Con su reciente grupo de pinturas y después del relativo exceso de sus pocas exposiciones anteriores, Fernando Cánovas parece haber decidido que menos puede ser más. Sus obras actuales todavía incorporan ideas de lo plano y el espacio, abstracción y figuración, y eternidad versus el paso del tiempo. Esta vez, sin embargo, ha simplificado radicalmente sus estrategias composicionales, con muy buenos resultados.
Esta nueva exposición consiste en un grupo de pinturas, todas de gran escala, 200 x 200 cm. Cada pintura muestra una construcción geométrica aislada, presentada en perspectiva profunda y ubicada en un campo abstracto y amorfo que sugiere un paisaje árido. Las formas que ha escogido son básicamente geométricas —los clásicos círculo, cilindro y cuadrado—, pero son también muy arquitectónicas, evocando laberintos y corredores hipóstilos, o bloques básicos de construcción y celdas de almacenamiento. El empleo de formas modeladas en perspectiva, colocadas dentro de un campo de color abstracto, juega un ilusionismo con nuestra interpretación de espacio, especialmente cuando las formas proyectan sombras ocasionalmente, a pesar de no existir ningún escenario real ni una fuente de luz. Como si la paradoja visual no fuera suficiente, Cánovas coloca en sus composiciones formas rectangulares planas, lo cual contrarresta el ilusionismo de las construcciones y nos recuerda que el plano de la pintura es esencialmente llano.

El eterno escenario abstracto y las formas tradicionalmente sagradas, como los círculos, los laberintos y las construcciones de columnas y dinteles, les dan a estas pinturas un incuestionable sentido de lo espiritual y meditativo. Al mismo tiempo, hay una sensibilidad muy material y tangible en estas obras. Cánovas hace que el acrílico sobre lienzo (ocasionalmente complementado con arena) parezca acero oxidado. Sus toscas superficies esfumadas, con manchas de pintura blanca por todas partes, también parecen frescos antiguos. Estas son pinturas que, debido a todo su ilusionismo conceptualizado, están plenamente conscientes de la realidad física y de la superficie. Las referencias al óxido y al yeso descascarado también marcan el paso del tiempo y la corruptibilidad de las cosas materiales, lo cual establece una tensión visual con los escenarios desvanecidos y las geometrías puras que expresan lo eterno.
Con estas nuevas obras Cánovas ha logrado mantener los temas que le han estado preocupando durante años, a la vez que reduce su enfoque a sus elementos esenciales más efectivos. Aunque él no es el primer artista en explorar dicotomías como figuración/abstracción, espacio/llanura y material/conceptual, rara vez una evocación de lo espiritual y lo trascendental se ha cimentado en un lenguaje visual tan directo y concreto. Con estas pinturas, Cánovas se une a un pequeño aunque poderoso grupo de pintores que están hallando nuevas formas de hacer que la pintura abstracta resulte fresca y convincente.
JOHN ANGELINE
