Carnegie International 1999/2000

Ernesto Neto. Desnudo plásmico, 1999. Nylon, arena, material elástico, lavanda. Dimensiones variables. Bonakdar Jancou Gallery.

Colectivaabr 2000 - jun 2000· Por Irene Hofmann

Carnegie International 1999/2000

Carnegie Museum of Art, Pittsburgh, Pennsylvania

Con el creciente número de magníficas exposiciones generales que están apareciendo en diferentes ciudades por todo el mundo —Venecia, São Paulo, Kassel, y Johannesburgo, para mencionar sólo unas pocas—, es cada vez más difícil para cualquiera de estas exposiciones diferenciarse de las demás. A pesar del hecho de que la versión número 53 de la Carnegie International incluye a muchos de los artistas que han estado haciendo el reciente circuito de bienales, esta exposición, no obstante, logró distinguirse tanto por la visión de su curadora como por la historia de su sitio. 

Curada por Madeleine Grynsztejn, esta International nos pidió que consideráramos sus obras en términos de un examen de lo real, lo que constituye la realidad o, en algunos casos, el desprendimiento entre lo real y lo ficticio. Aunque es un tema bastante amplio, este marco proporcionó un lente útil para considerar/reconsiderar la extensa gama de obras que Grynsztejn reunió. 

A pesar de que a veces se le considere una desventaja, el hecho de que la International haya sido instalada dentro de un museo desde su primera aparición en 1896 siempre la ha diferenciado de sus homólogas globales. Esta condición crea la posibilidad de que las obras aprovechen significativamente la historia, el edificio y las colecciones de la institución. Esta International utilizó esta circunstancia de manera particularmente exitosa. Más que obras simplemente específicas para el sitio, instalaciones como Delphine, de Diana Thater —que presenta una secuencia de video de delfines nadando, proyectada en el techo interior del Botany Hall del Museo de Historia Natural, contiguo al Carnegie Museum, infiltraron y emplearon a fondo el museo, en tal forma que respiraron nueva vida en un sitio escogido, a la vez que realzaron el potencial expresivo de una obra. 

Colectiva: Carnegie International 1999/2000 — imagen 1
Mark Dion. Sin título, 1999. Detalle. Instalación. Dimensiones variables. Estudio de Alexander Wilson.

Por ejemplo, una sucesión expansiva de siluetas de papel elaboradas por Kara Walker tuvo un albergue especialmente impactante en las paredes del balcón del gran Hall of Sculpture del Carnegie, en donde clásicas y estoicas figuras de mármol atestiguaron la polémica imaginería de relaciones de raza y narrativas de esclavos de Walker. Ocupando las decorativas galerías de arte del museo se hallaba la instalación de Mark Dion que conmemora al artista de fauna silvestre Alexander Wilson, bastante desconocido. Con una imaginaria reconstrucción del estudio de la selva realizado por Wilson, complementada con especímenes de aves del Museo de Historia Natural, artículos para arte y bosquejos dispersos, Dion presentó una visión ficticia de una figura a quien la historia ha pasado por alto. Construida dentro de una galería que Dion llenó con la colección de objetos de arte decorativos perteneciente al museo, y cuyo motivo son las aves, esta instalación presentó una fuerte mezcla de lo real y lo imaginario.

Extendiendo la noción de lo real a un compromiso del cuerpo y los sentidos se encontraban varias obras que invitaban al visitante a interactuar. Especialmente notable era Nude Plastic, de Ernesto Neto, un enorme ambiente de tela de nylon translúcido, del tamaño del salón, que tenía dos orificios por donde los asistentes podían pasar para explorar sus corredores, y la enigmática Ping Pong Table, de Gabriel Orozco, que invitaba a los espectadores a concebir y jugar su propio juego. 

Para esta visitante de la International, ninguna obra de la exposición plasmó el tema de la realidad mejor que la obra participativa de Janet Cardiff en la biblioteca del Carnegie. In Real Time era un recorrido audiovisual a través de la biblioteca, guiado por unos audífonos y una cámara que el espectador llevaba en la mano. Los participantes eran conducidos por entre las estanterías, hacia el segundo piso, y a través de las salas de lectura por imágenes de la biblioteca que aparecían en la pantalla y la voz de Cardiff en el audio. Las imágenes y los sonidos de la narrativa de Cardiff por la biblioteca estaban superpuestos a nuestras propias experiencias reales, desdibujando los límites entre lo real y lo ficticio con un efecto extraordinario. Mi propio sentido de la realidad se vio especialmente distorsionado cuando llegué a la sala de microfilms, en donde la artista hizo su aparición en la pantalla. Aparentemente nerviosa por el hecho de que alguien hubiera entrado a la sala, ella miró hacia la cámara y nos pidió que la apagáramos: la mía, en realidad, se había apagado, y viví un desconcertante momento cuando los empleados que custodiaban la sala, en persona, me observaron con la misma mirada nerviosa que mi anfitriona había mostrado antes en la pantalla. A pesar de que esta “realidad” final de mi recorrido fue causada por una batería que se había acabado (lo cual sucedió varias veces esa semana, según me contaron), supongo que esta misteriosa intervención de la casualidad en mi recorrido por la biblioteca le habrá encantado a Cardiff, porque a mí sí me encantó. 

IRENE HOFMANN

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