Exposición Individualoct 1999 - dic 1999· Por Bélgica Rodríguez

José Miguel Rojas

Galería Valanti

Ese tenue hilo de la vida que nos separa (1997-1999) fue el título de la muestra que José Miguel Rojas, pintor y poeta, presentó recientemente en la Galería Valanti de San José de Costa Rica. Artista figurativo, deviene en cada momento de su proceso creador en artesano, en investigador o en alquimista de su propia necesidad de expresar en términos visuales los fantasmas que lo atormentan. Preocupaciones humanas, políticas, sociales, y hasta los amores retribuidos o no, se convierten en las imágenes que dolorosamente pueblan la superficie de la tela y se transforman en metáforas visuales que se gestan de una manera introspectiva y ontológica.

Exposición Individual: José Miguel Rojas — imagen 1
José Miguel Rojas. Tú puedes encontrar lejos de mí quién te comprenda, 1998. Óleo sobre lela. 190 x 125 cm.

A principios de la década de 1980, Rojas explora dimensiones matéricas y temáticas que lo acercan a la pintura informalista, y de allí salta a su primera exposición individual que titula Los insepultos, de corte neofigurativo, pero que anuncia la vía por la que el joven artista va a continuar. Es evidente el clima de protesta, o al menos de inconformidad social, que permea la pintura de Rojas. Las series Los transgresores (1986), Los motociclistas (1985-1989) y Los divertimentos (1988) muestran una faceta de sus exploraciones con el ensamblaje y el collage, que se concretiza como contenido sociopolítico con la serie Imágenes al poder. Así, recorriendo caminos ciertos, pavimentados por la experiencia de su estadía en Alemania y otros países de Europa, trabaja sustentado por la fiereza del que sabe qué es lo que está logrando en su trabajo creador.

El hombre y sus miedos, preocupaciones y malestares en la vida interior y exterior, pareciera ser el tema central de la obra de este joven artista costarricense. Qué buscar más allá de los personajes que pueblan la realidad latinoamericana. Los temas están allí. Y así trabaja Rojas. Siempre buscando la mejor manera de hallar las técnicas apropiadas para cada una de sus series. La poesía, la escritura y la pintura se mezclan con los anhelos de expresar visualmente, convertidos en metáforas apreciables, los sentimientos, los miedos, las esperanzas de un SER que se encuentra, la mayoría de las veces, perdido en la oscuridad de la noche. Desde mediados de la década de 1990, Rojas ha hecho énfasis en la expresión de sentimientos a través de personajes, hombres y mujeres; así, surge la serie Amatorio (1995-1997), y este año, en su última exposición individual, su iconografía, de acuerdo con la presentación del catálogo, puede calificarse como "una figuración donde el interés es exponer los miedos, las frustraciones, las debilidades' y pasiones a través del drama de las parejas o la simple soledad de los individuos". Al mirar las piezas que componen la muestra es evidente que los sentimientos se encuentran. ¿Pasión? ¿desilusión? ¿frustraciones? Toda la serie es un estudio psicológico del ser humano. No son retratos, pero sí conforman todos ellos una iconografía de lo que el Ser es hoy en su sociedad: un solitario por excelencia. Rojas recurre a su dominio de los recursos técnicos para presentar una pintura impecable. Las imágenes, en consecuencia, se presentan como revelaciones de esa soledad ubicada en tiempos indefinidos, pero en espacios perfectamente mensurables. El artista asume la posibilidad de lo desconocido apoyándose en su intuición y su conocimiento del mundo y las vibraciones del alma en los desencuentros o en las separaciones. Las imágenes, casi siempre en parejas sobre el plano, no se encuentran, ni a sí mismas ni entre ellas; prácticamente, la ausencia de color (usa más la línea valorizada y el carboncillo) y el trazo fuertemente expresionista definen el carácter fuerte de esta pintura, casi dibujo, de un artista que en Centroamérica se ha proyectado como una personalidad sólida en el medio de las artes visuales.

José Miguel Rojas, por Bélgica Rodríguez | artnexus