Exposición Individualoct 1999 - dic 1999· Por K. Mitchell Snow

Corina Briceño y Gabriella Morawetz

Galería Gómez

Las pinturas de la artista venezolana Corina Briceño y las fotografías de la polaco-venezolana Gabriella Morawetz expresan elementos de la interrelación del hombre con la naturaleza. No obstante, las dos parten de distintos enfoques filosóficos del mundo natural. Briceño toma la experiencia de los indígenas del Amazonas como su punto de partida para la exploración visual mientras que, en comparación, las piezas de Morawetz están claramente arraigadas en una valoración europea neorromántica de la alienación espiritual del mundo civilizado.

Las nuevas obras de las dos artistas muestran también enfoques divergentes de los temas expansibles que les han fascinado durante períodos significativos de sus carreras creativas. La obra de Briceño ha pasado de describir el mundo exterior que les dio forma a las creencias de los pueblos amazónicos venezolanos, a la representación de realidades espirituales. Morawetz continúa con sus exploraciones del lugar de la humanidad dentro de la naturaleza, a la vez que adopta un nuevo enfoque técnico y formal para la creación de sus imágenes.

Exposición Individual: Corina Briceño y Gabriella Morawetz — imagen 1
Corina Briceño. Árbol de Matamka, 1999. Acrílico. 110 x 150 cm.

Las primeras obras de Briceño, que también enfocaron la vida religiosa y simbólica de los pueblos nativos de la cuenca amazónica venezolana, situaron sus creencias dentro del paisaje primigenio que éstos habitan. Mientras que esas primeras obras representaban casas en la selva, su obra actual nos lleva al mundo que existe dentro de sus hogares o, para ser más precisos, dentro de sus mentes.

Obras como Árbol de Marawaka, con su árbol edénico retoñando a partir de una canoa casi humana, conectan el mundo espiritual con sus manifestaciones visibles. Esta, al igual que las obras pertinentes de esta serie, esclarece las conexiones poéticas que han inspirado siempre una aproximación reverencial al mundo circundante, y proporciona una entrada a una teología que la mayoría de la humanidad ha perdido.

La serie de escaleras que se extienden hacia la tierra desde la canoa humana en Tierra de Wanadi recrea el surgimiento literal de la humanidad al mundo de la experiencia. Incluso para aquellos poco familiarizados con los temas comunes de las explicaciones de los indígenas americanos sobre la creación, las escaleras son una convincente metáfora visual y nos recuerdan las posibilidades rituales de los actos más simples.

El fuerte simbolismo gráfico del arte rupestre que Briceño ha estudiado e integrado a su propio mundo visual hace énfasis de nuevo en las posibilidades de dicha simplicidad aparente. Aun en composiciones complejas formadas por varias capas, como Akato oculto y visible, la simplicidad, nuevamente, juega un papel primordial. La figura icónica, desprovista de género, que domina la composición anuncia claramente las conexiones humanas de la obra. Al mismo tiempo, las coloridas repeticiones en miniatura de esta figura, esparcidas por el papel, le dan vida al campo visual y sugieren dimensiones ocultas de la existencia.

Exposición Individual: Corina Briceño y Gabriella Morawetz — imagen 2
Gabriella Morawetz. Sin título, 1999. Tríptico. Cada panel: 50 x 33 cm.

Morawetz, quien alguna vez trabajó sobre piedra foto sensibilizada, se ha liberado de las superficies de pizarra que empleó antes. En sus últimas obras utiliza emulsión sobre lienzo, lo cual le permite un mayor control del trabajo en la superficie y de la pintura subyacente que les agrega profundidad psicológica y visual a sus imágenes. Al haberse cambiado al lienzo, Morawetz puede expresar ahora las luchas de sus protagonistas en una escala que se ajusta a la monumentalidad de las emociones que contienen. Cada una de las fotografías pintadas, sin título y de tamaño mayor que el natural, contiene una lucha por la unión o la reunión, que va más allá de sus límites físicos.

A la inversa, las series de River Books, pequeños dípticos unidos por ribetes de plomo transmiten mensajes igualmente monumentales. El panel izquierdo de cada libro contiene las líneas convergentes y ordenadas de un canal de irrigación; sólo ligeras variaciones en las nubes y árboles reflejados en el agua distinguen estas imágenes. Los paneles adyacentes contienen una figura o figuras humanas absortas en evocaciones rituales de los ciclos naturales de la fertilidad, el nacimiento y la muerte. De manera significativa, los dos lados de estos dípticos permanecen firmemente separados, a menos que se les doble una tos. Estas narrativas adquieren una unidad solamente cuando se hace invisible su división.

Una de las obras más hermosas de Morawetz, el tríptico Deep Water, no contiene ninguna figura. En vez de esto, el registro superior de cada panel describe las mismas escenas ribereñas de River Books, mientras que el registro inferior no contiene nada más que una simple ramita que la artista extrajo de las enmarañadas riberas de la corriente. Estos segmentos formalmente elegantes de lo salvaje hablan de la interminable fuente de misterio y del conocimiento inherente de la naturaleza.

En última instancia, las obras de Briceño y Morawetz requieren que el espectador piense nuevamente en las suposiciones acerca del papel del hombre al adaptarse a la naturaleza o reestructurarla. Mientras Briceño muestra el rico potencial de coexistir con el mundo natural, Morawetz nos da la oportunidad de ver los peligros de tratar de vivir más allá de los imperativos del mundo que nos rodea. A pesar de que los orígenes de su inspiración son diferentes, estas obras explican la necesidad de abrazar la vida más allá de los confines de las selvas de concreto del mundo de hoy, y recordar sus mensajes.

K. MITCHELL SNOW

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