Jesús León tiene 43 años. Entre 1976 y 1980 estudió diseño gráfico, y a partir de 1978 se dedicó por entero a su vocación y pasión: el dibujo. Con ésta, su primera exposición individual, la Galería Minotauro presenta a un artista inédito. Con 15 dibujos magistrales, realizados en lápiz sobre papel, León se impone con propiedad en el medio de las artes visuales del país. Durante largos años dedicados en silencio a una actividad casi secreta, la mano ha posado el lápiz sobre el papel para, pacientemente, ir dando vida plástica a una temática animalística salida de visiones apocalípticas. Unicornios, serpientes emplumadas, nautilus, dragones alados, caballitos de mar, caballos de carrusel, se presentan cargados de un misterio que se revela en la filigrana del detalle exacerbado y preciosista. Es la verdad visual de un artista que recorre el mundo observándolo todo detallada
mente y, con su memoria visual, archiva ese "todo" en su banco de imágenes. "Me interesa la vida diaria" nos dirá. De esa vida diaria, de viejos libros de ilustraciones y de sus propias calamidades y felicidades, produce una iconografía que más bien pareciera estar descrita en un cuento de Jorge Luis Borges.
Para este artista la creación significa búsqueda y encuentro, tiempo y paciencia, sabiduría y técnica, así como la convergencia de contrarios, de polo opuestos. Su investigación "gráfica" no es el resultado de un impulso súbito de inspiración, sino el triunfo de un combate fecundo entre el dominio de la técnica y una imaginación voladora. La impecabilidad plástica del trazo y de la línea cubre, con decoro, el regodeo casi morboso en el detalle. A partir de un segmento minuciosamente delineado en sus más mínimos elementos, León construye el dibujo como un andamiaje arquitectónico que se ubica con propiedad en el espacio blanco y vacío del papel. Dos visiones se manifiestan como experiencias estéticas. Una lejana, cuando se mira el "todo" como imagen global, y una cercana, cuando la belleza del detalle se presenta con esplendor ante los ojos de quien, con expectación, intenta descubrir un fenómeno artístico a través de la evolución natural del universo de la imaginación.

El blanco y el negro, y las casi imposibles variaciones de grises, alardean y celebran la reconciliación de los múltiples ordenamientos de la línea, del trazo y de los matices. Nada es abandonado al azar. Todo resulta de la necesidad inflexible de ordenamiento, de estructura y de autenticar el trazo firme del dibujo como posibilidad artística que tiende a favorecer lo espiritual en la obra de arte. Las imágenes tienen la densidad de su propia historia. Cada uno de los "animales", a través de sus múltiples segmentos, cuenta la suya propia como siguiendo una ley genética que le da vida. León domina los secretos del dibujo. Sus imágenes están en perfecta armonía con la técnica que las anima y coloca en evidencia visual, es decir, la técnica dibujística que él practica está en relación directa con la iconografía que desarrolla. Este artista continúa la joven tradición del dibujo en Venezuela, que tiene uno de sus grandes momentos en la década de 1970. León, como sus colegas dibujantes, valoriza este medio artístico hasta elevarlo al nivel de la noble pintura. Su temática no es un accidente pictórico. Es una verdad del dibujo. El artista domina sus medios de expresión, parte indispensable y necesaria en su investigación creadora.
BÉLGICA RODRÍGUEZ
