El Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber inauguró en octubre el IV Salón Pirelli de Jóvenes Creadores. Más allá de lo estético, este Salón plantea problemas de índole sociológica y comunicativa. Este hecho se relaciona con el cambio en los hábitos de percepción de las audiencias y el auge de una cultura audiovisual avasalladora que ha reemplazado la idea de la contemplación por el concepto de la participación. Por eso es difícil intentar penetrar críticamente las propuestas que allí se exhiben, y mucho menos dictar un veredicto en torno a su calidad artística. Más que artefactos para ver, las obras se han convertido en ambientes para ser vivenciados, incorporando al espectador en una verdadera marejada sensorial que involucra el tacto, el sonido y la imagen. Quizá, a ello se debe la resistencia que algunos sectores de la crítica especializada oponen a estos discursos, apoyados en una carga anecdótica que recuerda, en algunos casos, las páginas de sucesos o las intrigas de las telenovelas.

A pesar de esto, se manifiesta una sintonía innegable entre la mayoría de las propuestas participantes y las expectativas del público, particularmente de los más jóvenes, que acceden gustosamente a la interacción con estas obras. Podemos decir que no sólo se han modificado las prácticas de creación artística, sino también los patrones de recepción del público. Se produce un intercambio cada vez más activo y cómplice entre el arte contemporáneo y la gente, tal como ocurre en la obra Latricón, una narrativa interactiva, CD-rom que se manipula con un mouse, presentada por Isabel Ron-Pedrique .
Lo nuevo, lo diferente de estas propuestas, se localiza en la utilización de soportes de comunicación vinculados a la cultura massmediática, que abarcan el videoclip, el cómic y la publicidad. En ese panorama se distinguen las obras Tattoo, instalación con silla y tatuajes, de Eduardo Molina; Berta, animación en video, de Enrique Enríquez, y Deseos en la parada, instalación alegórica al arte popular urbano realizado sobre vidrios de autobús, de Mónica Montañez.
El equipo curatorial, integrado por Luis Ángel Duque, Ana Aquilina Azcárate y María Luz Cárdenas, estableció una serie de coordenadas que ubican las propuestas en varias categorías: modelos del cuerpo, modelos de la intimidad y la percepción interior, patrones sociales, ámbitos espaciales y juegos. Aunque esta intrincada clasificación plantea la complejidad simbólica de la cultura actual, al mismo tiempo, atribuye contenidos no siempre presentes de manera explícita en las obras expuestas. La idea curatorial exacerba, en este caso, una pretendida autoconciencia de la crisis de fin de milenio cuando, en realidad, estas piezas son su manifestación más fehaciente.
Lo lúdico, elemento destacado por los curadores y artistas participantes, tiene una fuerte presencia en el Salón. No obstante, está marcado por un pathos nostálgico y distante, como si la verdadera magia del juego se hubiera perdido. En ese caso, se encuentra la instalación con máquina tragamonedas, titulada Lucky Lady, de Roberto Mosquera. En otras búsquedas se produce una fascinación casi morbosa por lo trágico. Estas piezas centran su interés en la violencia y la sordidez de la sociedad actual. Propuestas como Y yo que la quise tanto, de Mariana Rondón; Arrastrando culpas, de Carlos Villegas, y Contenido neto 27g de Anaisa Castillo.
Pese al laberinto de pasillos y cubículos gobernados por proyecciones y efectos luminosos que predominan en el Salón, se agazapan algunos espacios dedicados a la pintura, generalmente de signo expresionista, donde se debaten simultáneamente los problemas de la subjetividad y del propio soporte pictórico, amenazado por la procesión ininterrumpida de imágenes audiovisuales. Es el caso de El hombre es el lobo del hombre, de Blanca Haddad; la serie de las Revelaciones, de Juan Araújo, y Holiday, de Clemente Martínez. La presencia de estas obras, en competida confrontación con el tecno espectáculo, aportan un clima de mayor moderación y de respeto al pluralismo de géneros y disciplinas que conviven en el arte contemporáneo.
FÉLIX SUAZO

