Exposición Individualoct 1999 - dic 1999· Por Juan Carlos Palenzuela

Manuel Espinoza

Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber (MACCSI)

Una retrospectiva del pintor, docente y museógrafo Manuel Espinoza presenta el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, en una obra que se distingue por la precisión de su lenguaje plástico, la reiteración de su motivo de diálogo con la naturaleza, su paso por Igual de la pintura al dibujo, y sus formatos, generalmente medianos.

Manuel Espinoza nació en 1937 y su relación con las artes plásticas data de mediados de los años cincuenta, cuando era estudiante. Su primera exposición individual tuvo lugar en 1960, en el Museo de Bellas Artes. Cuando se recorre su actual antología sorprende, ante la evidencia del potencial de su obra, un cierto descuido por parte de la crítica especializada venezolana, que tantas veces ha olvidado el nombre de este artista.

Exposición Individual: Manuel Espinoza — imagen 1
Manuel Espinoza. Elogio del silencio. 1997-1998.

Al mirar la coherencia y calidad de buena parte de todo su hacer, se impone su interés por la naturaleza, sean sus estudios de libélulas, de árboles y flores o de paisajes. Esa temática, con cientos de paréntesis, como su etapa figurativa de la década de 1960 o sus composiciones de acento geométrico y de diseño de la década de 1970, es la más persistente del artista y la que finalmente le reporta sus mejores logros. Esa temática de exuberante flora, de una naturaleza sensual, podríamos asociarla a una idea de pintura latin"revolucionario", sino de carácter culto, de muy buena pintura.

El género del paisaje parecería condenado en las posturas radicales de la modernidad. Si esto fuese así, sería en el marco de lo anecdótico y no de lo intrínseco de lenguaje y contenido de la obra. El paisaje como tal es un modo expresivo y temático válido en la renovación y revalorización del humanismo. Así podríamos entender obras a contracorriente, como el mejor Obregón o Antonio Barrera, o nuestros Aponte Istúriz o Pujol. La pintura de Manuel Espinoza se inscribe en ese contexto de una indagación de los códigos y la expresión desde el paisaje. El artista ha fundamentado aprendizajes, capítulos vivenciales y las maneras de su propio decir, en etapas muy concisas y en un balance de trayectoria muy bien definido.

Su salida a campo abierto se centró en lugares secos, de relativo atractivo plástico para, desde esa exigencia, encontrar la cualidad de lo que llamamos su propio decir. Son escenas de rica materia, de contrastadas luces, de contados elementos, de una grafía intensa. Son composiciones de fuertes planos de color, de climas cercanos a la tormenta, de ocasos de extraordinaria belleza en lo reducido del recurso narrativo, de abundante materia pictórica y, en otros casos, de despojo del motivo natural, de lo estricto de un lenguaje emparentado con las escrituras visuales orientales.

Esta exposición evidencia que la madurez del creador es un proceso de constancias, de mil jornadas ante el árbol, el atardecer y los muchos cambios del color o las formas en la naturaleza. La mano del artista está muy presente en cada obra. De manera persistente hay ciertas convicciones expresionistas en su hacer. En la última serie de paisajes, Elogio al silencio, hay un sentido de análisis y estructuración del campo y la montaña, hasta alcanzar la modulación del lenguaje plástico. Entonces, el paisaje parecería convertirse en naturalezas muertas y, más puntualmente, en expresión creadora.

JUAN CARLOS PALENZUELA

Manuel Espinoza, por Juan Carlos Palenzuela | artnexus