Las pinturas e instalaciones de Adriana Varejão enfrentan al espectador con la realidad detrás de la apariencia, en términos visuales y culturales. La artista literalmente deja al descubierto lo que ella sugiere, y yace bajo la superficie de una obra de arte, y la vida aplastada por debajo de los edificios europeos impuestos sobre un pueblo. Varejão disecciona brutalmente los plácidos y aparentemente encantadores atributos físicos de la colonización. Por ejemplo, en su pintura Azulejada (De tapete en carne viva), 1999, acuchilla los azulejos portugueses que cubren su patria brasileña, revelando la ingente vida acallada bajo la superficie. En esta gran pintura esculpida, típica de Varejão, la madera cubierta con el lienzo soporta las ricas complejidades y la reluciente superficie de baldosas azules y blancas. Después de inspeccionaría más de cerca, uno se da cuenta de que es una superficie pintada, un artificio abierto por un corte tal que la «capa» de baldosas sobresale y ondula bajo el aparente peso de los sangrientos órganos y vísceras que se encuentran dentro y que son tan vívidos que parecen casi salirse a borbotones sobre el espectador y el piso de la galería.
En Carne Marinho (5 partes), 1999, Varejão literalmente les sirve las víctimas a sus opresores. La imagen pintada de un paisaje marino enmarcado aparece sobre un lienzo rectangular pintado de blanco. Tanto la vista del océano como su marco están presentados de plano, y el amplio lienzo blanco los rodea, dejando en claro que éste es un juego de palabras visual, una pintura literal de una pintura. Una laceración profunda empalma las envolventes olas del paisaje marino, y unas horriblemente vívidas y brillantes vísceras y sangre rojas se vuelcan del lienzo, cayendo sobre un plato real de porcelana azul y blanca que cuelga debajo de él. Además, pedazos de vísceras ensucian los cuatro diferentes platos azules y blancos colgados decorativamente sobre el paisaje marino.

Varejão hace un comentario menos truculento sobre el colonialismo en su instalación Equatorial Line III, 1999. Dentro de un gran lienzo blanco cuadrado, pintó dos pequeñas representaciones del mar, de diferente tamaño. Comenzando sobre el muro encima del lienzo, numerosas cuerdas de tono pálido caen como una cascada sobre la parte superior del enorme fondo blanco, y luego se apartan del lienzo para formar riachuelos sobre el muro y caer en cascada sobre el piso.
Atados a la corriente de cuerdas que caen de la pared al lienzo y de éste al piso hay trozos de cerámica blanca y azul. Esta atractiva instalación evoca el implacable aluvión de influencias colonialistas sobre una nación a la cual se llega por mar. Más allá del contenido temático está el puro e inesperado placer inspirado por una pintura que se desborda en zarcillos desde el muro para caer a los pies del espectador y seguir viva en su mente.
A pesar del hecho de que el visitante espera ciertas estratagemas visuales ricas e inquietantes en las pinturas e instalaciones de Varejão, la artista brasileña no decepciona. Ella afina su obra y desafía a su público. En Cacos e Peixes, 1999, concibió un vibrante mosaico mural que incorpora fragmentos de cerámica blanca y azul (en realidad, plástico pintado sobre lienzo) y segmentos de yeso azul. Un pescado plateado hecho con gran delicadeza aparece sobre varios parches de azul, como si nadara dentro del caleidoscopio de fragmentos táctiles. En efecto, la obra sugiere la titilante luz que se ve cuando se observa la luz del sol filtrándose a través de la corriente de un río. Dado el tema que la artista explora en su obra, no cabe duda que ésta transmite también el mensaje del mar contaminado por los escombros de los colonizadores portugueses. Al final, esto demuestra un aspecto de la habilidad artística de Varejão, su capacidad para sorprender al espectador con obras a la vez sutiles y estridentes.
MARY SCHNEIDER ENRIQUEZ
