Junto a la puerta de entrada, cuál testigos de otro tiempo, yacen dos maletas de plástico duro de buen tamaño, con las etiquetas de Continental Airlines: una a nombre de De Chiara (Laurie), la otra de López Chabaud (Ornar), curadores de la muestra Tres maletas, que se exhibe en uno de los espacios alternativos que marca ya una trayectoria en la ciudad de México.
La obra de Jim Anderson, Adriana Arenas, Dexter Buell, Mary Ellen Carroll, Hilda Daniel, Wilson Díaz, Luke Dowd, Thomas Eller, Robert Fischer, Matthew Geller, Maximillan Goldfarb, Tim Hailand, Martine Kaczynski, Kaus Lutz, Robert Marshal, Arnaldo Morales, Reinhold Martin & Kadambari Baxi, M. River & T. Whid Art Associates (MTAA), Carol Saft y Type A debía, según el criterio curatorial, caber en tres maletas (bien entendido, con el acomodo adecuado y sin exceder el peso de equipaje por persona reglamentado para vuelos comerciales).

En el intento de mantener más limpios los espacios de la galería —sin cédulas o textos que intervengan de modo indeseado la lectura de las piezas—, un pequeño plano de la exposición acompaña la información con que cuenta el visitante, para seguir geográficamente el recorrido del viaje en este espacio. Contrario al viaje como idea de nostalgia y aventura, aquí no sólo se privilegia al avión —transporte inherente a la gestación de esta exposición en tres maletas venidas desde Nueva York, que no fue pensada para compararse con el deslizamiento rítmico del tren o la prolongada extensión geográfica de la carretera—, sino los aspectos pragmáticos y temporales que este tipo de transporte conlleva. Fenómeno programado, pero también fugaz, esta reflexión se plasma de manera original en el video de Dexter Buell, Tread Mill, donde un hombre es recorrido como paisaje mientras acciona una plataforma circular de tiras de madera al correr dentro de ella. Incesantemente, detrás de las barras de madera, las extrañas perspectivas del cuerpo en movimiento —que la cámara en picada, rasante, desde arriba o abajo, lateral, de atrás o del frente capta— repiten la forma circular de esta "jaula humana"; los monótonos ritmos visuales y sonoros del movimiento y la respiración agitada terminan por cuestionar el sentido de un transitar que, aparentemente, no va a ningún lado.
Además del video, las instalaciones, dibujos, fotografía, escultura, pintura en medios no convencionales y multimedios son herramientas para plantear reubicados en varios niveles: desde el pop —Mickey Mouse sideral en el video de Jim Anderson—, el lenguaje —Evrewun iz welkem de Mary Ellen Carroll, con una lona de bienvenida a la entrada del edificio— o el espacio —Johnny Appleseed slept here, letrero paseante en vinilo, obra de M. River & T. Whid Art Associates.
La dimensión no sólo se distorsiona con el viaje y la animación; los medios escogidos por estos artistas son en sí el resultado de la dislocación de la percepción del sujeto- objeto: estar aquí y allá, cobrar existencia en la obra y, finalmente, no ser más que una impresión sobre el papel que se desdobla y repite como una veintena de acartonados seres diminutos, recortados por Thomas Eller como muñecos de cartón para niños.

De manera semejante, Type A, constituido por un dúo de artistas masculinos de la acción, repite procedimientos en 4 Urban Contests, jugando entre la competición y la contextualización que el título de su video Indica; en una segunda ocasión, realizan Cinco rescates urbanos, donde la víctima es salvada del suicidio, de objetos cayendo, del metro a punto de arrollarla... la secuencia termina, melodramáticamente, cuando el salvador es baleado por interponerse para proteger a la víctima. Más cómicos que dramáticos, estos rescates giran alrededor de las traslaciones de sentido y de los hechos cotidianos como acciones que invitan al eterno retorno.
Sobre todas estas minucias del viaje, quiero destacar la carpeta de M River & T. Whid Art Associates con sus proyectos para la casa, home art projects, que con una visión mercadotécnica deciden promocionar y vender ideas de obras de arte que uno puede construir o instalar en su propia casa, una vez adquirida la idea mediante una transacción
económica. También se expiden certificados de autenticidad. Proyectos como Tomand Becky lost in the cave o Thomas Edison never slept (here), frase escrita sobre un foco, hablan con ironía de la vida familiar (norteamericana) o las conveniencias de la tecnología, pero sobre todo satirizan y cuestionan el hecho artístico. En este sentido, cualquier idea podría caber dentro de una maleta. V estos proyectos podrían multiplicarse, en la medida que una tercera maleta, esta última de tela y sin ninguna etiqueta, quizá sea la que nosotros debamos llenar. A fin de cuentas, aunque ahora las maletas tengan ruedas, no debemos olvidar que fueron hechas para trasladar pertenencias, y siguen siendo, junto con la espera, la parte pesada de viajar.
ANA ISABEL PÉREZ GAVILÁN

