El 4 de mayo de 1999 se inauguró en el Museo de las Américas una extensa exposición de Rafael Colón Morales. La colección mostrada refleja el virtuosismo del artista. Para expresar sus mensajes activa amplios conocimientos que van desde la normativa clásica hasta recursos inusuales en las artes. Su carácter experimentador lo ha llevado a desarrollar modos característicos de pintar. Aprovecha las propiedades químicas de los polímeros acrílicos para originar disertaciones plásticas cuyo lenguaje va descubriendo a medida que conoce los secretos de los materiales utilizados. Semejante exploración de las posibilidades de los elementos establecidos es probablemente el factor que lo conduce a incursionar en temáticas variadas. Investiga las posibilidades de una multitud de Imágenes distanciadas entre sí, hilvanadas por la fuerza estilística que lo distingue. Debe señalarse que la unidad de la muestra deriva de la compatibilidad de modos existentes en las piezas. Al observador que desee establecer denominadores comunes en esta colección se le augura una aventura anímica enriquecedora.

Colón crea escenarios de contenidos pulsantes, producto de búsquedas angustiosas propias de su inventiva. En dichas composiciones lo confesado y lo oculto bullen, al punto que desata una fantasmagoría que pugna por salir de las escalas normales. En su obra, la óptica común pierde vigencia para dar paso a mundos interiores, existentes en el ser. Estimula así el acentuar lo natural, de manera tan intensa que puede transformarlo en entes inverosímiles. Es posible que esta situación se vea facilitada porque por lo general sus representaciones parecen estar en medio de transiciones de lo objetivo a lo subjetivo. Lo antes descrito es facilitado por los fenómenos visuales operados en los velos gelatinosos creados por el artista. Agrega interés el hecho de que las secuencias de la acción creativa pueden ser captadas de manera episódica por los conocedores. En las texturas de los pellejos muchas veces se halla la evidencia de los pasos dados para conseguir los resultados deseados. Las huellas de su ritual Inventivo quedan en estado de suspensión en esas membranas acrílicas, provocando la ilusión de que la vista adquiere un poder penetrante que va más allá de los límites normales. Ese "gel" también le da la oportunidad de condicionar las secuencias para proyectar desde niveles diferentes. Esta estratificación compositiva facilita la posibilidad de entrar en divertimentos especulativos que surgen como concepciones que nos permiten Imaginar cómo se configuró cada lienzo hasta alcanzar las apariencias definitivas. De esa manera Colón Morales ubica cada asunto en los referidos niveles y el ojo capta movimientos internos que pugnan por emerger y por desempeñar roles de gran significado. Existen también en sus cuadros sujetos que se mueven entre brumas como comparsas quiméricas. Se cubren tras un velo de incógnitas que proveen vínculos casuales y causales. Concurren, por tanto, contenidos con valores donde la vehemencia y la intencionalidad se acoplan a un cosmos sujeto al dilema entre lo real y lo irreal. Lo interesante es percibir cómo logra el artista que nuestros sensores puedan captar ambos extremos. En estas telas lo existente sólo es un punto de partida para suscitar esferas de existencias al margen del orden material. La alegría de poder descifrar lo que se mantiene en estratos esotéricos constituye uno de los retos planteados por la producción del artista.
Estamos de acuerdo con el doctor Osiris Delgado cuando afirma que el pintor "sabe adivinar la esencialidad del fenómeno vital". Existen en sus producciones percepciones consecuentes donde en ocasiones diferencias leves confieren a los conjuntos identidades artísticas que las tornan inconfundibles. En ellas las referencias materiales son potenciadas por la libertad interpretativa. Tal parece que su intención es consentir al contemplador para que copartícipe con el potencial imaginativo existente en los estratos más íntimos de lo afectivo.
JOSÉ ANTONIO PÉREZ RUIZ
