Puntos de cruce - Programa Johnnie Walker en las artes 1998-1999

Danilo Dueñas. Espacio preservado II, 1999. Detalle de instalación. Dimensiones variables en un espacio de 490 cm de ancho, 300 cm de alto y 920 cm de profundidad.

Monografíaoct 1999 - dic 1999· Por Marta Rodríguez

Puntos de cruce - Programa Johnnie Walker en las artes 1998-1999

Casa de Moneda del Banco de la República

Durante los meses de junio y julio se llevó a cabo en la Casa de Moneda del Banco de la República la segunda versión del programa que viene desarrollando Johnnie Walker en las artes, como parte de la muestra se exhibieron las obras premiadas en Brasil, Chile, México y Perú. En esta ocasión el jurado de selección para Colombia estuvo conformado por Carlos Arturo Fernández, profesor de historia del arte de la Universidad de Antioquia, quien también fue jurado en el anterior certamen; Natalia Gutiérrez, profesora de arte de la Universidad de los Andes, crítica y colaboradora de esta revista; Jaime Cerón, artista y director de Artes Plásticas del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá; Jaime Jaramillo, curador y gestor cultural, y el artista colombiano Óscar Muñoz. Los criterios que tuvieron en cuenta los jurados para efectuar la selección quedan expuestos por tres de los jurados en los artículos que se publicaron en el catálogo que acompañó la muestra, en los que se señalan, desde una perspectiva crítica y estética, algunos puntos que se relacionan con el arte de nuestros días. Es así como para comentar esta muestra, en la que se ha optado por la elaboración de una curaduría a "cinco manos", me parece oportuno tener en cuenta algunos de los ligamentos trazados por los curadores.

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José Alejandro Restrepo. Canto de muerte, 1999. Video instalación. (Imagen de María de los Santos Solipa).

Los miembros del jurado, conscientes de las dificultades que implica una convocatoria, optaron por realizar una curaduría con la que se ha "intentado recoger una mirada compleja de la situación contemporánea del arte colombiano, examinándolo desde una perspectiva sociocultural"1. Los 14 artistas seleccionados, entre un grupo de 60, exploran las posibilidades que ofrecen distintos medios, y trazan un panorama heterogéneo que, visto con detenimiento, muestra que sus miradas, ejercidas desde puntos de vista diversos, revelan la imagen del mundo actual, incierto y laberíntico, en el cual existe un "cuestionamiento permanente acerca de nuestra ubicación en cada momento", un mundo que ha dejado de ser cierto y claro, en el que "desaparecieron las afirmaciones absolutas y se convirtieron en preguntas siempre abiertas"2, como lo señala Carlos Arturo Fernández.

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José Antonio Suárez. Sin título, 1999. Detalle. Dibujos sobre papel y látex, cintas, acuarelas, tintas, lápiz y objetos tallados en balso y tela. 28 piezas con dimensiones variables.

A juicio de Natalia Gutiérrez, las obras contemporáneas pueden ser consideradas como una estación, como un punto de cruce de múltiples referencias que hacen los artistas: su vida, el conocimiento que tienen de las obras de arte, las imágenes de la cultura, los eventos privados que viven todos los días, las noticias. Encuentro que se "materializa en el espacio, en obras cada una muy diferente"3. Por otra parte, la recepción de la obra de arte contemporánea está ligada al "espacio psicofisiológico que se relaciona con la percepción sensorial y con un pensamiento siempre en movimiento, de manera que el espectador contemporáneo" no sólo está atento a la vista, sino al sonido, al calor, al frío, es decir, al cuerpo.

En el arte del siglo XX, dice Carlos Arturo Fernández, "cada artista desarrolla su poética personal y se da sus propias reglas, sin que ningún camino pueda ser presentado como modelo absoluto. Ha desaparecido la perspectiva del antiguo horizonte ideológico que garantizaba una ruta relativamente segura; ahora cada paso y cada giro es, al mismo tiempo, definitivo e intrascendente, justificado siempre —y sólo— desde el mismo proceso".

Estas afirmaciones resultan oportunas y adecuadas, pero así mismo, en virtud de sus condiciones, se dejaría abierta la preocupante posibilidad de que hoy todo vale, hundiéndonos así en "un paralizante estado de indiscriminación", como lo afirma Hal Foster en la cita hecha por Jaime Cerón. Este último afirma que "la muestra dista de evidenciar una visión pluralista. El grupo seleccionado tiene como rasgo común, en mayor o menor proporción, un encuentro con experiencias humanas que no se asocian directamente al universo que el arte ha dominado a través de sus convenciones históricamente identificadas. Adicionalmente, se ve en sus obras una preocupación por los problemas perceptivos que configuran la experiencia que el arte produce, implicando la génesis de situaciones, antes que de obras como tales".

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Pablo Van Wong. De la serie Obrepción con decoración, 1999. Bordado sobre tela, con madera, vinilo, metal, hilo ytubinos de hilo. Dos piezas, una de 89 x 32 x 8 cm y otra de 89 x 119 x 8 cm.

En este grupo nos encontramos con artistas que poseen un trabajo ampliamente conocido; tal es el caso de Danilo Dueñas, José Alejandro Restrepo, José Antonio Suárez, Luis Roldan, Juan Fernando Herrán, Beltrán Obregón, Rolf Abderhalden y Ana Claudia Múnera. El primero presentó una instalación con pinturas, titulada Espacio preservado II, una de las obras más interesantes de la muestra. En alguna ocasión, hablando acerca de su obra, Dueñas argumentaba que el arte se relaciona con el espacio físico que nos circunda, de manera que las dimensiones y los materiales devienen elementos primordiales en su forma de actuar. Heredero del vocabulario del arte abstracto, sus obras frecuentemente evocan la geometría de Malevich y Mondrian, y el gusto por las superficies, pulidas o toscas, por los accidentes de la madera, lo podría vincular con el informalismo, pero, a diferencia de estos artistas y movimientos, su trabajo se escapa del universo de lo bidimensional, su instalación —como lo anota Jaime Cerón— se plantea como una forma expandida de pintura. La obra exhibida proponía un recorrido en el que cuerpo y la “percepción móvil" del espectador, a medida que circulaba por la instalación, se iban apropiando de un espacio construido con paredes de madera y objetos ensamblados y pintados que se colocan sobre las paredes; el recorrido concluye con una mesa de madera en la que se ha colocado una sucesión de libros de pasta dura con títulos en inglés y cuyas hojas de tonalidades pastel presentaban una ordenada y enigmática configuración cromática.

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Jorge González. Julia, Juan, Emilio, Alex, Carlos, Ferran, 1999. Uno de seis retratos. Pastel sobre papel. 64 x 50 cm. c/u.

José Alejandro Restrepo4 es uno de las artistas pioneros de Colombia en la video-instalación; desde tiempo atrás ha evidenciado su interés por explorar el lenguaje del video, la posibilidad que éste tiene de conjugar imagen y sonido, dos elementos esenciales en su propuesta artística. En esta ocasión, José Alejandro Restrepo, como viajero infatigable de la geografía, historia y costumbres, de su país se remitió a los cantos funerarios del Chocó y presentó una obra titulada Canto de muerte, una video-instalación compuesta de dos imágenes: una de ellas se veía directamente a través del monitor de TV, en el que se observaba el rostro de una anciana, y otra, la de un remero, se proyectaba sobre un formato alargado. En esta obra resultaba impresionante la comprensión y dilatación visual y sonora, que se lograban mediante las transformaciones de la imagen televisiva, que transformaba mediante acercamientos y otros recursos técnicos que fragmentaban el rostro de la mujer, y mediante el manejo del sonido, un canto repetitivo y primitivo, un lamento funerario provisto de toda la fuerza y tristeza que caracteriza la música de esta zona del país poblada en su mayoría por personas de raza negra.

José Antonio Suárez5 es uno de los dibujantes y grabadores colombianos más importantes del momento; en esta muestra presentó la obra Sin título, conformada por 28 piezas de distinto tamaño, conservando en ellas el pequeño formato que le es habitual. En ellas recurre al uso del collage y del dibujo, evidenciando el interés por un trabajo incisivo, meticuloso, en el que los elementos gráficos, el punto y la línea dejan la huella de una mano paciente que en esta ocasión talla sobre madera de balso los pliegues del vestido de una niña, o que utiliza una bolsa de té para dibujar en ella la imagen de un ciervo y clavar en ella finos alfileres, o con paciencia y ojo milimétrico perfora un pequeño trozo de papel. Acerca del carácter íntimo que se asocia siempre con la obra de Suárez, Jaime Cerón comenta que, pese a las referencias que tienen sus obras a "las libretas de apuntes, los diarios, y los dibujos que todos realizamos alguna vez en un cuaderno escolar, sus obras tienden a desplazar la dependencia de la bitácora de la vida subjetiva del autor a la de cualquier sujeto que se dé a la tarea de construir las posibles relaciones de sentido que circundan lo que entendemos como diario vivir". Evidentemente, esas imágenes de Suárez, en las que con delicadeza, sensibilidad y humor alude frecuentemente al medio violento en el que nos hallamos inmersos, parecen hacer parte de nuestras apropiaciones íntimas, subjetivas e individuales en las que todos nos podemos reconocer.

Pablo Van Wong, desde la realización de sus primeros objetos en metal oxidado, ha evidenciado una sensibilidad particular hacia el dolor y la violencia; en esta ocasión, como en la exposición Generación intermedia, mostró una tela bordada enmarcada por un grueso marco metálico. La imagen presentada es una de las tantas que reconocemos diariamente en los periódicos y los noticieros, en la que se presenta un hombre muerto atado de pies y manos, cuyo cuerpo, seguramente, fue torturado antes de morir. Esta imagen es delicadamente bordada con vivos colores, y en la parte superior de la obra, dentro de un marco diferente, se muestran los carretes de hilos ordenados; en este ordenamiento, en la parte inferior, reconocemos los colores de nuestra bandera tricolor. Juan Femando Herrán6 propuso una poderosa imagen con la escultura-instalación titulada Hal IV, compuesta de siete piezas realizadas en metal, madera, asbesto y vidrio, que recuerdan las casas de feroces y enormes perros guardianes, provistas además de una fuerte iluminación; sus disposición central en el lugar alertaba al espectador de hallarse bajo una estricta y peligrosa vigilancia. Luis Fernando Roldán7 presentó una obra conformada por tres pinturas de formato alargado, titulada Franjas; en primera instancia, ante estas pinturas realizadas en colores planos, el espectador desprevenido puede pensar en la teoría del color o en una reflexión hecha desde el presente sobre los nenúfares de Monet, o sobre la realidad de la pintura, pero, poco a poco, en esas manchas multicolores se descubre el diseño de la ropa de camuflaje que utilizan el ejército, la guerrilla y los paramilitares, tres grupos que dividen al país en peligrosas franjas de disputa. Ana Claudia Múnera es otra de las artistas que tienen un trabajo ampliamente conocido en el campo del video y la instalación; su enorme Traje de novia, como se tituló la obra exhibida en esta muestra, mostraba en la pantalla del monitor la mano de una mujer que infatigable cose su velo de novia, el que desborda el marco de la imagen e inunda de blanco todo el recinto. Beltrán Obregón siempre apoya su trabajo pictórico en referencias fotográficas, pero en esta oportunidad presentó un conjunto de fotografías aéreas que tituló Con la mirada hacia el cielo, en las que se divisan desde lo alto distintos aspectos de los patios de las cárceles femeninas, fotografías montadas sobre madera que se dispusieron cuidadosamente sobre la pared y que, vistas a distancia, recordaban una construcción cubista.

Rolf Abderhalden elaboró para esta ocasión una videoinstalación titulada Lo demás del silencio, en la que se concede especial atención a lo visual, y a las relaciones que el cuerpo establece con el lugar.

Otros artistas un poco más jóvenes que conformaron este grupo, denotan una sensibilidad diferente, aunque ya no tienen una trayectoria, ésta es más reciente; muchos de ellos han participado en Salones Nacionales así como en distintos eventos propiciados por el Planetario Distrital, entidad que desde tiempos atrás viene haciendo, a través de sus exposiciones, interesantes señalamientos sobre el arte joven de nuestro país Ellos son Jorge González, cuya obra estaba conformada por seis retratos elaborados con pastel sobre papel, trabajo que ya había presentado en la VI Bienal de Arte de Bogotá en el MAM; a propósito de la inclusión de esta obra, Jaime Cerón comentó: "en algunos casos se han incluido obras previamente presentadas en otras exhibiciones, poniendo en cuestión la costumbre contemporánea de desechar una imagen una vez es vista". Fue así como se volvieron a apreciar en un contexto diferente estos retratos en los que persiste una mirada renacentista, donde el rostro se destaca sobre el, paisaje pero se trata de personas comunes y corrientes cuyas facciones distan de los ideales clásicos. Wilson Díaz participó con un conjunto de pinturas y fotografías alusivas a temas urbanos, con connotaciones a veces sentimentales —una pareja que parece habitar en un apartamento tremendamente convencional—, a veces prosaicas —la de un hombre joven que vomita—, imágenes que se entremezclan con visiones externas de distintos lugares de la ciudad, que reciben el nombre de Ciudad fantasma. Humberto Junca presentó una obra titulada Manualidad, en la que se alude al mundo de las cartillas infantiles, a través de una factura impecable en la que se pone en juego la manualidad de lo artístico. José Gabriel Calderón y Adriana Arenas participaron con obras realizadas en video. El primero exhibió un video documental en el que distintos personajes marginales narran con crudeza y espontaneidad distintas experiencias de su vida, mientras que la segunda realizó una videoinstalación en la que, a través de una gran imagen, se veía en un gran acercamiento el proceso de elaboración de dulces de azúcar, mientras se escuchaban vallenatos cuyas letras eran traducidas al inglés mediante monitores.

Las obras premiadas por el jurado —conformado por Pablo Herkenhoff, crítico y curador independiente, curador jefe de la XXIV Bienal de São Paulo; Osvaldo Sánchez, crítico de arte y curador independiente, director del Museo de Arte Carrillo Gil, de México; Ana Sokoloff, especialista en pintura latinoamericana en Christie's New York— fueron las de Danilo Dueñas, José Alejandro Restrepo y Jorge González.

Puntos de cruce, a diferencia de la anterior versión, Rojo, no apostó por la pintura ni por un color como elemento unificador; en cambio, se arriesgó con la diversidad de medios y de lenguajes, y apostó al señalamiento de una direccionalidad del arte compleja; sus criterios, ya comentados, fueron expuestos con seriedad; es una exposición que presenta alternativas, afronta problemas y propone muchos puntos de cruce, que sirven a su vez como puntos de partida para una posterior reflexión.

NOTAS

1. Jaime Cerón, "Cruce sobre puntos", en el catálogo Puntos de cruce, que acompaña la muestra.

2. Carlos Arturo Fernández, "Puntos de cruce: arte y realidad", op.cit.

3. Natalia Gutiérrez, La percepción: puntos de cruce, op. cit.

4. Véase revista Arte en Colombia Internacional No.73, "José Alejandro Restrepo", por Natalia Gutiérrez.

5. Véase revista Arte en Colombia Internacional No. 70, "José Antonio Suárez", por Natalia Gutiérrez.

6. Véase revista ArtNexus No 26, "Juan Fernando Herrán", por Ivonne Pini.

7. Véase revista ArtNexus No 32, "Luis Fernando Roldán", por Natalia Gutiérrez.

MARTA RODRÍGUEZ

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