Exposición Individualoct 1999 - dic 1999· Por Inés Katzenstein

Karin Schneider y Nicolás Guagnini

Museo de Arte Moderno - Buenos Aires, Argentina

Después de haber expuesto desde 1989 como artistas plásticos, trabajando en pintura y escultura respectivamente, una vez instalados en la ciudad de Nueva York, Nicolás Guagnini y Karin Schneider se asociaron para fundar Unión Gaucha Productlons, una compañía de cine de artistas. La pareja obtuvo inmediatamente una beca para trabajar en Lodz, Polonia, adonde viajaron con una cámara de 16 mm para comenzar a estudiar el acervo del Museo Stuki, "el tesoro de Lodz", según palabras de Guagnini.

Allí la gran fascinación se produjo con las obras de una pareja de artistas modernistas polacos, Wladyslaw Strzeminski y Katarzyna Kobro; una fascinación que sirvió de puntapié inicial para Limbo fantasmal, la obra que presentaron en agosto pasado en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, luego de exhibirla en el Museu de Arte Moderna de São Paulo y en la Galería Luisa Strlna de la misma ciudad.

Exposición Individual: Karin Schneider y Nicolás Guagnini — imagen 1
Karin Schneider y Nicolás Guagnini. Limbo fantasmal, 1998. Fotofija de película de 6 mm.

Limbo fantasmal es una película muda, en blanco y negro, que dura 22 minutos. Fue filmada en 16 mm y está compuesta de la estructura expositiva y didáctica de un documental y de algunos recursos del cine de la década de 1920, aunque se trate más bien de una parodia poética acerca del género y de la época.

Limbo fantasmal representa la conformación de una colección absurda de imágenes del modernismo periférico desde la década de 1920 hasta la de 1960, fundamentalmente, en la forma de documental. La película muestra, con la ingenuidad de recursos cinematográficos ya definitivamente antiguos, conexiones analógicas entre una selección de obras modernistas de la pareja Strzeminski-Kobro, del argentino Raúl Lozza y de los brasileños Lygia Clark y Hélio Oiticica, mezcladas con algunas otras imágenes en principio sorpresivas —como un hipopótamo abriendo su Inmensa boca o algunas escenas, de cuerpos en trance, extraídas de un documental haitiano—, que fueron elegidas por sus conexiones poético-formales con el conjunto de obras filmadas.

Así, Limbo fantasmal se va hilando a partir de procedimientos de asociación formal entre imágenes generadas en contextos históricos diversos. Según Guagnini: Utopías periféricas, no sometidas a la máquina del sistema de vanguardias sucesivas, que se desarrollaron relativamente aisladas y asincrónicas con respecto a los centros. En este sentido, la película trata acerca de la distancia como condición de la reformulación crítica o reficcionalización de la historia. No solamente por las obras y los artistas que documenta —lo moderno polaco, brasileño o argentino con sus distancias y sus desvíos específicos en relación con la historia del modernismo de los países centrales—, sino porque, en el caso de Limbo fantasmal, el cine mismo—la fascinada, relativamente virginal relación de Guagnini y Schneider con el cine— parece ser la distancia que les permite a los artistas descomprimir y des solemnizar su relación con los materiales elegidos como plataforma de partida, y hacer, según ellos señalan, una especie de "comedia didáctica" acerca de un período de la historia.

Específicamente en el caso de Buenos Aires, donde desde hace algunos años hay un grupo de artistas, sobre todo pintores, que trabajan a partir de ciertas imágenes derivadas del arte concreto, la obra de Schneider y Guagnini muestra por primera vez cómo opera, previa a la absorción deformante, la mirada de un artista sobre un acervo histórico. Con esto quiero decir que, hasta ahora, las imágenes del modernismo argentino de la década de 1940 aparecían arbitrariamente citadas aquí y allá, sin aparecer nunca explicitados los canales de lectura, los motivos y pasiones secretas que esta comedia exhibe. Limbo fantasmal desnuda las operaciones de relectura de la historia como un mapa de relaciones elásticas, una constelación en la que las aproximaciones ya no se basan en el poder, sino en una simple, aunque corrosiva voluntad poética.

En cada uno de los espacios donde el tándem Schneider-Guagnini mostró la película, la presentación se completó con alguna intervención adicional. En el caso del Museo de Arte Moderno, los artistas realizaron una instalación de guardas o frisos de papel blanco y negro con fotogramas de la película repetidos, señalando el camino de la entrada del museo hasta la entrada del auditorio donde se proyectaba Limbo fantasmal.

INÉS KATZENSTEIN

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