Johanna Calle

Johanna Calle. Juegos de infancia, 1998. Hilo y grafito sobre tela. 122 x 169 cm*.

Monografíaene 2000 - mar 2000· Por Ivonne Pini

Johanna Calle

entretejiendo realidades

Johanna Calle utiliza el juego y la ambigüedad para crear imágenes que nos enfrentan alegóricamente a la compleja situación social que vive el país.

Cuando se vive en un país con una guerra que deja más víctimas fatales que muchos de los otros conflictos bélicos contemporáneos, resulta lógico que esta compleja realidad esté presente en la obra de diversos artistas colombianos. Las formas de aproximarse al tema son diversas: hay quienes centran su investigación en lo político, en la memoria, en el erotismo o en la violencia cotidiana, optando por estructurar su obra en tal realidad de manera explícita, mientras que otros usan recursos más alegóricos. La violencia se experimenta entonces con una pluralidad vivencial que permite su abordaje desde diferentes niveles de significados, diversificando los enfoques y entretejiendo la esfera de lo personal con lo colectivo.

Monografía: Johanna Calle — imagen 1
Johanna Calle. Única instancia, 1996. Hilo sobre papel, grafito y MDF. 153 x 167 cm*.

Johanna Calle (Bogotá, 1965) se inscribe con sus pinturas y dibujos en el grupo de artistas que de manera incisiva y sutil se aproxima a la compleja sociedad colombiana. La década de 1990 se inició para la artista con un interés manifiesto por explorar las superficies, utilizando para ello diversidad de materiales y de soportes, como los plásticos y las telas que adhería parcialmente al bastidor, pintándolos por ambos lados con diferentes pigmentos para ver el efecto de frente y reverso, así como el comportamiento del material. Son superficies que funcionan como apertura y filtro a la vez, donde no hay referencias a situaciones concretas, sino a objetos que surgen a partir de recuerdos parciales, como si se tratara de reconstruirlos desde la esfera del sueño. Los insectos y otros bichos disecados que se adivinan refuerzan la ambivalencia del uso de los materiales. Pero lo que estas pinturas anuncian es la progresiva importancia que el dibujo adquirirá en su trabajo y el interés por situaciones no definidas que están por pasar y cuyo resultado final sólo podemos intuir. El ensayo con los materiales y con el suspenso de las imágenes sigue siendo indagado durante su permanencia en Londres1.

Monografía: Johanna Calle — imagen 2
Johanna Calle. Nombre propio, 1997-1999. Hilo y alambre sobre tela y fieltro. 80 x 98,5 cm*.

A su regreso a Bogotá el juego se vuelve tema de reflexión. Partiendo de objetos existentes, se problematiza la noción de juego desde diversas perspectivas: éste puede ser visto como recurso de aprendizaje —por ejemplo, la muñeca— pero también de definición de roles. Pequeños muñecos son manipulados, desarmados, vueltos a armar, pero las piezas no encajan, son fragmentos que se trabajan en la tela desde esa perspectiva. Las imágenes son el resultado de objetos previamente intervenidos por la artista, en un proceso anterior a la realización de la obra. Se registra entonces un muñeco abierto, cortado y recompuesto en un orden que no es el que estamos acostumbrados a percibir, de tal suerte que el inofensivo juguete se torna una nueva realidad, amenazante, agresiva, que simbólicamente representa lo que se vive en la cotidianidad del entorno. Las reglas del juego no siempre son claras y es frecuente que se modifiquen sobre la marcha. Ella utiliza esta subversión de reglas en la manipulación y reelaboración de los objetos, en la creación de mecanismos reales o inventados, y también aparece en el uso de los materiales. Rompiendo el orden tradicional (primero, carboncillo para dibujar, luego, óleo para pintar), Calle invierte la convención y dibuja con el carboncillo sobre el óleo, cada vez importa más que las líneas del dibujo tengan un papel relevante. En obras como Delatores (1996), los juguetes se inscriben en situaciones cotidianas, pero sin perder la ambigüedad. Si el muñeco abierto, manipulado, se torna amenazante, no lo es menos la imagen superior sacada de un inofensivo recetario de cocina tradicional donde se dan las indicaciones para rellenar un pollo. Al buscarle distintas posibilidades a una misma imagen, lo aparentemente inofensivo se vuelve atemorizante.

La indagación en torno al juego la fue llevando directamente a la figura del niño, pues de manera similar a lo que sucede en el juego, las reglas con él tampoco son claras. Comenzó trabajando con niños con malformaciones congénitas, apropiándose de las imágenes de libros o revistas. Registró problemas no demasiado evidentes, sino aquellos que se intuyen debajo de una apariencia de normalidad. Las reglas genéticas, como las del juego, no siempre son predecibles. Única instancia, 19962, es una obra representativa de esa búsqueda y de las nuevas experiencias investigativas que la artista asumía, utilizando otros recursos técnicos. Comenzó a coser pacientemente, con hilo sobre papel encerado, las figuras recortadas, volcándose decididamente a realizar obras que parten de hechos reales, primero las deformaciones genéticas y luego aludiendo directamente a la realidad nacional.

Monografía: Johanna Calle — imagen 3
Johanna Calle. Historias simultáneas, 1999. Acuarela y acrílico sobre MDF. 38.5 x 32.8 cm*.

En Territorios indelebles (1997) sigue bordando sobre papel o tela, involucrando además pintura y dibujo. Allí se trabaja un suceso aparecido en la prensa, que registraba el asesinato de un funcionario, y dos niñas asomándose al féretro, mirando con simple curiosidad un hecho que se les vuelve cotidiano. Los niños se convierten en víctimas indefensas de un conflicto que los involucra y parecería que la familiaridad con la violencia termina anestesiando la posibilidad de conmoverse. En Juegos de infancia (1998), recurre a las imágenes de niños reclutados por la guerrilla, colocándolos en una situación en la que jugar dejó de ser un simulacro.

En esta línea de exploración trabajó Las chicas de acero (1998). El seguimiento de una noticia aparecida en el periódico da pie nuevamente para proponer una peculiar forma de aludir a los acontecimientos, a la vez que explora las posibilidades del dibujo.

Dice Calle: "A principios de 1998, la Brigada 14 de Puerto Berrío del Ejército Nacional inició el programa cívico de las chicas de acero. Este nombre fue adaptado de una serie televisiva nacional,, Los hombres de honor, en la cual actores profesionales recrean las aventuras de soldados. En 1997, a la novela le siguió la publicación de las historietas Los hombres de acero en el suplemento dominical del periódico El Tiempo. A diferencia de los personajes de las aventuras de la TV o de los cómics, las chicas no eran ni actrices ni personajes ficticios. Las jóvenes seleccionadas, provenientes de Segovia, una población minera del nororiente antioqueño, debían participar en jornadas de salud y recreación. Las 15 elegidas, entre ellas 10 menores de edad, debían vestir el uniforme militar, a pesar de no tener instrucción militar ni estar vinculadas laboralmente con el organismo castrense. El ELN las acusó de espionaje y de hacer operaciones encubiertas, por lo que las secuestró durante 20 días"3. Calle se basó en estos hechos para realizar una obra que tiene el retrato de cada una de las 15 chicas, a partir de las fotografías aparecidas en la prensa. La manera como se hizo el dibujo enfatiza la vulnerabilidad de estas jóvenes expuestas ante dos frentes enemigos. Los retratos se realizaron perforando la superficie de madera, utilizando un medio que refiere al dibujo pero que se sale de las formas convencionales para experimentar. Estos orificios son como heridas en la superficie, definen los rasgos de cada una de ellas aludiendo con este recurso a la ausencia y la indefensión de las chicas. La obra va más allá de este hecho concreto y se convierte en reflejo de la vulnerabilidad a que están sometidas muchas otras personas.

Monografía: Johanna Calle — imagen 4
Johanna Calle. Territorios indeleble, 1997. Hilo y tinta sobre papel entelado. 135 x 424 xm*.

Sus dos trabajos más recientes, Nombre propio (1997-1999) e Historias simultáneas (1999), siguen indagando en las ambigüedades de la relación del adulto con el niño. El primer proyecto se inició cuando durante todo el año 1997 hizo el seguimiento de la lista de niños abandonados que, bajo el título "Los niños buscan su hogar", se publica en los diarios El Tiempo y El Espectador. Cada una de las listas incluye de 18 a 24 fotografías de niños que están al cuidado de Bienestar Familiar, organismo que, entre otras cosas, se encarga de la protección al menor. Para que se puedan iniciar los trámites de adopción, deben ser declarados por un juez como "abandonados". En general, esos niños no son huérfanos y la publicación busca, eventualmente, localizar a los padres o algún familiar que pueda hacerse cargo. El procedimiento termina siendo rutinario y las posibilidades de regresar al núcleo familiar son remotas. Las imágenes que Johanna Calle dibuja siguen con fidelidad los rasgos de las fotos publicadas, y nuevamente el recurso es la utilización del bordado, proceso paciente y dispendioso, que se aleja de la línea rápida del dibujo para optar por una alternativa que supone construir poco a poco, con pequeñas puntadas. Afirma Calle que "buscaba una línea ininterrumpida, y la línea de hilo no sólo interviene la superficie, sino que la perfora una y otra vez, dejando una huella indeleble. El hecho de bordar el retrato de cada uno de los niños abandonados me permite hacer un reconocimiento detallado de sus facciones, lo que me lleva incluso, en algunos casos, a memorizar no sólo sus rasgos, sino también sus nombres. Esto implica que para mí deja de ser una estadística y pasa a ser un caso concreto"4. Tan concretos, que la artista dedicó dos años casi exclusivamente a este trabajo. Y es que el manejo del tiempo es vital en la vida de estos niños que pasan largo tiempo esperando ser adoptados, ya medida que el tiempo transcurre y van creciendo, tienen menos posibilidades de encontrar padres adoptivos. "Esta espera es un tiempo que parece infinito, pero que tiene la meta apremiante de los 18 años, cuando el adolescente cumple su mayoría de edad y una vez más será dejado a su suerte"5.

Calle trabaja sobre un lienzo crudo, integrado a un soporte de fieltro y alambre, mezclando los materiales de tal suerte que lo que prima es una austeridad técnica que conmueve, sin necesidad de estridencias. El delgado alambre que sutilmente bordea la superficie pone a reflexionar acerca del encierro a que estos niños están sometidos y a la fragilidad que les impide atravesar la débil barrera que interpone el delgado alambre. Pero además la calidad del dibujo en hilo pone en evidencia que no estamos ante una imagen serial, pérdida en el anonimato de una secuencia de rostros infantiles. Cada caso es particular y tiene detrás una dramática historia personal. No son situaciones hipotéticas, son reales, y el volumen de los casos nos enfrenta a la verdadera dimensión del problema.

Monografía: Johanna Calle — imagen 5
Johanna Calle. Las chicas de acero, 1998. Detalle. MDF perforado y pintado. 45 x 50 cm*.

En Historias simultáneas, se sigue trabajando con las imágenes que aportan los periódicos, y también recogiendo testimonios. Diversos momentos de la niñez urbana y rural son identificados a lo largo de 26 obras que parten de la realidad, pero que al ser alteradas nos dan otra representación de la relación del adulto con el niño. La ambigüedad en el juego sugerido vuelve a ganar espacio y las situaciones aparentemente normales y cotidianas dejan ver complejas y perturbadoras imágenes que refieren a problemas tan concretos como el abuso, el maltratado o el abandono.

Afirma Calle que en las "situaciones que planteo subyace el peligro. Un retrato de familia, por ejemplo, se convierte en una denuncia soterrada de abuso"6. La obra busca trazar un panorama a partir de casos particulares, mostrando en esas historias fragmentadas la realidad que está vigente. Y es que Johanna Calle tiene la capacidad de utilizar el juego y la ambigüedad para crear imágenes que nos enfrentan alegóricamente a la compleja situación social que vive el país.

NOTAS

1. Entre 1992-1993 realizó su maestría en Artes Plásticas en Chelsea College of Art.

2. Obra con mención en el VI Salón de Arte Joven, 1996.

3. Entrevista de la autora con la artista, Bogotá, noviembre de 1999.

4. Ibid.

5. Ibid.

6. Ibid.

*Todas las fotos de este artículo fueron tomadas por Juan Fernando Herrán.

Profesora de la Universidad Nacional de Colombia y editora ejecutiva de la revista Arte en Colombia / ArtNexus. 

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