El 5 octubre se inauguró en La Paz el Primer Salón Internacional de Arte, SIART '99, que ocupó los espacios del Museo Nacional de Arte, del Museo de Etnografía y Folklore, de la Escuela de Bellas Artes, la Galería del Viceministerio de Cultura y la Fundación Simón I. Patiño. El SIART restablece en Bolivia la práctica de realizar muestras de arte bienales, nacionales e internacionales, ya experimentada en el escenario contemporáneo por las bienales INBO de los años 1975, 1977 y 1979 y por las bienales del grupo Pacura de los años 1981, 1983 y 1985.
A la convocatoria del SIART '99 respondieron cerca de 150 artistas nacionales y extranjeros, presentando pintura, dibujo, grabado, escultura, instalaciones y técnicas no tradicionales". Se recibieron obras de Argentina, Cuba, Chile, Egipto, Holanda, Inglaterra, Israel, Japón, México, Panamá, Perú y Uruguay.

Un jurado local calificó 34 propuestas en pintura, 25 en dibujo y grabado, 16 en técnicas no tradicionales y 10 propuestas en escultura. Un jurado nacional e internacional otorgó los premios.
Además de la exposición de los artistas que concurrieron a los premios ofrecidos por Entel, Soboce, la Embajada de los Países Bajos y la cervecería Boliviana Nacional, hubo una muestra-homenaje retrospectiva de María Luisa Pacheco, artista fallecida en Estados Unidos a principios de la década de 1980, y una muestra internacional de honor en la cual participaron artistas nacionales de la generación de 1952, como Hugo Almaraz, Emiliano Lujan, Marina Núñez del Prado, Gil Imaná, Solón Romero, Alfredo la Placa, entre otros, y artistas extranjeros como Francisco Toledo, de México; Nemesio Antúnez, de Chile, Fernando Carballo, de Costa Rica; Moisés Barrios, de Guatemala; Carlos Colombino, de Paraguay; Oswaldo Guayasamín, de Ecuador, y Siron Franco, de Brasil, entre otros. Del 12 al 16 de octubre se desarrolló un seminario, que presentó un panel de reflexión sobre el arte boliviano contemporáneo.

El premio de pintura fue otorgado a Keiko González, de Bolivia, por su obra Su misma vaguedad. El premio de escultura, al artista León Saavedra Geuer, de Bolivia (obra Sin título). En la especialidad de dibujo/grabado se premió a Daniel Rosel Burgos, de México. Tras largas deliberaciones, el jurado decidió dividir el premio destinado a técnicas no tradicionales, otorgando el premio en instalación a Raquel Schwartz (Bolivia), por su obra Misses, y en técnicas no tradicionales, a Valia Caravallo (Bolivia), por su obra A la espera del príncipe encantado.
Hubo menciones en las diferentes modalidades para Marcelo Suaznabar (Bolivia), Mónica Packer (Uruguay) y Daniel Burgos (México), en pintura. Para Francine Secretan (Suiza, vive en Bolivia), Manuel Miguel Salazar, Johnny Quevedo (ambos de Bolivia), en escultura. Para Max Aruquipa, Alex Pelayo Ramos y Adriana Bravo, en dibujo/grabado. Para Tatiana Fernández y Diego Morales (ambos de Bolivia), en instalación. Para Osvaldo Cibils (Uruguay) y Ramiro Garabito (Bolivia), en técnicas no tradicionales. El SIART presentó al público, al lado de trabajos más convencionales, un conjunto interesante de propuestas ubicadas en el campo de las investigaciones contemporáneas. En este cuadro nos llamó la atención el trabajo de Valia Carvallo. La artista construye, con el uso de imágenes resemantizadas (su retrato en fotografía, los signos de la manzana y del zapato), un cuestionamiento del ideal femenino del príncipe encantado. Pone en evidencia así los estereotipos de feminidad presentes en el inconsciente colectivo.

La muestra-homenaje a María Luisa Pacheco fue aprovechada para destacar su gesta pionera y su contribución al cambio, y al enriquecimiento del arte contemporáneo boliviano. Radicada en Nueva York desde 1956, esta artista contribuyó al desarrollo del arte boliviano y colaboró en la organización de las bienales INBO. Formó parte de la entonces emergente vanguardia latinoamericana, junto con Omar Rayo, de Colombia; Mario Toral, de Chile; Julio Alpuy, de Uruguay; Rodolfo Anbularach, de Guatemala, entre otros. Integró una generación de artistas que introdujo el lenguaje abstracto en el arte latinoamericano. En la década de 1950, la obra de María Luisa Pacheco presentó características gestuales, trabajando los espacios con recursos de la materia. En la década siguiente, usó poco color y acentuó los valores de la materia en la construcción plástica. Este efecto fue disminuyendo al final de dicha década, cuando reintrodujo el color en su obra. Aunque dentro de la abstracción, aparecen en su obra referencias formales, una memoria del paisaje montañoso de Bolivia, y en los últimos años de su vida se evidencia la luminosidad andina, con el predominio del blanco.

La generación de 1952 en Bolivia es destacada otra vez en la Exposición de Honor. Esta generación es considerada responsable de la apertura hacia nuevos lenguajes. En la experiencia artística boliviana, es el momento de las rupturas impulsadas por un afán de renovación. Es necesario recordar que 1952 es la fecha de la revolución política y económica boliviana, la cual produce la reforma agraria, terminando con las relaciones gamonales en el campo, y nacionalizando las minas y el petróleo. Una de las innovaciones es la introducción de las tendencias abstractas, que muchos artistas absorben de manera especial, explotando, como María Luisa Pacheco, referencias formales del singular paisaje boliviano.
Otra es el surgimiento de posiciones militantes, de un arte social, comprometido, incluso con la práctica del muralismo, donde se adoptan técnicas formales de las primeras vanguardias del siglo.
El Salón Internacional de Arte 99 proporcionó la posibilidad de una confrontación de la producción boliviana contemporánea con la trayectoria histórica del arte del país, además de abrir un espacio para la confrontación con el arte extranjero.
LISBETH REBOLLO GONÇALVES

