Exposición Individualoct 1999 - dic 1999· Por Susana Benko

Felipe Márquez

Galería Minotauro

La obra de Felipe Márquez tiene implicaciones que van más allá de un ejercicio o de un procedimiento formal. Una de ellas, por ejemplo, consiste en el Impacto que cada pieza como imagen representa para nosotros. Son, como dice Marco Rodríguez del Camino, obras mías, tuyas, suyas, por ser tan personales. Se hacen nuestras. Y ello se debe al espacio que ellas ocupan por ser mínimas y por el espacio creado en cada una de ellas.

Tal vez, el espacio es uno de los temas más densos e intensos presente en las 64 miniaturas expuestas recientemente en la Galería Minotauro. Por su propia condición, cada miniatura es un punto de atención. Para apreciarlas, el espectador debe detenerse pausadamente en cada imagen. De otro modo, sería imposible disfrutarlas. "Toda imagen —dice el artista— debe ser un acontecimiento vivo, respirable y en expansión". Unas abordan un espacio o una situación en convulsión; otras derivan de una introspección. Estos estados son susceptibles de ser transmitidos a quien las observa, pues tal experiencia se debe al grado de intimidad que estas imágenes presentan. Ser tan personales implica abrigarnos en un espacio de intimidad.

Exposición Individual: Felipe Márquez — imagen 1
Felipe Márquez. De la serie Imagosophia, 1999. Técnica mixta. 90 x 60 cm.

Las obras iniciales de Imagosophia se producen de manera convulsionada. Sin estar plenamente consciente de ello, son espacios de muerte y a la vez de caos y confusión. La enfermedad de Julia, madre de la artista, la proximidad de su muerte (de allí el título, pues también se llamaba Sofía), son vivencias que tocaron fondo en el artista, y de algún modo han trastocado estos espacios. Atmósferas circulares, casi huracanadas, desmoronan arquitecturas y desfasan los ambientes. Apenas se vislumbran, entre brumas, manchas y trazos de diversa intensidad, trozos de paisajes, objetos o parte de edificaciones. Son huellas que quedan de las postales antiguas utilizadas como soporte en estas pequeñas pinturas. La pasión por las estampas antiguas y los libros viejos forma parte de los intereses del artista. Las postales, en particular, permiten crear texturas ricas y variadas, según las diversas maneras como se produce la absorción de las tintas. Todo ello ofrece una gran diversidad de matices. De este modo, las transparencias develan lo encubierto, dejando entrever los indicios de una presencia anterior (la Imagen original de la postal). Transparencias, tachaduras y trazos son recursos propiamente pictóricos que, junto a la imagen impresa muy sutilmente percibida de la postal, crean ilusiones y lecturas ambiguas. La ilusión de una tercera dimensión, por ejemplo, nos permite recorrer un espacio más allá de lo que superficialmente vemos a primera vista. La profundidad espacial está presente y ausente a la vez. Por eso, no son obras claramente abstractas o figurativas.

Pueden ser ambas, sin categorización ni esquema preestablecido. La profundidad se da asimismo en la riqueza del color. Abundan los aires sombríos, a veces en un torbellino, otras veces en silencio. Se trata sólo de oír los sonidos de un negro profundo o la convulsión de una infinidad de matices. Tal apertura a lo más sensible de nuestra percepción la busca Felipe Márquez a través del formato pequeño. Sin pretensión surrealista alguna, estas obras son, en definitiva, espacios de sueño, resultado de una pasión por el dibujo y el papel. De otra forma, sería sólo un efectismo visual, carente de intimidad y personalización.

SUSANA BENKO

Felipe Márquez, por Susana Benko | artnexus