La inmersión en la cotidianidad hace que el ser humano pase por alto emociones y sentimientos; simplemente los da como hechos y no advierte que están ahí por una razón específica. Si eso sucede con los asuntos del alma, ¿qué esperar de las cosas que acompañan al cuerpo? Sin duda, al dejarlas de lado y ponerles poca atención, se vuelven invisibles, y es por esta razón que la muestra de Mauricio Alejo (México, 1969) despierta la curiosidad del espectador.

Alejo presenta una serie de fotografías de gran formato —color y blanco y negro— en las que muestra como tema principal esos objetos cotidianos —que se usan y se viven— a los que no se les presta atención. Al reparar en ellos a través de la obra del artista y apartarlos de su contexto habitual, se vuelven completamente ajenos, y todo resulta como si se les mirara por primera vez. Las piezas que comprende la exposición Objetos ajenos fueron realizadas entre 1996 y 1999 y presentan al objeto en un primer plano con unos fondos gastados, que mientras revelan el paso del tiempo y neutralizan el espacio, dejan entrever la incertidumbre de encontrar un objeto tan ordinario transformado por la labor del fotógrafo. Como si fuera un científico utilizando el microscopio, Alejo fotografía estos entes comunes, aislandolos de su hábitat natural para convertirlos en su objeto de estudio. Saleros, un jabón, un sacapuntas, botellas de plástico, se ven despojados de cualquier valor ontológico; aquí no se aplica la premisa "por ser bueno (útil) es bello", sino que los elementos escogidos por el fotógrafo simplemente son y como tales existen.
Vale la pena destacar que el resultado de las imágenes producidas por Alejo se obtiene desde la toma. La fotografía da como resultado la fotografía misma. Nada se resuelve en el cuarto oscuro, el negativo se enfrenta limpio a los procesos de impresión, ya sea plata sobre gelatina o impresión cromogénea. En ciertas piezas, las botellas o envases de plástico, Alejo utiliza un filtro de color verde para producir el resultado deseado. La recurrente obsesión del artista por las formas cúbicas y rectangulares se complementa con una cierta inclinación hacia la representación de texturas en sus fondos. Estos, ya sean creados o encontrados por el artista, evidencian el volumen de los objetos y neutralizan el tiempo y el espacio, en un juego entre el positivo y el negativo. Las fotografías de Alejo incitan al espectador a interiorizar en el significado de la cotidianidad y a poner atención en esos objetos ajenos que al pertenecerle a alguien se trasladan al olvido y sólo son rescatables a través de la memoria fotográfica.
ANA ELENA MALLET
