Exposición Individualabr 2000 - jun 2000· Por Félix Suazo

Carlos Mendoza

Galería MUCI

Casi todos los mitos del origen están relacionados metafóricamente con la figura del árbol como fuente de alimento, materia combustible o cobija. El árbol sostiene la idea de la vida; de aquello que se yergue perpendicularmente sobre el suelo, constituyendo un canal ascendente que enlaza el mundo terrenal con las regiones etéreas donde habita lo sagrado. Precisamente, éste es el eje en torno al cual gira la más reciente muestra individual del escultor Carlos Mendoza en la Galería MUCI de Las Mercedes de Caracas. 

La exposición reúne una serie de ensamblajes e instalaciones de sobria factura, donde se alternan la madera y la piedra. En estas piezas se mezclan los preceptos de la escultura brancusiana y ciertas reminiscencias del minimalismo. Cada módulo se injerta en el otro formando una estructura continua que sintetiza el rigor geométrico y los volúmenes orgánicos. De esta manera, el árbol mítico reencarna en la pulsión vital de la materia para transformarse en columna, obelisco o monumento. 

Exposición Individual: Carlos Mendoza — imagen 1
Carlos Mendoza. De la serie de esculturas en madera y piedra, 1999. Adonis, 190 x 37,5 x 22,5 cm; Génesis, 185 x 47,5 x 14 cm; Obelisco, 132 x 17 x 17 cm.

Ubicado en la tradición constructiva de amplia presencia en el ámbito nacional, la obra de Carlos Mendoza se caracteriza por incorporar a esta corriente una dimensión simbólica que incluye referencias de diversa procedencia. Ese diálogo cadencioso que se produce entre la racionalidad y el numen emparenta su trabajo con el proyecto universalista de la Escuela del Sur. En todo caso, la ruda apariencia de estas piezas representa la vuelta al origen, al momento que precede la caída de Adán y su expulsión del jardín bíblico, cuando Dios, la naturaleza y el hombre eran una y la misma cosa. No por casualidad, el artista utiliza el término principios para denominar algunos de los trabajos expuestos. Principios que no sólo remiten al génesis mítico de la vida, sino que también refieren a los fundamentos formales y constructivos de la escultura. 

Auguste Rodin escribió en su testamento artístico que "la vida surge siempre de un centro, luego germina y se despliega de adentro hacia afuera". Ese parece ser el principio que ilustra la poética de Carlos Mendoza. Todo lo demás —la textura erizada de la piedra, las vetas circulares de la madera, la sensualidad cromática de las diversas superficies— es la manifestación externa de una vida que late en lo recóndito. 

En suma, las obras que integran esta exposición pueblan el espacio, como las plantas imaginarias que habitan el jardín mítico de las culturas prehistóricas. Aun así, la alternancia de elementos vegetales y minerales plantea esa tensión de fuerzas opuestas que propicia la dialéctica de lo viviente. En ese encuentro entre el mundo orgánico y la naturaleza inerte de las piedras se fundamenta la perdurabilidad de la existencia. Tácitcamente, la propuesta de Carlos Mendoza implica el momento inevitable en que la materia, al transformarse en combustible, responde al frotamiento y produce la chispa que da vida.

FÉLIX SUAZO

Carlos Mendoza, por Félix Suazo | artnexus