Exposición Individualene 2000 - mar 2000· Por Bélgica Rodríguez

Antonio Máro

ICPN

En la magnífica sala de exposiciones del recién construido edificio que sirve de sede al Instituto Cultural Peruano Norteamericano, ICPN, expuso su obra reciente el artista peruano Antonio Máro, residente en Bélgica. Con un buen conjunto de pinturas, incluidas esta vez dos esculturas, el artista dio a conocer en su país la producción que lo ha tenido ocupado durante los dos últimos años. Sin cambiar mayormente su temática, Máro presentó, como siempre, otro resultado de su credo artístico. Para él lo más importante es "el proceso de pintar", ya que "es la forma la que da vida al tema, y no al revés". Por diversas razones, he seguido la obra de Máro desde hace algunos años, y en cada una de sus exposiciones he podido observar que es magistral el dominio de la técnica, el desborde expresivo de la mancha, de los "chorros" de pigmento y del grafismo, así como el carácter intimista y humano de cada una de sus obras, aun en las de grandes dimensiones.

Exposición Individual: Antonio Máro — imagen 1
Antonio Máro. Chorros, 1999. Técnica mixta. 190 x 160 cm.

A pesar de vivir desde hace mucho tiempo fuera de su país, Máro es un artista que no ha olvidado su herencia cultural. Nacer en Catacaos (1928), un pueblo situado en el desierto de Piura, y ser, aún adolescente, trasplantado a la Alemania rigurosa, parte de la vieja Europa, afortunadamente no ha sido para él una contradicción. Tener presente lo viejo y juntarlo con lo nuevo se ha constituido en una importante e indeleble impronta. Aquellas nostalgias, aquellos recuerdos que vienen a la memoria gracias a la siempre grata presencia de una abuela, a veces real otras imaginada, se convierten en temas para la pintura. En este punto Máro acude a un reservorio de imágenes sacadas del baúl de los recuerdos y las pone en consonancia con una práctica pictórica en la que los elementos postmodernistas y novedosos se dan la mano.

Una secuencia plástica de la obra de Maro, hasta esta última exposición, permite continuar ubicándola dentro del expresionismo abstracto, aun cuando elementos importantes de su práctica y de su quehacer artístico lo sacan de este chorros, posible encasillamiento estilístico, ubicándolo en un sector absolutamente novedoso en cuanto al tratamiento pictórico de la superficie de la tela. Sus experiencias creativas y absolutamente personales frente a la tela, sin accidentes previsibles en el plano de la técnica, le permiten obtener un resultado más contundente en cuanto al tema que, sin ser figurativo, expresa una preocupación introspectiva y ontológica. En su pintura, Máro se preocupa por el Ser y sus circunstancias. Y es aquí precisamente donde enfatiza sus dos direcciones culturales. Es evidente la presencia de sus ancestros primigenios latinoamericanos en la dualidad cósmica de lo abstracto y lo figurativo, de lo real y lo no real, al lado de su educación artística europea, que le lleva al máximo de la perfección pictórica. Lo primero se manifiesta en las veladuras y en los atisbos dibujísticos de máscaras y escrituras indescifrables, que como códigos misteriosos expresan un concepto más allá de la pintura misma. Lo segundo se refiere a la toma de la tradición universal de la pintura por la pintura misma. Sin ser figurativa ni abstracta, Máro reúne en su obra dos polos contrarios en un concepto pictórico. Los "chorros", los trazos libres, las superficies lavadas que aparecen sobre la tela, sin parecer tener principio ni fin, forman parte de un complejo lenguaje plástico personal, cautivador en la plenitud de su silencio. Una vez más, con su profunda concepción plástica del color y su fresco sentido alquimista de la experimentación, este artista peruano confirma su solidez y presencia en el escenario del arte universal.

BÉLGICA RODRÍGUEZ

Antonio Máro, por Bélgica Rodríguez | artnexus