Exposición Individualoct 1999 - dic 1999· Por Elena Oliveras

Lucía Warck-Meister

Galería Diana Lowenstein

Con el título La morada de la araña, Lucía Warck-Meister exhibió su nueva serie de tejidos-textos en la que saca un excelente partido de una técnica de uso doméstico, hasta ahora ajena al mundo del arte. Una pistola encoladora que, por efecto del calor, ablanda la materia plástica contenida en su interior, le ha permitido transformar esa sustancia transparente en hilo con el que dibuja, de manera artesanal, una trama similar a la que teje la araña. Con ese mismo hilo escribe frases que, en secuencia ininterrumpida, sirven de comentario a la acción ambivalente del construir. "Construyo-destruyo", "Construyo mi deseo", "Ella devora", "Este es el fin", "Tu mente es frágil" son algunos de los textos que se entremezclan con el tejido de base y que podemos leer, a veces dificultosamente, como en filigrana.

Exposición Individual: Lucía Warck-Meister — imagen 1
Lucía Warck- Meister. Fin, 1999. Plástico sobre papel. 19 x 25 cm.

La técnica de los trabajos expuestos es similar, pero las disciplinas son diversas. En algunos casos, como en los relieves, se mantiene la referencia al plano, mientras que en otros se produce un franco despliegue de la obra en el espacio, como en los objetos y en las instalaciones.

Se podría entrever en los tejidos-textos de Warck-Meister la referencia a un hacer típicamente femenino, íntimo, hogareño. Pero las connotaciones van más allá de un arte de género. Hablan de cuestiones esenciales propias del ser humano, como la confluencia, en muchas de sus acciones, del construir-destruir. El paso a veces Imperceptible —de un término a otro a través de un tejer que desteje para volver a empezar— resulta ser el eje temático de la muestra.

Si Warck-Meister elige la telaraña como imagen arquetípica del juego construcción-destrucción es porque en ella opera un instinto primario. La araña no tiene que aprender cómo tejer su tela, aunque el acto de hacer la trama pueda estar adaptado a distintas circunstancias. Pero si ella es capaz de construir naturalmente, no es menos cierto que su morada resulta también fácilmente destruible. Asimismo, para el que cae en su suave y seductora trampa, es un espada de aniquilación.

Como lo fueron las rosas, las espinas o los naipes de series anteriores, la telaraña es el sitio de un drama: hábitat frágil de un ser vivo y mortaja para el que queda atrapado en ella. Es símbolo doble de atracción y de repulsión, de placer y de dolor. Por eso el cuerpo (repulsivo) de la araña llega a adoptar también la forma (agradable) de un corazón.

En sintonía con la acción de la araña, Warck-Meister realiza pacientemente cada uno de sus trabajos. Y esto es así porque la mostración del tiempo resulta esencial a sus planteos estéticos. Sería imposible que ella concibiera la obra y asignara a otros la realización. Mostrar el proceso de maduración de una idea, su gestación a través de los días, resulta una cuestión principal. Se trata de un tiempo siempre subjetivizado, modelado por humores, emociones e inquietudes del momento, por amores y por odios, por éxitos y por frustraciones, variantes todas subjetivas que, de manera más o menos intensa, dejan su marca en los distintos tramos de la obra. Si en algunos trabajos el negro o el blanco resultan dominantes, en otros el color aporta un tono de mayor vitalidad. Son señales sutiles que también nosotros, pacientemente, debemos aprender a descifrar.

Warck-Meister demuestra una vez más su interés por la comunicación directa con el espectador. No es casual que, para hablar de la vulnerabilidad del ser humano en el mundo de hoy, elija figuras emblemáticas de fuerte poder evocativo. Si antes fue la rosa, hoy es la telaraña la mejor Imagen de algunos de nuestros terrores latentes. La emoción y la sensibilidad a flor de piel que esas figuras despiertan oponen siempre un freno ante cualquier exceso de intelectualización. Desde esa comunicabilidad directa, ella nos invita a sacar nuestras propias conclusiones. De esta manera, lo estético se encuentra en su poética ligado necesariamente a lo ético.

ELENA OLIVERAS

Lucía Warck-Meister, por Elena Oliveras | artnexus