días están sobre esa generación de creadores.
Miguel Ventura (San Antonio, Texas, 1954, reside en México) ha sorprendido con su trabajo. Desde su primera exposición en México en 1979 en el Museo de Arte Moderno, y donde fue presentado por Fernando Gamboa como "La exposición del artista puertorriqueño Miguel Ventura", este creador ha transitado por caminos que apuradamente vaticinaban los trabajos que hoy vemos de su autoría.
The New Fuck Me Little Daddy House, es una instalación que incluye videos de animación por computadora y una casa-carpa de lona y vinilo con estructura tubular que se reproduce en el catálogo de la exposición. Los retratos de los bebés, a los que han sido alterados los ojos mediante la sobreposición de círculos de colores mientras su playera o camisola contiene textos diversos, son producto de un nuevo sistema de lenguaje diseñado por Ventura y que se somete a las reglas de su inventado NILC (Nuevo Consejo Interterritorial de Lenguas). Más que didáctico o críptico, su mensaje atraviesa con fuentes imágenes una zona en apariencia inofensiva y que, con rostros de largas trenzas postizas y bebés que sonríen sin poder mirar, se convierte en una iconografía que nos confronta y previene de lo que no conocemos ni podemos, en una primera mirada, leer.
Por último, en esa zona fantasmal que es México-américa, Ken González-Day (Santa Clara, California, 1964) presenta una exploración de las formas de la piel vista a corta distancia (¿con lentes macro?), y su relación con el asunto racial, su inserción o deserción de y en una sociedad que aprecia los valores de los blancos y segrega a quienes tienen pigmentos oscuros, etc. Ya con similares resultados, aunque con intenciones diferentes, la fotógrafa Silvana Agostoni se ha aventurado a la vista cercanísimia de la piel logrando, al igual que González-Day, placas en las que la dermis de pronto es un paisaje, un dibujo o un mosaico formado por infinitas variantes del pellejo humano.
Aunque es una exposición que tiene la mirada de curadores de diversas tendencias, Cinco continentes y una ciudad deja en el aire muchos debates y deja también muchas preguntas, y la sensación, al abandonan la muestra, es que se vio, de manera parcial y fragmentaria, sólo una muy pequeña parte de lo mucho que sucede tanto en México como en otras partes del mundo. También llega la pregunta obligada: ¿estamos ante las obras que verdaderamente están dando un vuelco a la lectura de "lo visual —objetual— conceptual" o simplemente nos atenemos a recibir, como a los grandes invitados, los trabajos de creadores no siempre lo propositivos y sólidos que quisiéramos y que esta exposición merece?
Un proyecto curatorial que abarque todo el año de exposiciones en ese museo sería altamente costoso, pero más lo es, así me parece, dejan de lado la constatación más amplia y detallada del acontecen plástico contemporáneo y abandonan la acuciosa investigación que en este momento se precisa de manera urgente.
SANTIAGO ESPINOSA DE LOS MONTEROS

