En su reciente exposición, realizada en la Galería El Museo, Consuelo Gómez presentó una serie de recipientes que exploran en "los conceptos básicos de la forma, dentro de la escultura moderna. La reflexión de mi trabajo gira alrededor del objeto, pero mis obras se encuentran en un terreno indefinible entre la escultura y el objeto", dice la artista, y de ahí que tome un elemento cotidiano como pretexto para continuar investigando en sus preocupaciones conceptuales y en los procesos, fundamentos y medios escultóricos. Los moldes de las obras, elaborados en madera, aparecen también en la muestra, conformando un bodegón, que recuerda la poética de lo elemental de los trabajos de Giorgio Morandi.
Características propias de las vanguardias son abordadas a partir de variaciones sobre un único prototipo formal. A modo de ilustración, la jarra aparece vestida de piel de serpiente, como una suerte de parodia a La taza de té, de Meret Oppenheim; o es diseccionada, y de la organización espacial de sus entrañas, puede adivinarse una relectura del raciocinio cubista.

No sólo con los recipientes, sino con la propuesta general de la exposición, la artista se encamina a rescatar valores primigenios. Busca que sea posible un primer acercamiento a su trabajo, sin el prerrequisito de una explicación. No obstante, a partir de una lectura inicial, sin mediaciones, las obras invitan a miradas más complejas, que permiten construir múltiples sentidos y referencias.
En la muestra se advierte interés por reflexionar acerca del dibujo, considerado como uno de los pasos previos a cualquier proceso escultórico. En este caso, el desarrollo es invertido y el dibujo aparece en el resultado final, cumpliendo la función de cohesionar, más que la de conferir estructura interna. Mediante juegos con la línea, el espacio se dobla o es atravesado por los reflejos de luz y por la opacidad de la sombra. Las obras adosadas a la pared trabajan, como es propio de ciertas vertientes de la abstracción, con la noción de que lo profundo y lo estructural pueden encontrarse en la superficie. De ahí que, más que invadir el espacio, las obras lo dibujan y toman una presencia despojada. De esta manera, lo que tradicionalmente habían sido momentos privados de la concepción y realización de la obra (el dibujo, los moldes) acaban siendo puestos en evidencia a los ojos del espectador, creando un juego con polaridades como adentro-afuera, concepción-realización.
A pesar de contar con destacados escultores, la tradición artística colombiana encuentra mayor arraigo en la pintura que en la obra tridimensional. Quizás sea ésta la razón para que, al interior de una generación de relevo, se esté desarrollando mayor reflexión en torno al pensamiento pictórico que al escultórico. Consuelo Gómez es una de las pocas artistas que se encuentra explorando en la vigencia de la escultura, mediante sus posibles expansiones de límite.
CARMEN MARÍA JARAMILLO
