Dolores Zinny y Juan Ignacio Maidagan intervienen espacios para formular preguntas al espectador. Sus obras no siempre son inmediatamente identificables como proyectos artísticos, o identificables del todo, como fue el caso de una instalación que hicieron en 1994 en una plaza en la ciudad de Rosario, en Argentina. Para ella, los artistas colocaron varios contenedores de escombros en formación militar, en alusión a la polémica historia del complejo oficial que las alojaba.
De manera similar, su obra titulada Offside ("fuera de lugar", término futbolístico), actualmente expuesta en el New Museum de Nueva York, es también un cuestionamiento sutil.
La obra, consistente en una gran estructura de madera y nylon localizada en el pasaje de las escaleras que conducen de un piso a otro del museo, adquiere una presencia fantasmagórica que juega a no ser percibida. La obra llama la atención sobre aquellos lugares —los rincones, sugeriría Bachelard— que existen de alguna manera en nuestra memoria, pero de los que no solemos estar conscientes. Los artistas abordan un espacio del New Museum que es arquitectónicamente abstruso, y difícil para elaborar una instalación. El proyecto lo resuelven utilizando una estrategia que es común en sus obras: el partir un espacio existente, modificarlo y, al hacerlo, llamar la atención sobre él.

En Offside existe la intención de asir un espacio que por su naturaleza es transitorio (siendo que se trata del cubo de las escaleras del museo). La estructura semi-arquitectónica que conforma la instalación transforma el lugar, lo delimita y lo ocupa, aunque es una ocupación relativa, pues dentro de la estructura no hay nada, sino aire. El andamiaje, perfecto pero inservible, cumple la simple función de ocupar. Es, pues, una intervención irresoluta en un espacio transitorio y, por tanto, más una pregunta que una enunciación. La transformación de un espacio en una galería, así como las matizadas modificaciones de éste, generan una sensación de breve desconcierto en el espectador, pues los artistas juegan con la expectativa común de que una galería sea la contenedora de la obra, en vez de convertirse en "la" obra, como lo son los cortes de muros y pisos de Gordon Matta-Clark.
Pero, a diferencia de Matta-Clark, las obras de Zinny y Maidagan se caracterizan por seguir ese peculiar proceso perceptivo de pasar brevemente inadvertidas y, luego, emerger eventualmente, haciéndonos conscientes del entorno en el que se encuentran. Juego de las escondidillas en la escalera: la obra está fuera de juego (offside), tanto por escabullirse visualmente como por desafiar las reglas impuestas por un espacio.
Esta constante indagación en el espacio (tratando de resignificarlo, alterarlo, corregirlo, aumentarlo o reducirlo) parece partir de una constante inconformidad sistemática de Zinny y Maidagan con lo dado, presente siempre en sus proyectos, a manera de una duda metódica que tiene el objetivo de revelar huecos o fallas en una estructura determinada, que se nos presenta físicamente, pero que la podemos interpretar como social o filosófica. Vista de esta manera, la intervención del espacio no es sino la defensa legítima ante las arquitecturas —tanto mentales como físicas— que nos limitan, definen y determinan como personas. Zinny y Maidagan encubren para revelar un espacio, y más que un espacio, un sistema. Por otra parte, la cuidadosa selección de los materiales hace que la obra transmita esa sensación de presencia etérea, del andamiaje teatral que Góngora utilizó como metáfora para describir al sueño ("autor de representaciones en su teatro sobre el viento armado..."). Apunta también a la reflexión sobre ese espacio sin resolución, a ese limbo transitorio de las escaleras que podría verse como la representación de la frontera entre cualquier dicotomía.
PABLO HELGUERA
