Sólo una de las pinturas de la exposición, Winter, de Enoc Pérez, parece referirse a la fría y cruda estación del título. Dicha pintura, Central Park, muestra las copas de árboles desnudos, con sus ramas sin hojas desplegadas contra el cielo nocturno, mientras los faroles brillan desde atrás como adornos navideños. Las ramas son de un blanco absoluto, blanqueadas y delineadas desde el impenetrable negro-azul, como por el fías de una cámara. En efecto, todas las obras del artista son pintadas a partir de fotografías, pero el resto de las imágenes expuestas parecen, a primera vista, haber sido tomadas en épocas menos yermas del año. Los temas de Pérez incluyen un manojo de apretadas margaritas (Flowers), una playa de palmeras en los trópicos (Palms) o un primer plano de la cara de una joven hermosa (Passerby). En Twilight, una mujer que lleva puesto un vestido de tirantes y se halla en una fiesta en un jardín interior aparece sin cabeza por alguna falla de la exposición de la película. Accident muestra a una mujer con rasguños sangrantes, en carne viva, sobre la frente y un hombro, y cuya cara ha sido cortada por la mitad por el borde del lienzo. En general, los modelos fotográficos de Pérez parecen compuestos al azar, pero cualquiera que haya visto al artista, cámara instantánea en mano, tomando fotos sin mirar a través del visor, no puede menos que sorprenderse de que sus pinturas sean tan balanceadas como en verdad lo son.
Una vez transcritas, las resbaladizas y satinadas superficies de las fotografías que son sus temas se convierten en las resecas y ásperas texturas de sus pinturas. El suyo es un fotorrealismo ganado con esfuerzo; ampliando sus imágenes con un proyector aéreo, el artista separa los colores únicamente a ojo y coloca pigmento sobre el lienzo, un color a la vez, en minuciosas capas de dibujos calcados. En efecto, Pérez toma la técnica de la reproducción fotomecánica del color y la rehace, convirtiéndola en artesanía. Aunque la acumulación de pintura puede producir un exuberante color saturado, no hay pinceladas, y los débiles indicios de la elaboración del cuadro—marcas de la mano del artista dejadas durante el proceso de transferencia-dibujo— sirven para confundir, más que para aclarar. La pintura de Pérez siempre se siente supeditada, condicionada a la fuerza de la imagen, solamente para darle forma.
Una estética de la instantánea conspira con el calcáreo coagulado del pigmento para intensificar el sentido de distancia y nostalgia de las imágenes de Pérez. Sus temas son siempre vistos de pasada: objetos, gente, momentos que son fugaces y, por lo tanto, nunca pueden mantenerse. Captados únicamente por un instante por el fías de la cámara, los paisajes, las naturalezas muertas y los retratos de Pérez parecen escapar de nuestro alcance, a medida que los visualizamos. La naturaleza transitoria del mundo descrito en sus imágenes es la verdadera desolación de su obra; el invierno que Pérez retrata es el de su descontento. Su añoranza es, en parte, deseo; los retratos de espléndidas mujeres que, de alguna forma, son inalcanzables abundan en la obra de Pérez, y las atractivas y asombrosas flores de pétalos blancos y centros carmesíes de Flowers hacen juego con las húmedas heridas rojas que se abren en la pálida piel marfil de Accident. Y, sin embargo, las pinturas revelan un mundo que está a la mano y que es muy valioso para el artista. Palms describe una vista de su nativo Puerto Rico, y la modelo de Accidentes una amiga cercana que hacía poco se había caído de su bicicleta. Las pinturas de Pérez retratan lo que el artista sabe que son instantes efímeros de su vida, lo cual les imparte un aire de tristeza y alienación. El hecho de que este conocimiento no disminuye nunca el profundo significado que estos instantes tienen para él dota a su obra de una belleza nacida de la gracia.

JOSEPH R. WOLIN
