FIA-99 Caracas

Manolo Valdés. La gran librería III, 1999. Madera. 472 x 440 x 100 cm. Galería Freites.

Monografíaoct 1999 - dic 1999· Por Víctor Guédez

FIA-99 Caracas

En medio de dificultades económicas severas y de un radicalizado clima político que está abonado por la campaña electoral de la Constituyente, Caracas abrió un paréntesis de celebración y entusiasmo alrededor de la octava edición de la Feria Iberoamericana de Arte en Caracas (1999). El tono festivo de este evento, así como la resonancia en toda la actividad cultural de la ciudad, fue el insumo para que Zapata (el humorista más reconocido y genial del país) publicara en la página editorial del diario El Nacional una caricatura que recogía la expresión más reveladora del significado de dicho acontecimiento. La imagen de la caricatura consistía en una página de periódico acompañada de una leyenda que decía: "Gracias a la FIA, el Arte le quitó la primera página a la Política". Es justo reconocer la persistencia de un comité organizador que logró demostrar que la capacidad gerencial se pone de manifiesto cuando se hace lo máximo con lo poco que se tiene.

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Osvaldo Vigas. Ese deseo de encantamiento, 1999. Homenaje a Gastón Diehl. Oleo sobre lienzo. 200 x 200 cm. Grupo Li.

Realmente, en la edición de este año el número de galerías participantes fue menor y las galerías extranjeras asumieron menores riesgos respecto a los formatos y al repertorio de firmas. Sin embargo, la afluencia del público, al igual que la dinámica de los contactos y la alegría que se apoderaba de la atmósfera, se convirtieron en ondas expansivas que disiparon los malos augurios y que, al mismo tiempo, sirvieron para ratificar que ante las limitaciones de recursos crematísticos hay que afinar el espíritu para capitalizar las mejores oportunidades. Además, a todo se añadió que los resultados de las ventas no fueron negativos. Esta concurrencia de situaciones permite legitimar el viejo aforismo de Nietzsche, según el cual: "Afortunadamente tenemos el arte para no morir a causa de la verdad" Debe reseñarse que, como en años anteriores, la FIA de Caracas sirvió para organizar muestras asociadas y programas de charlas y foros en donde se Integraban los aportes de artistas, investigadores, críticos, curadores, directores de museos, galeristas, coleccionistas y demás personas vinculadas al quehacer artístico. En esta ocasión la muestra asociada fue el II Salón de Jóvenes con FIA, el cual estuvo patrocinado por la CANTV y contó con la inteligente curaduría de María Luz Cárdenas. Este acontecimiento se realizó en el Ateneo de Caracas.

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Paloma Navares. Mural, 1993. Fotografía, luz y tubos de metactilato. Adriana Schmidt Gallery.

Como es costumbre, también se llevaron a cabo numerosas actividades paralelas que ampliaron la repercusión del esfuerzo asumido. Carmen Calvo, Robert Capa, Manuel Espinoza y Georg Baselitz, en el MACCSI. En el Museo de Bellas Artes se apreciaba la muestra de Cristian Boltanski. Por su parte, en el Museo Alejandro Otero se montó una exposición de los españoles Antoni Abad, Daniel Canogar, Josep-María Martín y Eulalia Valldosera.

La calidad del catálogo mantuvo su categoría e incrementó la vistosidad del diseño,con un pliego institucional dedicado al Museo de Bellas Artes de Caracas que, afortunadamente, todavía está bajo la profesional y digna conducción de María Elena Ramos. El catálogo también contiene un texto en homenaje a Peppino Acquavella, pionero de la actividad galerística en el país y ejemplo de un optimismo que se acrecentó en proporción directa a las exigencias de un entorno no siempre amigable.

El artista homenajeado de esta última edición del siglo fue Oswaldo Vigas, quien desde hace más de 50 años ha mantenido un empeño creativo que no le ha dado tiempo para envejecer. Realmente, la obra de Vigas podrá ser objeto de apologías o de críticas, pero en ambos casos tendría que admitirse que la línea de su desarrollo estético ha revelado que sus convicciones no han sido alteradas y que sus obras guardan un sentido de unidad que margina cualquier riesgo de repetirse o de traicionarse a sí mismo. La exposición de sus cuadros, esculturas y cerámicas estuvo concentrada en el Grupo Li-Centro de Arte y en la Aldo Castillo Gallery de Chicago. Esta era la única galería que procedía de Estados Unidos. Un dato curioso es que 90% de los cuadros de Vigas correspondían a su producción reciente, la cual se caracteriza por un sostenido empeño de síntesis, en donde las imágenes se esquematizan sin perder la potencia de un intenso temperamento psicológico y de una expresividad de fuerte raigambre latinoamericana.

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Antonio Seguí. El dueño de la ciudad, 1995. Acrílico y óleo sobre tela. 200 x 200 cm. Galería Durban.

Los invitados especiales fueron Paloma Navares y Manolo Valdés, de España, así como Antonio Seguí, de Argentina. Las ejecuciones de Paloma Navares podían observarse en la Galería Metropolitana de Barcelona (España), en la Galería El Museo (Colombia) y en la Galería Adriana Schmidt (Alemania). Esta artista es bastante conocida en Venezuela debido a la bien comentada y concurrida individual que se montó en el Museo Alejandro Otero en 1977. Su universo formal se plantea en un amplio registro que va desde la fotografía hasta vitrinas que se comportan como microinstalaciones que se apoderan del espacio circundante. La artista recurre a objetos y envases que en ocasiones se convierten en módulo o en móviles de fuertes cargas ilusorias, en las cuales las figuras fragmentadas de carácter culinario, médico o de tocador terminan por lograr una extraña mezcla de sorpresa y sospecha. No sobra recordar que las limitaciones propias de su visión se filtran regularmente en sus obras para adquirir connotaciones inquietantes y enigmáticas. Testimonio de esta referencia se aprecia en la obra Fin de semana (1977), integrada por un neceser que contiene una fotografía de manos, y por dos envases domésticos que contienen ojos abiertos y ansiosos. Aquí, estas referencias asumen la condición de símbolos en donde las manos dejan ver las líneas de la vida que están encerradas en un utensilio femenino. A esto se añaden los ojos, que incorporan una combinación de incertidumbre y esperanza.

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Víctor Rodríguez. Mejor amigo, 1998. Acrílico sobre tela. 147,3 x 147,3 cm. Galería Enrique Guerrero.

Los cuadros y esculturas de Manolo Valdés también se localizan en diferentes espacios, pero muy particularmente en la Galería Freites. Especial mención debemos hacer de La gran librería III (1999), que es un ensamblaje de madera de gran formato (240 x 440 cm) y de resonante impacto. Su resolución alude a una biblioteca abarrotada y presionada por la desproporcionada acuñación de libros y objetos que activan un vigoroso ritmo perceptivo y que multiplican los registros formales hasta sus más expresivas posibilidades. Aquí la nobleza del material y la versatilidad del artista se combinan en la proporción adecuada para sortear la ambivalencia entre la reproducción y la alteración del objeto aludido.

Los espacios ocupados por la Galería Durban congregan las realizaciones de Antonio Seguí, en las cuales la rutina y la cotidianidad se combinan con el anonimato y la ansiedad para hacer narraciones mordaces e irónicas de la vida urbana. Este abordaje procede de una extraordinaria capacidad observadora, así como de una fina percepción crítica, que permiten replantear los expedientes más densos de la vida contemporánea.

Un recorrido por los espacios de las 34 galerías permite destacar que —aparte de aquellas que albergan a los artistas invitados— sólo se observa la presencia de dos muestras individuales. Una del venezolano Pedro Sandoval, en los espacios de la Galería Ars Forum, y otra del dominicano Alberto Ulloa, en la Galería Víctor Núñez. El planteamiento de Sandoval consiste en unas amplias superficies que proceden de pastosas texturas y de valoraciones homogéneas. De esta especie densa y pesada surgen desnudos femeninos que asumen el foco nuclear de los cuadros. Estas figuras asumen poses de descanso y aparecen suspendidas sobre el espacio, a manera de emblemas, símbolos y evocaciones que levitan para favorecer sus diversas perspectivas formales. Aquí el desnudo como tema y la pintura como disciplina intentan renovar las razones de sus legitimidades contemporáneas. Por su parte, la obra de Alberto Ulloa asume una figuración barroca que parece inspirarse en una especie de neocubismo.

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Pedro Sandoval. Volúmenes flotantes, 1999. De la serie Masada. Oleo sobre tela. 150 x 170 cm. Foto: Luis Armando Hurtado. Ars Forum Galería de Arte.

Al asumir la secuencia sugerida por el plano de la feria, encontramos a la Galería Sextante. Aparte de la calidad de las obras de Ricardo Benaim, Hugo Zapata, Luis Fernando Peláez, José Antonio Suárez y Teresa Sánchez, se hace insoslayable destacar los acertados criterios con los cuales se solventan las exigencias del montaje. A pesar del número de piezas, todas pueden verse desde sus más variados ángulos y el espacio termina por convertirse en una especie de instalación en donde los lenguajes se armonizan para convocar un atento recorrido.

La Galería Jacob Karpio de Costa Rica mostró un amplio espectro de obras, entre las cuales deben destacarse las pinturas recientes de Lluís Barba, en las cuales los conceptos de la manipulación y la alienación se revelan mediante la resolución de los temas asociados a las drogas y a la violencia. La receptividad que el público caraqueño le brinda a las piezas de Barba está siempre acompañada de la solidaridad hacia su persona. Sus muestras en Caracas, así como su presencia consecuente, han permitido su rápida incorporación a los ambientes culturales del país. También debe mencionarse a Priscila Monge, quien subraya el tema de las alineaciones asumidas por los equipos deportivos en el marco de los rayados de las canchas y de los símbolos que acompañan a los juegos. En medio de estos abordajes, también se aprecia una subyacente interacción entre la geometría de los campos deportivos y las dramáticas tensiones psicológicas de los protagonistas.

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Miguel Meza. Ni ilusionista, ni de artimañas, 1999. Oleo y pasta de modelado sobre tela. 80,5 x 115.5 cm. Galería Juan Ruiz.

Los espacios de la Galería Adriana Schmidt, de Stuttgart, Alemania, abrigan una interesante selección de piezas. Deben subrayarse las obras en gran formato de Pedro Castrortega, así como la potencia sensual que se recoge en las realizaciones de Olga Adelantado. También resultaron convincentes las ejecuciones de Joan Fontcuberta, Mikel Lertxundi y Tucho Molina.

Muy cerca se disfrutaba el conjunto expuesto por la Galería Enrique Guerrero, de México. La pieza de Olga Adelantado confirma la potencia de su convocatoria, así como la extraordinaria pieza de Guillermo Kuitka, que alcanza superlativos niveles de dramatismo. Igualmente convincentes son las obras de Julio Galán y Saint Clair Cemin. Pero de todo el grupo, deseamos señalar las persuasivas piezas de Víctor Rodríguez, quien ha sabido combinar enfoques hiperrealistas con las sensibilidades del Pop Art para renovar la convivencia entre oficio, creatividad y contemporaneidad. En su cuadro Dos sueños (1998) deja evidencia de una ejecución colmada de sensualismo y simbolismo.

Una evidente fidelidad a las proposiciones clásicas del arte se pone de manifiesto en los espacios de la Galería Muci. Piezas curiosas y dignas de colección se asocian a las firmas de maestros venezolanos como Reverón, Tito Salas, Monasterios, Cabré, Narváez, Maury. Pero también en estos espacios se les otorga un destacado lugar a artistas contemporáneos como Carlos Hernández Guerra, Carlos Prada y Manuel Quintana Castillo. Una línea debemos dedicar a los cuadros de este último artista, quien con una dedicación ensimismada e insobornable prosigue la tarea de profundizar sus enfoques y de cautivar las exigencias de los coleccionistas venezolanos.

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Juan Carlos Delgado. Sin título, 1999. Humo sobre cal y madera. 215 x 18 x 18 cm. Foto: Jorge González. Galería El Museo.

La Galería D'Museo, por su parte, reúne un significativo grupo de artistas venezolanos y extranjeros. La presencia de varias piezas, en técnica mixta, de Antoni Tàpies siempre amplía la resonancia de los espacios. A esto se añaden varios monotipos del español José María Sicilia, quien fue expuesto recientemente por esta galería. También se exhiben piezas de venezolanos, dentro de los cuales se destaca una versión contemporánea de San Sebastián, de Pedro Morales, la cual es resuelta a partir de la combinación de efectos computarizados y pictóricos. También es imponente la presencia de dos contundentes piezas de Sigfredo Chacón, que dejan sentir el peso y la magia de la materia. Llama la atención una escultura en mármol con la cual María Teresa Torras solventa en pequeño formato lo que hace pocas semanas mostró con rotundo éxito en el MACCSI.

La Galería Joan Guaita, de Palma de Mallorca, España, logró igualmente una congregación de siete interesantes artistas. Florencio Gelabert, Kcho, Rafael Mahdavi, Manuel Mendive, Peter Phillips, Wolf Vostell y Bernardi Roig ocupan el espacio de esta galería. Particular mención queremos hacer de las piezas de Bernardi Roig, pues la magia de sus piezas cautivó a una buena parte del público. La escultura titulada Betty Rose fue una de las más admiradas, ya que en ella se mezclan la poesía y el símbolo para transgredir los significados prístinos de los zapatos y de las flores. Aquí la insurrección de los referentes alcanza a subrayar la paradoja que existe entre la sorpresa y el lirismo.

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Emilia Azcárate. Sin título, 1999. Técnica mixta sobre tela. 140 x 190 cm. Galería Luis Adelantado.

El tono de calidad se prolonga hacia el espacio ocupado por la Galería Metropolitana, de Barcelona, España. Se observan sugestivas realizaciones de Xavier Den, Óscar Muñoz, Paloma Navares, Vanessa Pey, Elmar Thome y Dayra Von Berner. De esta última, sus dos obras contienen una poderosa fuerza persuasiva. Los dos metros de alto por uno de ancho, así como la barra de luz fluorescente que conforman cada pieza, promueven una resonancia de la cual es imposible escapar. Más allá de las imágenes y de los vestidos, el tema de fondo al que se alude es el tiempo, tanto en su versión cronológica como en su interpretación antropocéntrica. La secuencia numérica que se estampa en los vestidos promueve la curiosidad de encontrar alguna pista de lectura de la obra, a lo cual se añade una atmósfera mágica que nos remite a lugares y tiempos indeterminados.

También de Madrid es la Galería Heller, la cual exhibe pinturas de fuerte realismo de Roberto González Fernández, así como una amplia serie de esculturas de Elena Laverón. En la Galería Juan Ruiz, de Maracaibo, Venezuela, se observa la agradable sorpresa de dos maracuchos jóvenes que han logrado liberarse de los códigos propios de la pintura regional para perfilar propuestas tan singulares como interesantes. Nos referimos a las obras de Miguel Meza y Elvis Rosendo. Meza crea un ambiente enigmático, en donde el tono y la vestimenta ceremonial de los personajes contrastan fuertemente con la naturaleza onírica de sus efectos. En medio de este cruce se hacen permanentes referencias al tema de las bodas y de los circos. Los equilibristas, en este caso, son algo más que un dato referencial, debido a que asumen un contenido desafiante por la tensión que despiertan en los observadores. Con un tono más dramático, Elvis Rosendo reúne postales pictóricas que aluden a una crónica sociopolítica del país.

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Darya von Berner. Madona de la historia, 1999. Técnica mixta. 200 x 100 cm. Galería Metropolitana.

Cuatro enfoques diferentes conviven en los espacios de Praxis Int. Art México: Santiago Carbonel, con su hiperrealismo de fuerte tono sensual; Roberto Cortázar, con sus atmósferas brumosas y espesas, de las cuales afloran figuras transparentadas; Bruno Widmann, con sus prototipos figurativos cargados de humor y burla; finalmente, Roger Mantegani, con una mezcla de realismo histriónico y fantasmagórico, en donde los diferentes tiempos y los orígenes distintos generan una extraña y ambivalente temperatura.

Por su parte, la Praxis Arte Internacional, de Buenos Aires, Argentina, también congrega cuatro firmas pertenecientes a Enrique Burone Risso, Ana Fabry, Mario Pérez y el celebrado Iturria, quien con su mundo imaginario y fantástico crea asociaciones que no pueden pasar inadvertidas. Mostró en esta ocasión algunos cuadros particularmente graciosos y sugerentes de Ana Fabry. En sus cuadros, las figuras se convierten en curiosos símbolos que remiten a las más libres metáforas.

En este recorrido aparece, como en todas las ediciones anteriores, el espacio reservado para la Galería El Museo, de Bogotá, Colombia. La presencia de Jim Amaral, Aurora Cañero, Juan Carlos Delgado, Rodrigo Facundo, Ana Mercedes Hoyos, Edgar Negret, Paloma Navares, Vicky Neumann, Bernardo Salcedo y Hugo Zapata le aporta una festiva escenografía a esta muestra. Convendría, en esta ocasión, destacar la obra del más joven de los artistas expuestos. Nos referimos a la pieza de Juan Carlos Delgado, que atrajo mucha curiosidad debido a que era el artista invitado al Salón de Jóvenes con FIA. Su obra consistía en tres columnas con nichos que albergaban rostros impactados por el tratamiento de las luces y por los impactos de las sombras. Los datos difusos de las imágenes son logrados por el uso de un soporte de cal que recibe el efecto del humo.

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Ana Fabry. Durará mucho el mal tiempo, 1999. Técnica mixta sobre tela. 53 x 156 cm. Galería Praxis.

La superficie de la Galería de Arte Ascaso es ocupada por un inventario de piezas que van desde Soto hasta Carmelo Niño, pasando por Carlos Cruz-Diez, Wifredo Lam, Francisco Narváez, Héctor Poleo, Jorge Segui, Ramón Vásquez Brito y Cornelis Zitman. Además, se dedica un stand adicional para exhibir varias realizaciones en gran formato de Alirio Palacios. Aquí, el artista ratifica sus recursos plásticos, así como su capacidad para promover curiosas mezclas entre memoria, fantasía y magia.

El grupo de artistas que muestra la Galería Luis Adelantado, de Valencia, España, le añade valor a la calidad de la FIA y afinca el acento del arte contemporáneo. Al grupo de europeos se añadió la presencia de la venezolana Emilia Azcárate, quien mostró una de sus telas asociadas con el tema de las pieles. Tal como aparece en la ilustración de este texto, la obra incorpora un registro de códigos sensibles que sugieren, simultáneamente, huellas dactilares que se confunden con sellos procedentes de nuestras etnias Indígenas, así como poros epidérmicos que se alternan con rúbricas indeterminadas. La alusión a lo digital y a lo rupestre promueve una convivencia de tiempos y de conceptos. Estos efectos se enriquecen a partir de la transpiración y de las atmósferas que pautan el comportamiento de planos superpuestos.

La Galería Camargo Vilaga, de São Paulo, Brasil, auspicia igualmente la resonancia del arte contemporáneo. La cobertura de firmas contempla las sutiles sedas de Lia Menna Barreto, las persuasivas fotografías de Miguel Río Branco, las sugerentes atmósferas de Rosângela Rennó, ios extraños cortes topográficos de Angelo Venosa y los dicotómicos materiales de Leda Catunda. Desde luego, también debe reseñarse la exposición de piezas de Efraín Almeida, Fabián Marcaccio, Vick Muniz, Julie Roberto, Hiroshi Sugito y Luiz Zerbini.

En el pasillo paralelo apreciamos los cálidos espacios de la Galería Minotauro, siempre custodiados por Cecilia Ayala, quien exhibe, en esta ocasión, distintos formatos de la obra de Pájaro, así como varias piezas de Pancho Quilici, José Gamarra, Nelson Varela y Felipe Márquez. También se observó un hermoso dibujo de Manuel Caballero.

Un toque diferente aportaba la Galería Estampa, de Madrid, España, debido a la interesante combinación de lo clásico y lo arcaico que, a la manera de un neo-naïf, cultivan los artistas Fernando Álamo, Enríe Balanza, Luis Mayo y Ramiro Fernández Sans. Los cuadros de este último artista despertaron mucha curiosidad debido al tema y calidad de sus ejecuciones. La vida de Simón Bolívar, desplegada en algunos de sus episodios más significativos, fue conmovedoramente abordada por este joven y talentoso artista.

A diferencia de las nutridas colectivas de las anteriores ediciones, en esta oportunidad la Galería Graphic/CB2 se concentró en dos artistas: el español Carlos Evangelista y el venezolano J. J. Moros, quien presenta un coherente conjunto de esculturas, en mediano formato, entre las cuales sobresale la pieza titulada Arbotante, que se asocia con el recurso arquitectónico que sostiene y contrarresta el peso de una pared. La limpieza de la ejecución y el esquematismo formal de esta escultura se traducen en una persuasiva resonancia.

No es posible dejar de subrayar el interesante grupo de paisajes que el maestro chileno Ernesto Barreda mostró en los espacios de la Galería Acquarela. También llamaron la atención y se convirtieron en un éxito comercial las esculturas en bronce de Luis Montoya. Fue igualmente imponente la serie de piezas que, sobre el tema de las multitudes, exhibió Manuel de la Fuente.

El dominicano García Cordero evidenció el dominio de sus recursos pictóricos mediante una amplia variedad de temas. En sus cuadros, el toque de sátira y el ingrediente crítico asumen formas seriadas y alegorías intrigantes. Testimonio de estos efectos se observan en la pieza Potes con troncos. García Cordero fue exhibido por la Galería Lyle O. Reitzel Arte Contemporáneo, de República Dominicana. Aquí también se expusieron tres piezas de Édouard Duval-Carrié, Eleomar Puente y Gustavo Acosta.

Artistas jóvenes venezolanos como Diana López, Raúl Martinetto y Sylvia Riquezes pidieron no ser observados en el stand de la Galería Arte Florida, de Venezuela.

El recorrido no queda completo sin destacar que, con la consecuente presencia de todos los años, se hizo presente la Gale ría Cuatro Diecisiete, de Madrid. Aquí, las enigmáticas esculturas de Josep Bofill se acompañaron con ejecuciones de Amparo Garzón, Cristóbal Toral y Manuel de la Fuente.

Lo largo y pormenorizado de este recorrido nos lleva a acelerar el paso para reseñar, finalmente, las esculturas de Pablo Atchugarry, en la Galería Gradiva, de Argentina; las obras tridimensionales de Urban y Campoy, en la Galería Kreisler, de España; la pieza fotográfica de Alí Cordero Casal, en la Galería Roberto Martín, de Argentina; así como la pintura de José Bedia, en la Galería Angel Romero, de España.

A las firmas expuestas por las galerías se añadieron otras que fueron mostradas por un pequeño stand que ocupaba el Taller de Artistas Gráficos Asociados (TAGA), en donde pudieron observarse importantes y curiosas ediciones de Alejandro Otero, Gego, Pedro Ángel González, Mercedes Pardo, Luisa Palacios, así como piezas de premios nacionales de artes visuales y gráficas de nuevas generaciones.

También se exhibieron objetos y múltiples de un significativo grupo de artistas en los espacios del Museo Alejandro Otero. Este dato nos invita a mencionar que, en esta edición de la FIA, se concibió la llamada "Plaza de Los Museos", espacio en el cual el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber, el Museo de Bellas Artes, el Museo Reverón, el Museo de Maracay, el Museo Carlos Cruz-Diez, el Museo de los Niños y el ya mencionado Museo Alejandro Otero pudieron divulgar y vender sus productos, catálogos y ediciones. De manera especial debemos reseñar que en los espacios exteriores al ingreso a la FIA, se colocaron impactantes piezas escultóricas de los artistas Oswaldo Vigas, Amoldo Pomodoro, María Teresa Torras, Gaudí, Carlos Cruz-Diez, Sydia Reyes, Yuye de Lima, Agustín Cárdenas, así como un cuadro en gran formato de Pedro León Zapata. Desde luego, este año, como en las anteriores ediciones, se dedicó un privilegiado lugar para que las revistas de arte promocionaran sus ediciones.

Un rápido balance de esta reseña nos obliga a reconocer que esta última versión del siglo de la FIA de Caracas ratifica la importancia de este acontecimiento y permite generar las razones necesarias para aceptar que sigue siendo una referencia en el ámbito iberoamericano y del Caribe.

VÍCTOR GUÉDEZ

Crítico de arte y miembro de la junta directiva de la Galería de Arte Moderno, Caracas.

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