Exposición Individualene 2000 - mar 2000· Por Naief Yehya

Fernanda Gomes

Baumgartner Gallery

Hay algo arcaico y casi ceremonial en las extrañas instalaciones de Fernanda Gomes, algo que va más allá de la cultura y evoca la supervivencia de antiguos rituales perdidos. En la obra de Gomes aparecen rastros de labores y actividades cotidianas transfiguradas mediante esculturas hechas con objetos fragmentados y desechados. Elementos biológicos, minerales, manufacturados y descompuestos se juntan en arreglos impredecibles, improvisados e intelectuales que forman un modelo galáctico. Utilizando el piso como lienzo, ella reúne intrincadas instalaciones que flotan en un territorio ubicado en algún lugar entre el caos y el cálculo maníaco. Las piezas de Gomes parecen haber sido hechas dispersando objetos al azar o construyendo meticulosamente con insignificantes restos, como filtros de cigarrillos ya fumados, platos restaurados, diccionarios viejos, papeles dañados por el agua, cuerdas de guitarra, bolas de ping pong, corchos e hilos de seda. La obra de esta artista brasileña es al mismo tiempo emocional e impersonal; podría interpretarse como un apasionado catálogo de deseos y ansiedades o como la anónima manifestación de una fuerza superior.

Exposición Individual: Fernanda Gomes — imagen 1
Fernanda Gomes. Sin título, 1999. Instalación. Dimensiones variables.

Gomes construye escenarios imaginarios en los cuales ocurrió una acción, los protagonistas se fueron hace tiempo, y los restos nos dejan una sensación de pérdida. Sus yuxtaposiciones de objetos encontrados podrían ser el producto de alguna extraña búsqueda arqueológica y la reconstrucción de un pasado no tan distante que ha sido fragmentado hasta el punto de tornarse irreconocible. Gomes intenta descubrir y descifrar los rastros de una civilización alienígena, dándoles nueva forma a sus basuras y nuevo significado a los objetos desechables producidos en forma industrial, tan dominantes, que se vuelven invisibles. Las referencias obvias de Gomes son los minimalistas de las décadas de 1960 y 1970 pero, en particular, su obra está inspirada por la de Jannis Kounelli, Giuseppe Penone, Luciano Fabro y Alighiero Boetti, miembros del movimiento Arte povera, caracterizado por evocar la naturaleza mediante materiales "pobres" e industriales. También podemos pensar en Joseph Beuys, aunque la diferencia más marcada entre su obra y la de Gomes es que ella no carga sus obras con los elementos políticos, morales y míticos que Beuys dominaba.

La obra de Gomes es un riguroso y moderado intento por alcanzar la pureza artística (aún mediante su limitada selección de materiales). Ella trata de evitar las referencias culturales y los artificios de cualquier tipo e, incluso, se borra a sí misma del proceso. Al final del siglo, el arte de las instalaciones se ha convertido en un lugar común a veces molesto, y en un elemento retórico poco interesante; incluso, el término mismo ha perdido significado y se ha vuelto un comodín vacío. Sin embargo, las instalaciones de Gomes son un vibrante ejemplo de cómo esta forma de arte está viva y bien. Sus piezas se definen a sí mismas a través de su relación mutua y de su fuerte austeridad poética. Si se desplazara alguna de sus partes, toda la instalación se desequilibraría. A primera vista, sus piezas tienden a desaparecer en la vasta desolación de esta galería de Chelsea, pero una observación más de cerca revela los diminutos y frágiles objetos y construcciones que han sido transformados en imponentes presencias capaces de disolver todas las diferencias de proporción que tienen con el espacio arquitectónico. Sus obras tienen una cualidad expansiva, debido, en parte, a la relación que establecen con la galería. Una vez que el espectador se sumerge en este universo de juguete, la conciencia espacial cambia. No importa dónde se ubique para contemplar las obras, inevitablemente sentirá que su presencia (la del espectador) perturba la armonía del todo.

Las esculturas íntimas de Gomes crean una poderosa sensación de lugar y orden, como diminutas galaxias o constelaciones de objetos heterogéneos que parecen ser atraídos y repelidos en un estable aunque tenso equilibrio por fuerzas extrañas y casi gravitacionales. Uno de los aspectos más interesantes de su obra es la unidad y coherencia que ella logra crear con los materiales más modestos y disparatados. A través de la atención que demandan del espectador, estas silenciosas y reverenciales instalaciones (no hay ni el más leve toque de ironía en toda la exposición) convierten desechos intrascendentes en reflexiones sobre el deterioro y la decadencia del significado en una cultura fragmentada en la cual el concepto totalidad está en proceso de extinción.

NAIEF YEHYA

Fernanda Gomes, por Naief Yehya | artnexus