Fernando Botero: Comencé a coleccionar arte hace aproximadamente 25 años. Lentamente he ido adquiriendo obras, algunas de las cuales puedes apreciar aquí, en Nueva York. Sin embargo, la mayor parte de la colección está en un depósito en Suiza. Desde hace algunos años, he venido pensando en la posibilidad de compartirla con el público e incluso en hacer un museo. Recientemente, el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, me propuso la idea de hacer un museo en Bogotá para exponer algunas de mis obras. En vista de tan honroso ofrecimiento, pensé seriamente en la posibilidad de llevarlo a cabo, pero tú sabes cómo son las administraciones. Un alcalde puede estar muy interesado en un proyecto y el siguiente no. Decidí buscar una institución adecuada en Colombia y me puse en contacto con el Banco de la República. Al informarles sobre la existencia, no sólo de una parte importante de mis obras, sino además de la colección de arte del siglo XX, se mostraron muy entusiasmados y me ofrecieron el espacio adjunto a la Casa de la Moneda, en Bogotá. La institución ofreció hacerse cargo del mantenimiento de las obras, los seguros, los salarios, en fin, de todos los gastos que implica un proyecto de esta naturaleza, y yo, por mi parte, acordé hacer la donación. Es importante aclarar que el Banco de la República recibirá la donación en nombre de Colombia y que la colección quedará abierta indefinidamente.

Al enterarse del proyecto de Bogotá, las autoridades de la ciudad de Medellín me contactaron y me pidieron que considerara la posibilidad de hacerles algún tipo de donación. Les contesté que desafortunadamente el Museo de Antioquia era muy limitado y no contaba con el espacio necesario para exponer o guardar más obras. Resolvieron entonces buscar una alternativa y ofrecieron dotar el antiguo Palacio Municipal, un edificio art deco muy bonito de la década de 1930, y ponerlo a mi disposición. El nuevo espacio tendrá 14 mil metros cuadrados (el Museo de Antioquia cuenta con sólo 2 mil metros cuadrados) y un parque para el cual ofrecí donar doce esculturas monumentales. Para el museo tengo pensado obsequiar la serie La corrida, la cual conservo prácticamente en su totalidad. Esta serie ha sido expuesta en espacios importantes como el Grand Palais (París), el Museo Sofía Ímber (Caracas), el Museo Rufino Tamayo (México) y el Banco Central Hispano (Madrid). La corrida es una serie bastante numerosa que incluye 40 cuadros, 30 dibujos. Vale la pena mencionar que esta donación vendría a complementar otras dos salas que ya había obsequiado anteriormente al Museo de Antioquia. Además, existe la posibilidad de incorporar al nuevo museo obras de Débora Arango, Pedro Nel Gómez y otros artistas de la región, de tal forma que el museo muestre un panorama de la pintura antioqueña.

C. S. de B.: ¿Tienes una colección importante de tus obras?
F. B. Sí. El espacio que administrará el Banco de la República tendrá 12 salas, de las cuales 5 mostrarán alrededor de 75 obras de arte internacional y 7 expondrán obras de mi autoría, incluidos óleos de gran tamaño, esculturas y dibujos. La colección de arte internacional incluirá obras de todos los grandes maestros de la pintura, incluidos Degas, Matisse, Picasso, Bacon, Miró, Chagall, Léger, Braque, Giacometti, Tàpies, Calder, entre otros.
C. S. de B.: Además de ser una donación generosa va a ser muy importante para Colombia.
F. B.: Ningún museo colombiano tiene una colección de esta naturaleza. Existen colecciones de pintura histórica colombiana como la del Museo Nacional, pero hasta ahora no había una colección en la que estuvieran representados los grandes nombres del arte del siglo XX. En América Latina, los únicos museos que tienen colecciones similares son el Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber de Caracas, el Museo de São Paulo, el Museo Rufino Tamayo de México y el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires. Me alegra mucho que finalmente Bogotá también la tenga.

C. S. de B.: ¿Qué opinan tus hijos de tu donación a Colombia?
F. B.: Mis hijos están muy contentos. Quiero aclararte que la donación no incluye la totalidad de mi colección. Como dijo uno de ellos, "el mejor regalo que nos estás haciendo es este museo" y, honestamente, así lo siento.
C. S. de B.: Fernando, empezar como artista es muy difícil. ¿Por qué no nos cuentas un poco sobre ese comienzo?
F. B.: Al comienzo fue difícil porque yo no venía de una familia de dinero y porque ser artista en Colombia era una profesión muy exótica. Cuando empecé a pintar en la década de 1940, la gente del medio vivía una vida difícil. En general, a los artistas les iba mal. Unos pocos ganaban sueldos mínimos trabajando como profesores de dibujo en algún colegio. Nadie compraba un cuadro. En general, no se podía vivir de la pintura. Tampoco se pensaba en exponer fuera del país o en tener un marchand. Fui el primer artista colombiano que, de alguna manera le dio status a la profesión, una vez comencé a exponer regularmente en el exterior. En Colombia estuve de moda durante los años 57 y 58, pero no fue sino hasta el 63 o el 64, estando radicado en Nueva York, cuando finalmente pude vivir de la pintura, por decirlo de alguna manera, sin sobresaltos. Para entonces, tenía marchands que representaban mi obra en París, Londres, Nueva York y Roma. Había interés por mi obra y podía trabajar tranquilo. Sin embargo, recuerdo que la llegada a Nueva York fue durísima, pues vine con tan sólo 200 dólares en el bolsillo y tuve que alimentarme con perros calientes durante seis meses. Lo que hice fue realmente heroico.

C. S. de B.: A lo largo de esta difícil trayectoria, ¿cuál fue la chispa que generó la transformación?
F. B.: Muchos artistas se han consagrado rápidamente a su llegada a Nueva York. En mi caso, las cosas fueron sucediendo poco a poco. En 1962, el Museo de Arte Moderno de Nueva York compró un cuadro y lo colocó a la entrada, junto con una entrevista. Tanto la adquisición como el contexto en el que se expuso la obra fueron muy importantes. El cuadro fue publicado posteriormente en el libro Cien obras maestras del Museo de Arte Moderno, por sugerencia de Alfred Barr, quien en ese entonces ocupaba la dirección del museo, y en la edición dominical del The New York Times. Este cuadro había sido enviado previamente al Museo de Arte Latinoamericano de la OEA, en Washington, para ser incluido en una exposición colectiva. El director —encargado de la promoción del arte latinoamericano—, el señor Gómez Sicre, me escribió una carta informándome que había decidido no incluir el cuadro en la exposición porque no era bueno y "me iba a perjudicar". Obviamente, tuvo una gran sorpresa al encontrarse con el cuadro colgado en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. La razón por la que te cuento esta anécdota es para mostrarte de alguna manera que fue muy difícil al principio.
Dos o tres años más tarde tuve una muestra en el Museo de Milwaukee, que fue reseñada con un artículo en la revista Time, ilustrado con tres fotografías a todo color. En 1968 realicé una muestra itinerante en cinco museos en Alemania. A raíz de esa exposición, marchands importantes comenzaron a representar mi obra. Entre ellos, Erika Braussen, la gran marchand de Londres que en aquella época representaba a Bacon, Magritte y Marino Marini, entre otros; Claude Bernard, en París; la Galería Marlborough, en Nueva York; en fin, comencé a tener una sólida representación internacional.

C. S. de B.: Hablemos del éxito comercial.
F. B.: Honestamente, creo que el tener dinero sirve para dejar de pensar en él. Como artista, te permite dejar de preocuparte por cómo pagar el arriendo y dedicarte a trabajar.
C. S. de B.: En Colombia no hay museos donde los estudiantes puedan ver obras de artistas importantes. El arte se aprende en las revistas y en los libros.
F. B.: En la época en la que yo estudiaba era aún más difícil. Recuerdo que la primera vez que vi un cuadro importante fue en Barcelona. Era un Zurbarán.
C. S. de B.: ¿Cómo llegaste a Barcelona?
F. B.: Mi ilusión era conocer Europa y tuve la oportunidad de hacerlo luego de ganar un premio en un Salón Nacional. El monto era de aproximadamente siete mil dólares. Viajé en tercera clase, en un barco italiano que llevaba inmigrantes que no habían tenido éxito en América. Recuerdo que ni siquiera llevaban maletas, sino fardos...
C. S. de B.: ¿Cómo recuerdas esa época?
F. B.: Era muy pobre, como todos los demás estudiantes. Sin embargo, fue una época muy feliz. Era difícil en el invierno, pues no teníamos calefacción y la guerra había terminado recientemente.
C. S. de B.: ¿Estuviste en otras ciudades? ¿Cuándo regresaste a Colombia?
F. B.: Después de Barcelona, estuve Madrid, París e Italia. El viaje duró tres años y luego regresé a Colombia. Poco después tuve la oportunidad de viajar a la ciudad de México y finalmente llegué a Nueva York.

C. S. de B.: Hablemos de la obra, de tu insistencia en hacer una pintura figurativa e inflar las figuras.
F. B.: Es importante aclarar que mi intención no es inflar las figuras. Mi interés es trabajar con el volumen como elemento estético. Giotto reinventó el volumen y la perspectiva en el arte. Los griegos también lo utilizaron, pero finalmente se perdió y por mucho tiempo la pintura se volvió plana. Siempre me interesó el volumen, y en este siglo todo se hace en forma exagerada y radical. Así resultó mi estilo. Las esculturas que realicé posteriormente fueron un paso muy natural.
C. S. de B.: Como tema, el clero aparece en tu pintura.
F. B.: Entre otras razones, me interesa la riqueza del vestuario de la época del Renacimiento, y la vestimenta del clero tiene sus orígenes precisamente en esa época. Los vestidos de hoy en día, especialmente en la moda masculina, no tienen la imaginación que tenían entonces. Actualmente, sólo los toreros y los obispos usan medias rosadas.

C. S. de B.: ¿Hay un paralelo entre la obra de Gabriel García Márquez y la de Botero?
F. B.: Considero que sí, que hay un paralelo en la exageración. Yo llevaba más de 10 años pintando como piloto cuando García Márquez publicó Cien años de soledad. En cierta forma, coincidimos en la manera cómo representábamos la realidad colombiana. Cuando alguien me pregunta si se puede ver en Colombia lo que pinto, mi respuesta es: "si va, seguramente no lo va a encontrar, pero cuando se vaya, lo va a recordar, porque allí está".
C. S. de B.: La Universidad de Miami te otorgó recientemente un Doctorado Honoris Causa. Es la primera vez que esta universidad otorga este reconocimiento a un profesional de las artes visuales. ¿Cómo te sientes?
F. B.: Me siento muy halagado. Considerando que nunca tuve la oportunidad de terminar mis estudios, considero que ha sido un gran honor. En realidad, éste es mi primer título.
C. S. de B.: Hablemos del placer de coleccionar.
F. B.: Durante muchos años he tenido el placer de coleccionar, pero el placer que siento hoy al regalarle mi colección a Colombia es aún mayor. Además, pienso seguir adquiriendo obras. Incluso tengo visto un Renoir que me gustaría adquirir en una subasta.
C. S. de B.: Si adquieres esa pieza, ¿también la vas a donar?
F. B.: En principio pienso obsequiar todas las obras que adquiera hasta el momento que se entregue la donación. Después, seguramente voy a seguir adquiriendo obras.

C. S. de B.: Sé que tienes una gran disciplina para trabajar. ¿Cómo lo haces viajando tanto?
F. B.: Tengo estudios en Nueva York, París, Bogotá y Mónaco, este último por ofrecimiento del príncipe Rainiero, quien me ha dado un estudio de por vida. En Pietrasanta tengo uno muy amplio donde trabajo las esculturas. Cuando voy a México, donde no tengo estudio, hago bocetos. Lo cierto es que los viajes no son un inconveniente. Por otra parte, tengo una gran capacidad de concentración. Puedo perfectamente tener una cita ahora y otra dentro de dos horas y trabajar entre las dos.
C. S. de B.: Dice Edward Sullivan que hay un cambio en tu pintura.
F. B.: Estoy de acuerdo. Primero, hay una variación en el formato. Durante un tiempo tuve un problema en el brazo y los médicos me recomendaron que no pintara en formato grande. Segundo, hay un cambio en el color, que ya no es tan apastelado. Afortunadamente estoy mejor del brazo y he vuelto a trabajar el formato grande. Recientemente inauguré en la Galería Marlborough una exposición de dibujos de gran tamaño sobre lienzo, y en Florencia, una muestra de pinturas de gran formato.
NOTA
La donación que Fernando Botero hace a Bogotá se va ha exponer en Madrid en el Banco Central Hispano, y la Inauguración en la casa de la Moneda de la Moneda, del Banco de la República está programada para septiembre del año 2000.
CELIA SREDNI DE BIRBRAGHER
Fundadora y directora de la revista Arte en Colombia / ArtNexus.

