Exposición Individualene 2000 - mar 2000· Por Carol Damian

Elmar Rojas

Museo de Arte de Boca Ratón

A Elmar Rojas, renombrado artista y defensor de la cultura guatemalteca, se le ha asociado por mucho tiempo con pinturas mágicas que captan el espíritu de un verde paisaje rico en mitología, historia y antiguas tradiciones de arte que sobresalen en tejidos, mampostería y cerámica. En esta excelente exposición de pinturas recientes (1991-1999), la luminosidad de sus colores contrasta con misteriosas sombras, para lograr efectos encantadores. Estos efectos, por los cuales es famoso, son particularmente llamativos cuando se les ve en la cantidad de obras que llenan este pequeño museo. Es una exposición que no sólo representa lo mejor de los intereses estéticos y de la ya familiar paleta del artista, sino que también demuestra que sigue explorando y experimentando hasta lograr resultados admirables, en especial con respecto a la superficie y la textura. La adición de nuevos materiales y una aplicación más libre, más pintoresca del color, realzan en gran medida un enfoque de la pintura que, de por sí, ya era vibrante. La inclusión de pequeñas muñecas y otros elementos sacados de las ricas tradiciones de la artesanía de Guatemala es una fascinante adición a su arte.

Exposición Individual: Elmar Rojas — imagen 1
Elmar Rojas. De la galería de los espantapájaros, 1997. Óleo sobre lienzo. 96,5 x 76,2 cm.

Por años, Elmar Rojas ha desarrollado una técnica característica y un repertorio de imágenes personales que les rinden homenaje a las leyendas de Guatemala. Entre las más familiares de estas imágenes están los actores seres conocidos como espantapájaros; rostros encubiertos, sin definición, que siempre llevan puestos sombreros de ala ancha e inexplicables dispositivos oculares, los espantapájaros representan numerosos papeles y realizan extrañas actividades que son a la vez terrenales y sobrenaturales. Asumen una variedad de poses, formas y colores mientras que sus flexibles cuerpos habitan en un confuso mundo de iridiscente silencio.

A menudo actúan como espíritus o fantasmas que han regresado a perseguir a los habitantes de este mundo y a continuar con sus actividades terrenas. Incluso, puede vérseles acompañados de otras criaturas fantasmales, algunas de apariencia femenina, otras de apariencia animal, que comparten su vago semblante y sus misteriosas miradas. La naturaleza incorpórea de su existencia recuerda la naturaleza transformativa de muchos de los personajes de la mitología centroamericana, quienes, como entidades misteriosas, poseen la habilidad de moverse entre el mundo espiritual y el físico, como humanos y animales, y como combinaciones de los dos. El espantapájaros de De la galería de los espantapájaros, 1997, actúa como vehículo de exploración dentro de la sabiduría popular del país, mientras que las oscuras sombras y el contraste de los brillantes colores resaltan sus extrañas ubicaciones como sacrosantas.

Profundas sombras dramatizan escenas y rodean a los personajes de una capa morada de misterio, a la vez que distinguen los luminosos azules, violetas, rojos y amarillos que dominan la paleta del artista e interactúan con sutiles tonalidades. Dentro de la profundidad de estos ricos colores hay una iridiscencia que resplandece desde el interior y que es especialmente efectiva cuando se emplea para encender la incandescente parafernalia ocular que usan los espantapájaros en obras como Temas de la Naturaleza - Despedidas, 1997. Elmar Rojas emplea una técnica única y personal que refuerza su atmósfera mágica con seductoras texturas y capas de pigmento que son sistemáticamente raspadas para recuperar los colores que se hallan por debajo. La superposición de capas y el raspado dan como resultado un efecto de claroscuro con sutiles matices de tono que les imprimen armonía a todas las superficies, mientras Guillermo que la aplicación de cera de abejas les da un toque aterciopelado. La técnica exige una meticulosa atención a cada color Y puede compararse con la complejidad de los tejidos guatemaltecos y con el cuidadoso planeamiento que se necesita para elaborar los patrones variables en la estructura del telar.

La pintura Velorio del solitario, 1998, insinúa cambios futuros en la aproximación del artista a la superficie del lienzo, con la adición de pigmentos dorados a sus colores y un extraordinario manejo del pincel. Algunas obras incluso revelan el lienzo crudo, en vez de los pigmentos cuidadosamente superpuestos asociados con su técnica. En sus obras más recientes, no sólo las texturas de la superficie, sino también la inclusión de materiales de fibra, son adiciones bienvenidas que le dan una nueva dimensión a su reino de fantasía. El tema del espantapájaros, combinado con referencias al torofuego, un marco con forma de toro que se emplea en exhibiciones de fuegos artificiales para los festivales y con el cual el artista ha jugado por muchos años, se hace tan vivido como un textil guatemalteco. Pintado en deslumbrantes rosados y acentuado con diminutas muñecas tejidas, Fiesta de cofrades con el torofuego, 1999, les rinde homenaje a brillantes atardeceres y al fuego de un cielo iluminado por un volcán, mientras que Temas del palo volador, 1999, reafirma las mismas tonalidades brillantes en azules igualmente vividos. Los acróbatas que giran como un remolino, descendientes de antiguas tradiciones mesoamericanas, actúan delante de una enorme figura sentada cuyos ojos resplandecen. Parches de blanco opaco energizan la superficie y hacen que el mito vuelva a la realidad.

Versadas en las ricas tradiciones de las leyendas, el arte folclórico y las artesanías de Guatemala, las pinturas exquisitamente ejecutadas de Elmar Rojas continúan atrayendo al espectador a un mundo de realismo mágico, y la oportunidad de ver sus recientes exploraciones en la forma y el contenido hacen que esta exposición realmente valga la pena.

CAROL DAMIAN

Elmar Rojas, por Carol Damian | artnexus