Exposición Individualene 2000 - mar 2000· Por William López

Gustavo Zalamea

Museo de Arte Moderno de Bogotá - MAMBO

Durante los últimos años, el trabajo realizado por Gustavo Zalamea (1951) ha vuelto una y otra vez sobre los mismos elementos: la construcción de imágenes a partir de la apropiación de iconos plásticos, literarios y políticos, el collage como estrategia discursiva y plástica, y la reflexión sobre la actualidad a través de la exploración de la significación de los monumentos y los espacios públicos. Así, en la muestra que se colgó en el MAM durante los pasados meses de septiembre y octubre, y que reunió una serie de grandes polípticos realizados casi todos durante 1998 y 1999 y algunas obras de años anteriores, Zalamea mostró una serie de lienzos que nuevamente toman la imagen de la principal plaza de Santafé de Bogotá y de los edificios que la circundan como eje de la construcción del espacio pictórico y como fundamento de su exploración personal de lo político y lo artístico. 

Exposición Individual: Gustavo Zalamea — imagen 1
Gustavo Zalamea. El mar en la plaza, 1978. Óleo, pastel y collage sobre papel. 150 x 150 cm.

Zalamea se ha apropiado del icono del Capitolio Nacional, de La balsa de la Medusa de Gericault, y de Moby Dick, el personaje de la novela de Melville, para estructurar, junto con la inundación de la Plaza Bolívar y una serie de desnudos de explícita inspiración matissiana, una serie pictórica con un carácter que se mueve entre lo épico y lo lírico. De un lado está la estructura narrativa de cada uno de los fragmentos que componen sus trabajos. Las connotaciones políticas e históricas que el naufragio del edificio del Capitolio Nacional suscita en el espectador, junto a la aventura que rememoran tanto la balsa como el cetáceo que obsesiona al capitán Ahab, configuran un polo visual en donde el enfrentamiento entre los personajes y la potentes fuerzas de la naturaleza son el principal objeto plástico. Hay en cada uno de estos fragmentos sucesos grandiosos que protagonizan seres no menos grandes. En el otro polo está una serie de cuerpos femeninos que imponen su presencia a partir de un dibujo rápido, sintético y de un color que la mayoría de las veces es el gesto expresivo de una subjetividad obsesionada por lo meramente pictórico. El cuerpo inmóvil, desligado del espacio, imponiéndose en el cuadro autónomamente, encarna, en cada uno de los polípticos "que Zalamea construye una y otra vez, eso que él mismo denomina el encuadre estético", "la búsqueda siempre subjetiva y personal de la belleza".

Hay que agregar a estas ideas, el carácter inacabado que caracteriza a cada uno de los trabajos expuestos. Cada pintura parece que hubiese sido abandonada a mitad de camino, cuando apenas si empezaba a concretarse ante la mirada de su creador. El aspecto "abocetado" llama la atención sobre el proceso creativo, sobre el proceso que antecede a la concreción de la imagen. El lienzo a la vista del espectador, en este sentido, no hace otra cosa que subrayar esa especie de suspensión de la imagen en aquel momento en que todavía no es un todo acabado, en ese instante en que el placer creativo no ha logrado su satisfacción. La obra en proceso, así, es otro de los temas sobre los cuales reflexiona Zalamea.

Por otra parte, todos los trabajos que el artista ha mostrado al público bogotano se estructuran a partir de la idea del collage, en donde fragmentos de diverso origen textual conviven en un espacio cuya "unidad" semántica nace, en principio, de la voluntad de su autor. Aunque el artista no ha recortado en sentido literal cada uno de los fragmentos, sino que los ha representado, el encuentro arbitrario de ellos en el espacio pictórico obedece fundamentalmente a una relación conceptual cuyo sentido nace de las preocupaciones de Zalamea. «Con el mar —dice el pintor bogotano— entran en la plaza conceptos de infinitud y desmesura asociados con el origen, lo arcaico, lo impenetrable e incontrolable. Están también la literatura (Melville y Conrad), la política (el Congreso, el Titanic), la pintura (La balsa de la Medusa), la poesía (el naufragio), el mito (la narración cíclica)».

Así, el collage se convierte en una estrategia discursiva que permite al artista pensar sobre el sentido de los monumentos y de los espacios públicos, sin caer en la reflexión sistemática y metodológicamente coherente que otros campos culturales como las ciencias sociales sienten el deber de realizar. El trabajo de Zalamea, recogiendo la tradición surrealista e incluso dadaísta (que ya había exhibido en Proyecto Bogotá, 1994), se niega a observar la disciplina de una pensamiento más razonable y opta abiertamente por las metáforas visuales y el planteamiento de relaciones inusitadas sobre lo público y el sentido colectivo de espacios que, como la Plaza de Bolívar, resumen y recogen todos los imaginarios de la identidad de una sociedad absolutamente permeada por la violencia. La desmesura del encuentro de los iconos que recoge en sus pinturas, de hecho, no sólo revela una mirada irónica sobre la política y la historia actual de Colombia, sino que escudriña el sentido que colectivamente se le otorga a este tipo de espacios que se erigen simbólicamente como el centro de un país y de su nacionalidad.

WILLIAM LÓPEZ

Gustavo Zalamea, por William López | artnexus