Exposición Individualene 2000 - mar 2000· Por Victoria Verlichak

Juan Lecuona

Diana Lowenstein Fine Arts

En una temporada pródiga en muestras de nueva fotografía y arte digital, Juan Lecuona (Buenos Aires, 1956) se atrevió a exhibir, en Diana Lowenstein Fine Arts, su predilección por la pintura. Lecuona persiste. Pinta y realiza grabados en un clima artístico, como el porteño, que por estos días privilegia nuevos medios y que otorgó a esas expresiones un inusitado reconocimiento. En un giro de 180 grados, dos de las más importantes distinciones del tradicional Premio Fortabat fueron para obras digitales.

La muestra de Lecuona —a pocas semanas de haber logrado el segundo lugar en el Premio Costantini— desestima claramente cualquier tentación por las brillantes novedades, pasajeras estridencias y redituables escándalos.

Así, las obras que presentó tienen una apariencia cada vez más austera y despojada. Sin embargo, lejos de cualquier simplificación, el trabajo del artista parece ser cada vez más problemático. La complejidad estriba en la soledad y en la incertidumbre generadas en el espectador, debido a la escasez de datos en las telas, invitando a una visión con múltiples posibilidades.

Exposición Individual: Juan Lecuona — imagen 1
Juan Lecuona. El ángel de la nieve, 1999. Carboncillo, papel y acrílico sobre tela. 120x 170 cm.

Lecuona —que reparte su tiempo entre la neurótica Buenos Aires y la veraniega Mar del Plata— parece acudir nuevamente a algunos elementos básicos del oficio de su madre y su abuela, ambas costureras. En esta ocasión vuelve a retomar el uso de los moldes de ropa como parte del fondo de algunas de sus pinturas, sobre los que traza fragmentos o figuras femeninas no del todo estructuradas que, gracias al movimiento de la línea, lejos de presentarse con estática geometría, se revelan en un disimulado baile que guarda su propia lógica.

En estas nuevas obras el fondo se halla mezclado, pero no revuelto. Las telas comparten en contradictoria armonía una diversidad de texturas y colores. Una misma pieza posee sectores con patrones casi transparentes de "corte y confección" pegados sobre las telas — quizá insinuando una suerte de mapa en dónde marcar, limitar, pero también repetir, las ausencias— y planos vacíos pintados con un solo color.

Distorsionados e imperfectos, los fragmentos o bocetos de las siluetas femeninas que suele superponer —en esa imaginaria cartografía o en los fondos monocromos— parecen hablar de cuerpos que, paradójicamente, no están. Más allá de las intenciones del artista, sus trabajos —de apariencia y títulos festivos— pueden llegar a verse como metáfora del destino de los detenidos-desaparecidos de Argentina durante la última dictadura militar (1976-1984), un país poblado de cuerpos sin sepultura conocida.

¿Es así? Porque las 16 piezas de esta exposición aparecen repletas de indicios que no llevan a ninguna parte. ¿Esos moldes son instrucciones precisas para la manufactura de indumentaria, mapas de una ciudad sin nombre, marcas de tumbas invisibles?

Las imágenes de Lecuona prometen algo que en definitiva no entregan. Si en muestras anteriores —ha realizado más de 20 individuales y participado en decenas de muestras colectivas en América y Europa, con pintura, grabado e instalaciones— la suma de fragmentos descentrados disparaban el pensamiento hacia una posible reflexión, en torno a la preocupación por el cuerpo ausente y las heridas de una sociedad que no han cicatrizado, ahora los interrogantes son mayores. ¿Por qué surgieron esos planos de supuesta neutralidad? ¿Las figuras descompuestas, volverán a recomponerse? ¿El artista conoce, quiere un orden, o ni siquiera?

¿Las siluetas son espectros que bailan solos? La pregunta no es inocente y en el sur del continente esta frase tiene un significado cierto. En su gira por Buenos Aires, el cantante británico Sting dio a conocer Ellas bailan solas, un tema que alude a las madres de los desaparecidos. ¿Las figuras son gozosas sombras que prometen la felicidad? ¿Son vestigios de sueños de una sensualidad difícil de apresar?

Intrigantes y ambiguas, las imágenes no aspiran a fijar ninguna posición estética o política. En una primera mirada, se presentan mansas y sin mandato alguno. Pero estas obras crecen en la contemplación y, aun cuando eluden la revelación de cualquier significado explícito, es el ojo del que mira el que construye su propio relato. ¿Es que existe alguno?

VICTORIA VERLICHAK

Juan Lecuona, por Victoria Verlichak | artnexus