Heidegger decía que "Sólo lo que se idea es lo que se ve, pero lo que se idea es lo que se inventa". La frase es reveladora, especialmente si se usa para describir lo que es el proceso de la narración histórica, es decir, de la interpretación de los hechos históricos. En la época en que sólo se podía contar con las descripciones verbales de lo que una persona vio en ciertos lugares y eventos, el período entre lo que sucedió, lo que se vio y lo que se narraba daba como resultado que las ficciones más improbables se consideraran verdad histórica. Gracias a esto, hoy en día tenemos narraciones tan espléndidas (fusión de testimonio histórico e invención literaria) como la de fray Gaspar de Carvajal sobre la primera travesía por el Amazonas de la que se tiene noticia, realizada por la expedición de Francisco de Orellana.
Esta narración sirve como argumento ideal para los artistas Sergio Vega y Miguel Ángel Ríos, quienes elaboraron una exposición con base en estos hechos. Ríos y Vega toman la cronología aproximada del viaje de Orellana por el Amazonas, entre 1541 y 1542, mezclando, como lo hizo Carvajal hace casi medio milenio, la historia con la fantasía personal y con nuestras proyecciones colectivas actuales.
Orellana estaba a las órdenes de Gonzalo Pizarro (hermano de Francisco), cuya expedición se encontraba extraviada cerca de Quito, Con el fin de buscar ayuda, Orellana se adelantó río abajo con un grupo de soldados. Sin embargo, la corriente jaló inevitablemente a Orellana y su gente hacia uno de los afluentes del río más caudaloso del mundo, dando principio a un periplo que duraría cerca de un año. La narración de Carvajal es famosa por haber reintroducido a las fantasiosas mentes europeas el mito de las Amazonas (de ahí el nombre del río), las sirenas y otros seres extraordinarios que, según Carvajal, encontraron los españoles en su viaje.

En esta exposición, los hechos históricos funcionan como marco para las obras, pero con una adaptación o pie de nota contemporáneo sobre los eventos. Mientras que Ríos y Vega reconstruyen detalladamente la geografía del río Amazonas a través de la unión de una serie de ramas de árbol pintadas dé azul, en otra instalación titulada Picaduras cósmicas (que se refiere al hecho de que los conquistadores fueron constantemente atacados por mosquitos durante todo el trayecto) se presenta una pared con color de piel en donde varios puntos rojos marcan varios eventos históricos, mezclando los actuales con los recientes, y de carácter variado, ya sean incidentes políticos, económicos, o deportivos.
Ríos y Vega alternan la resolución de mantener los márgenes objetivos de la historia con la de no tomarse demasiado en serio, creando un ambiente deliberadamente socarrón que, por fortuna, contrarresta la solemnidad de la historia épica que utilizan como base. La colisión entre objetividad historiográfica y la actualización caricaturesca se ve en La cobra grande, que consiste en una caja de plexiglás con una superficie que denota la cronología del viaje de Orellana, y dentro mostrando una piel de serpiente que en vez de cabeza culmina con una taza de cerámica con el rostro de Betty Boop. Otro ejemplo es la humorística Amazing Amazonas, que incluye una efigie —al estilo de un santo antiguo de iglesia— de fray Gaspar de Carvajal mirando azorado hacia una caja de plexiglás con plantas y fotos de lo que hoy se pueden considerar nuestras amazonas contemporáneas (Linda Cárter, como la Mujer Maravilla, o Daryl Hannah, como la sirena de Splash): la historia contemplando la continuidad del mito de las amazonas.
Luego, en una serie de dibujos crudamente hechos por Ríos, los artistas mismos se convierten en los viajeros, y los tiempos se mezclan mostrando a Orellana en medio del río con un celular en la mano, comunicándose con los artistas. En general, Vega y Ríos parecen establecer una especie de diálogo entre ellos mismos, como si se contaran la historia el uno al otro, una especie de Beavis y Butthead comentando burlonamente una película seria, pero cuyos comentarios mordaces resuenan fuertemente en nuestro Inconsciente colectivo y cumplen su objetivo de hacernos reflexionar sobre nuestros propios mitos actuales.
De cierta manera, no hay mejor historia para tergiversar, adaptar y redecorar. Como se puede dar a entender con base en lo que dice Heidegger, a fin de cuentas, la historia nunca puede separarse de la serie de narraciones subjetivas y proyecciones de nuestras propias angustias y deseos que, dependiendo de la validez que la colectividad les otorgue, pueden acabar aceptándose como verdades. La exposición resulta refrescante, en el sentido de que trata un tema que en muchos otros casos ha sido mitificado, metaforizado y politizado a extremos autocomplacientes y románticos. Como nos lo hacen ver Ríos y Vega, la historia es sólo un medio más del que nos podemos valer para entender no tanto la historia en sí, sino para examinarnos a nosotros mismos.
PABLO HELGUERA
