2a Bienal Puebla de los Ángeles 1999

Emilio Allier Montaño. Formas de un proceso suspendido 5, 1999. Madera, radiografías, huesos y alambre de cobre. 130 x 100 x 80 cm.

Colectivaene 2000 - mar 2000· Por Santiago Espinosa de los Monteros

2a Bienal Puebla de los Ángeles 1999

Universidad Iberoamericana

La Bienal de Puebla de los Ángeles, organizada en la ciudad del mismo nombre por la Universidad Iberoamericana, llegó a su segunda edición. Se trata de uno de los esfuerzos importantes en esa parte de la república mexicana por llevar al público y promover las creaciones contemporáneas más representativas en diversas disciplinas de las artes visuales.

El tema central de la convocatoria en esta segunda versión fue "Lo barroco". En una ciudad cuyo centro histórico ha sido declarado por la UNESCO como patrimonio de la humanidad, debido en gran medida a las construcciones virreinales representativas de este estilo, parecería que quienes acceden a participar en este evento son una suerte de seguidores temáticos de este estilo. No es así.

Se produjo en las obras de los participantes una cantidad considerable de referencias que obligaron al jurado a replantear la idea que se tenía del barroco, justamente, en esta región de la república mexicana.

Colectiva: 2a Bienal Puebla de los Ángeles 1999 — imagen 1
Alberto Ibáñez Cerda. El desayuno de la infanta, 1999. De la serie El gusto de la época. Impresión de negativo en color de 35 mm. 76 x 61 cm.

Quedó claro que no bastaba, para hacer mella en el ojo, la simple convivencia de los edificios representativos de este estilo con los modernos habitantes del país; que no eran sólo los símbolos prototípicos del barroco los que había que rescatar o replantear, sino que se precisaba una lectura nueva que decodificara ese abigarramiento en el que vivimos. Parecería que con más prisa que reposo, los últimos minutos de un milenio obligaban a consentir maneras nuevas de afrontar el entorno, es decir, de representarlo visual y objetualmente.

En la disciplina de escultura, el primer premio recayó en Emilio Allier, con su pieza Formas de un proceso suspendido 5, cuya factura incluye huesos, alambre, placas radiográficas y varas. Todo este enjambre está realizado de tal manera que pueda ser suspendido en el aire y, de esta forma, adquirir una lectura distinta al resto de las piezas que participaron en esta área.

Colectiva: 2a Bienal Puebla de los Ángeles 1999 — imagen 2
Francisco Daniel Quintanar Martínez. Mens agitat molem, 1999. Grabado en cobre y técnica mixta. 60 x 45 cm.

Claudia García Calderón, quien ha realizado importantes piezas que presenta a manera de grandes pendones suspendidos de un travesaño, pintora de vocación, participó en la disciplina de Instalación con una delicada propuesta (y no por ello menos aplomada), consistente en bordados hechos sobre pequeños trozos de tela en los que reconstruye el cuerpo femenino, sus ropajes, la transparencia de las prendas y la evidencia corporal de quien las porta. Aunado a esto acompaña las obras con palabras que refieren el trato masculino dado a la mujer, en el que se hace evidente su condición de objeto sexual: "Sabrosa", "Buenota", "Mamacita", "Quiero", etc. Se trata también de un lenguaje asimilado socialmente y que es, simultáneamente, jocoso y popular.

En el área de fotografía el premio recayó en Jesús Torres Torres, quien presentó cinco piezas de su extensa serie Apariciones, reflejos de un cielo personal, en las que, apoyado técnicamente en las reimpresiones, superposiciones y alteraciones de negativos, aborda de manera acertada el tema del barroco. Utilizando desnudos, imágenes religiosas, varas y flores secas, crea una suerte de abigarramiento visual cargado de códigos reconocibles y cuya mezcla, en un ambiente alterado, proporciona lecturas novedosas y contemporáneas.

Colectiva: 2a Bienal Puebla de los Ángeles 1999 — imagen 3
Claudia García Calderón. Sin título, 1999. Tela, hilo, tinta, clavos. Instalación 250 x 250 cm.

En esta área es importante acotar que la decisión del jurado fue una de las más difíciles, dada la alta calidad de las obras presentadas. Por mencionar una que fue seleccionada para ser expuesta, se encuentra una fotografía de la serie El gusto de la época, y que lleva por título El desayuno de la infanta, perteneciente a Alberto Ibáñez Cerda, quien, por cierto, ha sido seleccionado recientemente en la Bienal de Monterrey y en el V Salón Bancomer, debido a la contemporaneidad de sus propuestas y la contundencia temática que presenta. Se trata de una muñeca de porcelana que ha sido ubicada en un escenario igualmente kitchy del que no escapan la ácida crítica y el implacable cuestionamiento a los objetos que, vigentes, poseen significados diferentes cuando se hallan supeditados a los méritos o deméritos de los sitios en los que se presentan.

Francisco Daniel Quintanar obtuvo el premio en el área de gráfica, con su pieza Mens agitat molem, una abigarrada obra cargada de precisos y finos detalles realizados sobre placa de cobre. En pintura, en cambio, el jurado decidió declarar desierto el primer lugar y otorgar mención honorífica a Marianela de la Hoz por su De padres ausentes, Hijos imaginarios; a Felicidad citadina, con un toque pueblerino de Daniel Rubén Rosel Burgos, y a Maneras de quitarse la camiseta de Angela Arciniaga y Maru Eugenia Jiménez.

Tal y como apunta en el catálogo uno de los miembros del jurado de esta bienal, Fernando Solana Olivares, refiriéndose al premio omitido, "Eventualmente hubo una mayoría a favor de un cuadro, pero la opinión cambió. Sin embargo, el grupo acordó dar tres menciones y omitir que el premio de pintura quedaba desierto". Decirlo así hubiera sido inexacto porque cuando menos tres cuadros podrían haber merecido el primer lugar.

En el caso de la obra de Marianela de la Hoz, se trata de una casa de muñecas a la que ha sido retirada la fachada y dentro de la cual suceden, conectadas en los diferentes niveles de la vivienda, escenas desconcertantes protagonizadas por personajes monstruosos que, con colas de reptiles, dos cabezas o sin ellas, mutilados o transmutados en seres fantásticos que vuelan dentro de la habitación, escenifican una puesta en escena en la que, pese a la quietud denotativa de los actores, los sucesos recorren sin prisa una atmósfera clara aunque con un guión lúgubre.

Otra mención remite de manera singular a un paisaje entre circense y costumbrista, no tanto en las tipologías de los personajes como en su ubicación y actividades dentro de la pieza. Mientras unos viajan en bicicletas, otros juegan sobre una mesa y unos más tocan la guitarra.

Flavia Hevia fue la ganadora en la disciplina de arte-objeto, con su pieza Oedipus Complex, consistente en una caja dentro de la que se encuentran mapas, figuras ecuestres, textos, cartas y repisas con una luz interior. Continuadora de una importante tradición en México de creadores abocados al arte-objeto, Hevia replantea una iconografía que, para muchos, SQ encontraba ya caduca y agotada.

La 2a Bienal de Puebla de los Ángeles llega a buen término en cuanto que ha sorteado, con el apoyo de los organizadores, algunos conflictos existentes con parte de la comunidad de creadores de esa ciudad. Se perfila como uno de los eventos de mayor relevancia dentro del país, en cuanto que versión a versión se afinen las estructuras que la harán sobrevivir en un entorno en el que proliferan salones y bienales cuya nueva vida parecería acotada sin un proyecto de investigación, seguimiento y propuesta dentro de la vasta creación visual contemporánea.

SANTIAGO ESPINOSA DE LOS MONTEROS

2a Bienal Puebla de los Ángeles 1999 | artnexus